Martín Aguirre
Martín Aguirre

Calma y vacunas para todos

La semana cerró con un rosario de noticias positivas que deberían llevar un poco de calma al sistema político y mediático, al que la pandemia parece haber agudizado todos sus ya tradicionales trastornos de ansiedad.

Las primeras noticias positivas vienen por el lado de la marcha de la pandemia. En este frenesí en que vivimos desde hace un año médicos, políticos, periodistas (el resto lo mira más de lejos) es fácil olvidarse que hasta hace poco el debate era sobre el crecimiento exponencial de casos de coronavirus. Y la presión aplicada al gobierno para bajar de manera drástica la movilidad, como única forma de reducir los contagios.

Ahí hubo de todo. Desde expertos copando los informativos para anunciar el apocalipsis, el Sindicato Médico demandando encerrar a la gente, y figuras de la oposición explicando la urgencia de una renta universal como única forma de compensar la tragedia que inexorablemente vendría si no se tomaban las medidas que ellos mismos estaban exigiendo.

Al punto que durante una conferencia de prensa el presidente Lacalle Pou explotó, y pidió a un periodista que le consultaba, que se le nombrara cuáles eran las actividades que debería cerrar para calmar al virus. La respuesta fue significativa porque el periodista del canal de la intendencia de Montevideo mencionó la cantidad de gente en la rambla los domingos, un paseo que habilita la propia intendencia que financia ese canal, y de acuerdo a las recomendaciones de los expertos médicos.

La cuestión es que los últimos datos oficiales de la pandemia muestran no ya un amesetamiento, sino una sensible reducción en todos los indicadores clave. Llevamos más de una semana con caída en cantidad de casos activos, en cantidad de gente en CTI, y hasta en la famosa positividad, que tuvo cumbres de 14% y ahora está más o menos en la mitad.

Nada de cantar victoria, pero al igual que en marzo, la actitud de la gente, parece haberle “ganado a las matemáticas”, y sin necesidad de encerrar a nadie por la fuerza. Muy buena noticia, ¿no?

Pero, el segundo gran tema fue el de las vacunas. El sábado anterior el presidente Lacalle Pou había anunciado finalmente un gran paquete de compra de vacunas, que deberían llegar al país a fines de febrero o principios de marzo.

El anuncio pareció apaciguar incluso a los críticos más feroces del gobierno, pero por poco tiempo. A mitad de semana, el programa radial No Toquen Nada tiró una bomba: el director del Instituto brasileño Butantan, al que se definía como único autorizado a distribuir la vacuna china de Sinovac (parte del paquete anunciado,) aseguraba que Uruguay no tenía nada firmado, y que no había garantías de que las vacunas llegaran como se había dicho.

La noticia, de ser cierta, desmentía el anuncio más relevante de un presidente uruguayo en muchos años. Y dejaba a Lacalle Pou en muy mala posición. Como si fuera poco, en las horas siguientes circuló otra dato de que algunos estafadores se habían hecho pasar por intermediarios del laboratorio chino, y habrían engañado a alguna gente. ¿Estaba nuestro gobierno entre las víctimas?

Dos razonamientos bastante básicos hacían dudar. El primero, que implicaría que no solo Lacalle Pou y su equipo eran unos palurdos de muy baja estofa, como para que los engrupieran de esa forma. Sino que el estudio jurídico involucrado, también se había dejado estafar. Los estudios jurídicos uruguayos, si hay algo por lo que no tienen reputación a nivel regional, es por dormidos.

El segundo es que China está usando las vacunas para aumentar su influencia en la región. ¿Es creíble que la embajada china en Uruguay, que sigue hasta lo que se publica en la página editorial de este diario, iba a dejar que viniera un chanta con maletín y dejara a Lacalle Pou pegado de esa forma? ¿Cómo quedarían las relaciones para los próximos cuatro años?

Algunos se han preguntado por qué el gobierno tiene que mantener reserva sobre los intermediarios a quienes compró las vacunas. La respuesta la dio el mismo director del Instituto Butantan el jueves, ante la pregunta del compañero del diario Oscar Vilas. Uruguay y Colombia lograron “saltear” a ese instituto, y negociar directamente con los chinos, gracias a lo cual no habrá que esperar hasta mayo, que es la fecha en que los brasileños empezarían a enviar sus vacunas al resto de América Latina.

En todo caso, la pregunta insidiosa, pero pertinente en este caso debería ser otra: a qué nos comprometimos con los amigos chinos, para que nos dejen “colarnos” en esa lista.

Pero, por ahora, otro obstáculo superado. Otra semana de tensión que termina, y que nos acerca a la fecha en que podamos sepultar este tema, hablar de vivienda, de educación, de trabajo... Y, con un poco de suerte, no volver a ver a un infectólogo en un informativo central por los próximos 30 años. O 40. Nada personal, ¡por favor!

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