Martín Aguirre
Martín Aguirre

La campaña sucia

Javier Miranda es uno de los políticos más relevantes del país.

Presidente indiscutido del partido de gobierno, ha tenido destacada actuación en el campo de los derechos humanos, y su rol liderando la misión que organizó la llegada de refugiados sirios, sigue siendo tema de análisis en los círculos humanitarios globales. Lástima que en su partido no se le preste la atención que una figura de su talla merece.

Pocos días atrás Miranda alertó sobre el tono que está tomando la campaña, sobre todo a raíz de que funcionarios del Ministerio de Industria acusaron a Carolina Cosse de “autoritaria”. Una bajeza. “La campaña sucia es un triunfo pírrico”, dijo con su habitual tono sereno Miranda, y agregó que “todas las campañas deben transitar por la discusión de ideas”.

Lamentablemente el mensaje no llegó a tiempo a la ministra de Educación, María Julia Muñoz, quien el mismo día concedió una entrevista donde dijo que el líder de la oposición, Luis Lacalle Pou “no es un hombre que tenga una vida política propia, entró al Parlamento por los votos de su mamá; estudió en una universidad privada; y nunca tomó un ómnibus”. Está bien, no le dijo que era autoritario, pero se puede aceptar que sus palabras no transitan por lo que podríamos llamar la “discusión de ideas”.

Dos días antes, el expresidente del Banco Central, Mario Bergara, también tiró munición gruesa contra Lacalle Pou, al señalar primero que no tenía propuestas, y luego que sus propuestas sonaban al regreso de la motosierra. Si el lector nota una incongruencia allí, el autor también. Luego se refirió a las propuestas (inexistentes) de seguridad de Jorge Larrañaga, las cuales en un rapto de sagacidad dijo que le daban miedo (por lo de “vivir sin miedo”, ¡claro!, que crá).

Y de la idea de Talvi de eliminar gradualmente el impuesto a las jubilaciones, dijo que suena a demagogia, ya que “cuando 3/4 partes del gasto público es social, bajarlo sin afectar a los más débiles es muy difícil”. ¿3/4 partes del gasto público es gasto social? ¿Y estos son los resultados?

Sin dudas que el non plus ultra de la discusión de ideas es Oscar Andrade. En el acto por los 48 años del FA afirmó que la izquierda tomó partido por el pobre, y aclaró que en caso de llegar a la Presidencia no tendría conflicto con los movimientos sociales, pero sí con la Asociación Rural, los bancos y el Círculo Militar.

Es verdaderamente admirable la fineza, lo punzante, la variedad cromática de conceptos complejos con los que Andrade logra describir la realidad nacional y sus soluciones, en apenas una frase.

Otro tema, la foto final de ese acto de campaña, se centró en la consigna del “4”, por lo que sería el cuarto período de gobierno del FA. Difícil no emparejar la imagen de Andrade con sus cuatro dedos en el aire, con aquella de Pablo Bengoechea en ocasión del quinquenio de Peñarol. Ahora bien, ¿es la política un partido de fútbol? ¿Es el hecho de ganar elecciones, de ostentar el poder, un fin en sí mismo? No parece que esa actitud tenga mucho de discusión de ideas, precisamente.

Pero hablando de campaña sucia, no es algo que se limite a la actividad política. En estos meses los medios de comunicación vienen enfrentando una asfixiante campaña de parte de jerarcas y figuras anónimas sospechosamente asociadas, en las redes y hasta en los tribunales. El autor acaba de padecer una hermosa tarde en un juzgado penal gracias a una denuncia disparatada del presidente de UTE, que hasta las figuras más identificadas con el FA afirmaron no tenía sentido. En la misma semana que la presidenta de Ancap, Marta Jara, usó sus redes para acusar a El País de mentir con unas fotos del derrame de petróleo en José Ignacio que, por supuesto, eran verdaderas.

Hace pocas semanas los informativos de canal 12 fueron blanco de una campaña feroz de agresión, por el temerario hecho de comparar el costo del Antel Arena con las inversiones en educación o ayuda social que se podrían hacer con ese dinero. Algo nada exótico, y que sin embargo, para algunos, es una puñalada trapera al gobierno. Y por estos días el personaje radial Darwin Desbocatti, quien ha hecho escarnio hasta la sangre de los políticos opositores sin mayores problemas, fue víctima de una campaña en contra por reírse de una publicidad del FA. Publicidad que, siendo honestos, la dejaba picando en el área.

Estos son apenas algunos episodios de una ofensiva que, si uno tuviera una mentalidad conspirativa, bien podría creer busca condicionar a los medios justo en el arranque de la campaña. Algo que contrasta con el pedido del caudillo oficialista Miranda de tener una contienda más limpia. Aunque, para ser sinceros, no hace tanto el propio Miranda usó co-mo paradigma de relación con la prensa nada menos que a Rodney Arismendi, alguien que veía como equilibrada la producción de medios como Pravda o Juventud Rebelde. Medios donde la discusión de ideas no abundaba, precisamente.

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