Martín Aguirre
Martín Aguirre

Una bomba de fragmentación

Los blancos tienen eso. Incluso enfrentados a la campaña más accesible del último medio siglo, en la semana final termina pasando algo que puede poner en riesgo su victoria. Y, como suele ser su “karma”, el contratiempo no es una sagaz maniobra de los rivales, sino un tiro en el propio pie.

El escándalo que implica al intendente de Colonia, Carlos Moreira, en un supuesto caso de abuso, tiene dos dimensiones bien marcadas. Intentemos analizarlas con la mayor frialdad posible.

Lo primero es si realmente ocurrió un episodio en el cual una autoridad electa, solicitó sexo a una mujer a cambio de concederle determinados favores a costa del erario público: prolongar un régimen de pasantía, pese a que la misma autoridad afirma que eso no era técnicamente posible.

Si nos guiamos por lo que se dice en el audio, parece simple la conclusión de que sí, que Moreira plantea a la mujer del otro lado del teléfono, que en caso de concretarse un encuentro íntimo entre ambos, podía llegar a revisar esa situación y conceder el favor. Ahora bien, luego de escuchar la defensa del propio Moreira, y otras noticias que han surgido en las últimas horas, el panorama luce menos contundente.

Según Moreira, él mantenía una relación íntima con la mujer, que al parecer ocupaba un cargo electivo en el departamento. Y la charla sería parte de un “juego” entre dos personas adultas (y en el caso de Moreira sin pareja estable ya que es viudo) en el que no se concretó ningún intercambio reprochable. Francamente, y dándole a Moreira la derecha de que el viernes estaba bajo un estado emocional muy alterado, si la cosa fue así su explicación no fue todo lo contundente que debió haber sido, para levantar la imagen que queda tras escuchar el audio.

Lo que sí queda claro tras su explicación, y con las noticias conocidas en las horas siguientes, es que tampoco estamos ante un caso como se quiso hacer ver de parte de mucha gente, de una mujer que debe ceder a los requerimientos lascivos de una figura política, para mantener algún frágil beneficio laboral. Por lo que se ha sabido luego, ese vínculo previo entre ambos existía, y la mujer pedía ese beneficio para un tercero como parte de una gestión política. Tampoco ella estaría en un estado de necesidad como para claudicar en su moral para lograr una pasantía. Pero todo esto es difícil valorarlo en 24 horas.

La segunda parte del problema es todavía más compleja. Y tiene que ver con el impacto político que puede tener todo esto a una semana de las elecciones.

La respuesta de las autoridades del Partido Nacional fue rápida y contundente. Se expulsó a Moreira del sector Alianza Nacional, y la presidenta del Directorio, candidata a vice, y reconocida activista feminista, Beatriz Argimón, no dejó dudas de que ese tipo de actuación no es tolerable.

Pero la reacción de Moreira reveló que no va a ser tan sencillo enterrar el episodio. El dirigente coloniense ya afirmó que no dejará la intendencia, que evaluará sus pasos a seguir en cuanto a renunciar a su lugar en la lista al senado de Alianza Nacional, y que se siente muy dolido con sus compañeros por la falta de garantías con la que entiende se procesó su caso.

Y, si escuchamos su defensa con cabeza fría y lejos de las pasiones y locura de las redes, francamente hay detalles que generan dudas sobre un “fusilamiento” tan sumario como el que se ha impuesto.

Es que casi peor para la suerte electoral de los blancos que este episodio, cuyo impacto en el mundo de las redes no tiene relación proporcional con la vida real, es lo que puede pasar si el mismo detona un conflicto interno entre los dirigentes. Ahí sí que puede generar un daño mayor de cara al próximo domingo, ya que en una elección que pintaba bastante apretada, cualquier margen que se regale por peleas intestinas, puede ser determinante.

Dos consideraciones finales. La primera, parece increíble que todo este episodio haya sido generado (tal como se dice) por un dirigente local de Colonia, en pica con otro correligionario, debido al posicionamiento en una lista. ¿Se puede entender que un partido político cobije a alguien con las prioridades tan confundidas?

La segunda es más profunda, y tiene que ver con algo que es sabido por cualquiera que orbite el mundillo político uruguayo. El usar las posiciones de privilegio político para lograr beneficios carnales, es algo que atraviesa de manera transversal a todos lo sectores. No es un tema de colores, ni de interior versus capital, como han sugerido alguna gente con mucha mala fe. De hecho, hay una figura muy relevante y urbana de la política actual, que tuvo que prometer un cambio drástico de actitud, para lograr apoyo de sectores femeninos en la campaña.

Si al menos este lamentable episodio sirve para que se generalice la sensación de que este tipo de actitudes ya no son tolerables, se podrá rescatar algo positivo de toda esta mugrera.

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