Martín Aguirre
Martín Aguirre

El “blindaje” y la realidad

Son días de máxima tensión. La pandemia desbocada, la gente cansada y las vacunas que no terminan de cambiar la ecuación.

En ese panorama, el debate público ha tomado niveles de virulencia agotadores, pero con un matiz: la mayoría de la gente sigue con su vida, y lo más ajena posible al tiroteo cotidiano entre gobernantes, políticos, científicos y periodistas.

Las últimas dos encuestas lo muestran con claridad meridiana. La de la empresa Opción, realizada durante mayo, mostró que el 55% de la gente tiene una visión positiva del gobierno, contra solo un 18% negativa. Incluso se marca un crecimiento del apoyo, pese a que abril y mayo fueron meses terribles de la pandemia. La de la empresa Cifra, difundida un poco después, pinta un panorama similar. Dos tercios de los consultados siguen pensando que el gobierno se está manejando bien para hacer frente al coronavirus y apenas el 28% tiene una posición crítica.

¿Cómo se explica esta contradicción entre la situación sanitaria, el tono apocalíptico de muchos científicos y dirigentes opositores, y el apoyo contundente de la población a un gobierno que se resiste a tomar medidas más duras para contener el virus?

Algunos dirigentes de la oposición tienen una explicación: el “blindaje mediático”. Sostienen que habría una conspiración entre los medios (o mejor entre los “dueños” de los medios) y el gobierno, por el cual se ocultan o tapan noticias con tal de amparar esta política casi genocida.

Francamente, una estupidez atómica. Todos los medios dan información hasta el hartazgo sobre la marcha de la pandemia. En los últimos días, todos los medios nos hicimos eco de las declaraciones de Rafael Radi y Gonzalo Moratorio, que no podían ser más críticos con el gobierno. Y hasta contamos con la misma fruición que pone TV Show para las crisis conyugales de Tinelli, la “inminente” separación del GACH. Es más, hace unos días, el sitio web del informativo de un canal de TV (de esos que se beneficiarían de la ley de medios y todas esas pavadas) titulaba el dato de Cifra por el lado de que: “empeora la percepción sobre cómo el gobierno maneja la pandemia”. O sea que, tras año y medio de pandemia, 60 muertos diarios, desempleo, crisis, 67% de la gente apoya al gobierno (¡incluido un 35% de los votantes del Frente Amplio!), pero... ¿la noticia es que los juicios negativos aumentaron 6 puntos? Un criterio periodístico raro, pero que deja fuera de discusión que exista “blindaje” mediático ni nada que se parezca.

La segunda explicación de los opositores, expuesta por el senador Brenta en el programa Todas las Voces, es que el gobierno hizo las cosas bien durante 2020 (textual), y entonces tiene un crédito a favor. Pero durante todo 2020 esa misma oposición decía que todo era un desastre. Es más, ¡se convocó a cacerolear para exigir “lockdown” cuando había 20 casos. ¿En qué quedamos?

Hay, además, una contradicción en el discurso opositor, que quedó expuesta en ese programa de canal 4. Cuando la jerarca montevideana Fabiana Goyeneche declamaba con voz quebrada sobre el dolor de las muertes, y la necesidad de cerrar shoppings y comercios, Viviana Ruggiero le preguntó si se debían cerrar las ferias. Y tras largos e incómodos segundos de “cri, cri, cri”, Goyeneche se fue por las ramas sin responder.

Como la postura del senador Andrade, que se mostraba indignado por la apertura de los free shops, al parecer sin saber que sus diputados habían votado el pedido de apertura.

O son estas contradicciones, o será un discurso maniqueo e infantil, en el sentido de que no se toman medidas para beneficiar a empresarios amigos, pero la realidad es que nada de eso parece estar influyendo en la gente.

La explicación de este fenómeno debería venir más de un sociólogo que de un periodista. Pero en esa rama de la ciencia social, como en otras más “duras”, muchos de sus cultores están más preocupados por “pegarle” al gobierno que por aportar al saber común de la sociedad.

Es por esto que vamos a arriesgar una tesis personal. Y es que el ser humano tiene un espíritu de superación, y de adaptación a las dificultades, que supera en mucho el miedo a una enfermedad. Llevamos un año y medio en esta situación horrible y la gente está podrida. No quiere que le hablen de nada más, y reclama recuperar su vida normal. Asume que con las vacunas avanzando a buen ritmo, y con algunas medidas de mitigación, esto es lo que tocó... y bueno. Se apechuga y se sigue.

Así como en medio de las guerras la gente igual vive, se ríe, se divierte. Es un mecanismo de defensa humana, y probablemente lo que ha hecho que sobrevivamos tanto tiempo en este planeta.

¿Está bien? Es probable que no. ¿Es una muestra de insensibilidad? Es probable que sí. Ahora, ¿quién se siente con legitimidad para imponer otra cosa? O incluso más importante: ¿alguien cree que esta población haría caso si se le pidiera encerrarse?

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