Martín Aguirre
Martín Aguirre

Autocrítica... ¿para qué?

Autocrítica es la palabra de moda en la política local. Sobre todo a raíz de la derrota del Frente Amplio, y del proceso de revisión interna que se ha impuesto esa fuerza para entender por qué un número importante de uruguayos le dio la espalda.

Hay un aspecto muy llamativo de este proceso, al menos para quienes carecen de una visión demasiado ideologizada, y es que es difícil entender la necesidad de hallar un culpable evidente en un resultado electoral negativo.

En una democracia normal, los partidos se alternan en el poder. La gente decide en un momento apostar más a proyectos de redistribución o de presencia estatal, y en otros a liderazgos que potencien el crecimiento o la firmeza en la autoridad pública. ¿Cuál es la causa de esta decepción tan profunda en algunos dirigentes del FA? ¿Por qué les resulta tan agraviante que la gente después de tres períodos en que les dio todo el poder estatal, haya decidido probar otra cosa? ¿Pensaban gobernar para siempre?

Una pauta para entender esta situación surgió en la entrevista que el pasado domingo hizo a los senadores Andrade y Bergara el programa Séptimo Día, de Canal 12. Allí se analizaron muchos aspectos en el marco de esta autocrítica, pero el más llamativo fue el vinculado con la comunicación.

Primero, se recordó una frase del expresidente Vázquez, que en su gira nacional “youtuber” dijo que “durante cinco años y más los uruguayos escucharon una sola campana de ataque permanente al gobierno nacional”. Lamentablemente hay que decir que eso no es verdad. Ningún medio, impreso, radial o televisivo, dejó nunca de reflejar la visión del gobierno, de cubrir sus actos y eventos.

Pero, además, hay algo que tal vez Vázquez no tenga claro porque iba poco por Presidencia. Allí trabajan 70 comunicadores, más que en ninguna redacción privada del país. Hay que sumar a eso los más de 100 de TV Ciudad, los 75 del IMPO, y a todos quienes trabajan en los demás medios públicos. De hecho, según un estudio reciente, uno de cada tres periodistas trabaja para el Estado.

Y a no llamarse a dudas. Los medios públicos en los períodos del FA fueron usados sin pudor para promover al gobierno. Como quedó claro en aquel episodio en el que nada menos que el actual presidente de APU contó que fue obligado por el director de Canal 5 a entrevistar a todo funcionario con rango superior a ujier en un evento intrascendente, con tal de no dejar aire a Petinatti.

Luego habló Bergara, que dijo que “sin dudas hubo problemas de parte del FA y del gobierno para comunicar logros”. Y que hubo “una tesitura de respeto total a los medios”. “Me atrevería a decir que no hubo ni una sola llamada a ningún medio para que hiciera o dejaran de hacer nada”.

Acá le toca a este periodista la ingrata tarea de llevar la contra al estimado senador. Porque personalmente tuvo que atender varias llamadas en esos gobiernos, y no para mandar saludos a la familia, o felicitar por una nota bien hecha. Recuerda una particularmente desagradable del exministro Murro... bueno, algunos tenemos códigos, así que la dejamos ahí.

Después vino el senador Andrade, que con su habitual verborragia y tono aristotélico explicó que muchos medios tienen una línea editorial fuerte, y tuvo la gentileza de referirse a El País, diciendo que “tiene una línea editorial contundente, radical, feroz”.

Para alguien cuyo modelo de periodismo es El Popular, Granma o TV Ciudad, puede sonar raro. Pero en El País hay una diferencia clara entre la línea editorial y el producto periodístico. De hecho en esta edición hay una entrevista de página entera, en el día de mayor circulación, con el expresidente Mujica, figura que no suele recibir cariño y amor en la página editorial. ¿Y?

Una pregunta: si la línea editorial de El País es “feroz”, ¿cómo es la de Brecha o La Diaria?

Pero hay algo llamativo en esta manía de culpar a los medios, o decir que “no se supo comunicar los logros”, para justificar una derrota electoral. Parte de una visión de la política, donde el dirigente cree estar tan por encima moralmente del resto, que el hecho de que la gente no lo elija solo puede deberse a que alguien le jugó en contra, que no supo comunicar, o que la gente no lo entendió.

Es el mismo complejo de superioridad que le hace ver todos los días el “radicalismo” de los medios que no le son afines, mientras que los que sí lo son, exhiben sin complejos una visión tan pero tan monocorde, que llega a la caricatura. Y si no, vea TV Ciudad una noche.

Ni por un momento pasa por la cabeza de estos dirigentes que eso que ellos ven como “logros”, para mucha gente no lo son tanto. Ni por un momento se bajan del pedestal para asumir que hubo fracasos de políticas, casos de corrupción, metidas exageradas de mano en bolsillo de la gente. O incluso algo tan simple como que el candidato era malo, y los otros pusieron uno mejor. ¿Y qué?

A veces las respuestas más simples son las más reveladoras.

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