Martín Aguirre
Martín Aguirre

Cambio de Frente

El Frente Amplio es la maquinaria electoral más poderosa que haya visto el país en mucho tiempo. A lomos de liderazgos como los de Vázquez, Mujica y Astori, ha logrado copar el escenario político por más de una década, ofreciendo un menú tan variado que ha roto los límites históricos de una fuerza tradicionalmente urbana, cuyos bastiones eran la universidad y el poder sindical. Hoy no sorprende ver pegotines del FA en Fraile Muerto, o en una 4x4 estacionada en Arocena y Schroeder.

El Frente Amplio es la maquinaria electoral más poderosa que haya visto el país en mucho tiempo. A lomos de liderazgos como los de Vázquez, Mujica y Astori, ha logrado copar el escenario político por más de una década, ofreciendo un menú tan variado que ha roto los límites históricos de una fuerza tradicionalmente urbana, cuyos bastiones eran la universidad y el poder sindical. Hoy no sorprende ver pegotines del FA en Fraile Muerto, o en una 4x4 estacionada en Arocena y Schroeder.

La pregunta, en vista de algunos hechos de esta semana, es si esa amplitud de oferta no ha empezado a cerrarse. Y si el Frente, a medida que asciende una generación que ya da el poder por descontado, no está iniciando una regresión a su base que puede significar un divorcio fatal con una parte de la sociedad que hasta ahora lo apoyaba.

Uno de estos hechos fue la votación negativa a dos comisiones investigadoras en el Parlamento para analizar los negocios con Venezuela y el archivo de un militar de la época de la dictadura. Ambos casos, bloqueados férreamente por la bancada del MPP, han generado una ola de críticas, tanto internas como de respetados analistas de plaza.

La sospecha en torno a los negocios con Venezuela es algo que viene de hace tiempo. Por lo menos desde la aparición de aquella polémica figura conocida como el Pato Celeste, quien gracias a una carta del expresidente Mujica pasó de ser un modesto personaje del fútbol local, que revendía camisetas de jugadores de la selección para vivir, a ser un exitoso empresario internacional. Y se agravó con la noticia de que una empresa propiedad de figuras cercanas al MLN, había facturado millones gracias a los negocios con un país donde la “muñeca política” tiene más fuerza que la mejor oferta comercial.

Pero el segundo tema ha sido incluso más llamativo. Que una fuerza cuya mística política se nutre de que sus líderes históricos fueron las grandes víctimas de la represión militar, se oponga a que se investigue el archivo de una de las figuras más emblemáticas de la dictadura, ha generado todo tipo de especulación.

Estos hechos han desatado severas críticas de parte de una nutrida gama de formadores de opinión cercanos al Frente. Y de que hasta el politólogo Adolfo Garcé escribiera una comentada columna de opinión, en la que condena este bloqueo enarbolando nada menos que la figura del “Che” Guevara.

Como si esto fuera poco, en la misma semana, las autoridades del oficialismo y la central sindical se han lanzado a la calle para recibir como a una heroína moderna a la destituida presidente de Brasil Dilma Rousseff. Tanto los afiches oficiales difundidos por el FA como el discurso de los gremialistas compañeros, han sido de un tono al filo de la idolatría, señalando que es una pobre mujer, víctima de una conspiración de hombres blancos y de derecha.

El tema es que esa visión no parece ser acompañada por casi nadie en el propio país de la invitada, donde su partido tiene a toda su cúpula histórica presa por corrupción, y donde las últimas dos elecciones han significado tanto derrotas estruendosas para el PT como una validación aplastante para la nueva gestión de Michel Temer. Al punto que en la interna del propio Partido de los Trabajadores hay serios replanteos sobre la figura de Dilma, de quien muchos dirigentes ya no saben qué hacer para despegarse. Pero nada de eso parece afectar a las posturas oficiales del FA, cuyo discurso público sobre el tema sigue sosteniendo que en Brasil hubo un golpe de Estado, pese a que a nivel de gobierno el presidente Vázquez hace gestos ostentosos de amistad hacia la nueva administración Temer.

Surgen así varias preguntas: ¿cómo puede afectar a nivel electoral estas posturas al Frente Amplio? ¿No aliena a un número significativo de votantes este proceso que vive la principal fuerza política del país? ¿A cuánta gente en Uruguay representa ese discurso paranoide sobre “la derecha” y los malos hombres blancos que el Frente hace hoy suyo, y que luce calcado al de los sectores más elitistas y menos votados de la coalición?

A medida que las críticas más duras a estas decisiones se pueden leer en Brecha o en Voces, o que quienes las condenan son los mismos que hasta ayer eran considerados referentes impolutos, o que se viraliza en las redes el implacable discurso del diputado Gonzalo Mujica, no es difícil imaginar que en tiendas de la oposición más de uno se debe estar refregando las manos.

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