Martín Aguirre
Martín Aguirre

Una apuesta riesgosa

Hasta ahora no se había visto algo igual. La decisión del presidente Vázquez de ponerse a la cabeza del combate contra la violencia en el fútbol, es un cambio radical de postura en un mandatario más acostumbrado a una conducción a distancia. Pero teniendo en cuenta las dificultades que implica resolver ese problema, la intervención de Vázquez parece una apuesta política de alto riesgo, y hasta con más chance de fracaso que de éxito.

Hasta ahora no se había visto algo igual. La decisión del presidente Vázquez de ponerse a la cabeza del combate contra la violencia en el fútbol, es un cambio radical de postura en un mandatario más acostumbrado a una conducción a distancia. Pero teniendo en cuenta las dificultades que implica resolver ese problema, la intervención de Vázquez parece una apuesta política de alto riesgo, y hasta con más chance de fracaso que de éxito.

Todo empezó durante la gira presidencial por España, cuando estalló el escándalo del fallido último clásico, el que pasará a la historia como el de “la garrafa”. Las crónicas que enviaban los corresponsales que seguían al Presidente daban cuenta de un enojo y una exhibición pública de emociones poco frecuente en Vázquez. Sus frases textuales lo pintaban claro: “A estos delincuentes hay que reprimirlos porque se sienten impunes”. “De aquí en más se terminó la situación que estamos viviendo”. “Si hay un violento y la Policía lo tiene que sacar del forro lo va a sacar del forro”.

Este enojo presidencial cristalizó en una conferencia de prensa el pasado lunes en la que Vázquez, anunció un paquete de 33 medidas (ni 30 ni 35, 33) para enfrentar el tema. Pero más allá del contenido de las mismas, el mensaje a nivel de imagen fue contundente: “ahora el que lidera esto soy yo”.

La apuesta implica riesgos por varios lados. Primero, quedan un poco en cuestión quienes hasta ahora venían encabezando esa tarea, el ministro Bonomi y el subsecretario Vázquez. Parece claro que si el presidente tiene que involucrarse personalmente es porque algo no andaba bien. Y varias de las medidas anunciadas el lunes van directamente en contra de las posturas mantenidas por el ministerio hasta ahora.

En segundo lugar, porque la acción directa del Presidente implica saltearse los fusibles. Históricamente los ministros funcionan como dispositivos de emergencia, que en caso de crisis pueden ser cambiados, asumiendo buena parte del costo político del fracaso, y aliviando al mandatario de turno de enfrentar las culpas. La decisión de Vázquez lo deja a él como único responsable ante la población de lo que suceda a futuro con la violencia en el fútbol.

Acá entramos en la otra dimensión del asunto; ¿tiene Vázquez realmente un plan para resolver este problema?

La respuesta es compleja, porque desde la misma campaña electoral el mandatario siempre apoyó sin titubeos a la cúpula del ministerio, incluso cuando la seguridad pública era el tema favorito de sus rivales para atacarlo. Ni allí mostró nunca un matiz con el equipo que dirige la seguridad en el país, y donde ocupa un lugar central su propio hermano. Parece poco creíble entonces que Tabaré tuviera un plan B en la manga y no lo hubiese intentado llevar adelante antes.

¿Se trata entonces de un intento de apoyo político expreso a los jerarcas del área para que se sientan más libres de aplicar su proyecto? Tampoco parece tan así, ya que la intervención directa del presidente de alguna forma desautoriza al ministro Bonomi, muy complicado incluso a nivel personal con el tema por el vínculo de su esposa con los “barras”. De hecho Bonomi ya tiene fijada una nueva interpelación, y el carácter zigzagueante de las posturas de su cartera, promete dejarlo bastante expuesto a los ataques opositores.

Hay una última duda que genera todo esto y es con todos los problemas que tiene el país hoy a resolver ¿por qué el Presidente eligió involucrarse personalmente justo en este?

Ni la crisis de la educación pública, ni la lentitud en el tema infraestructura, ni el tinglado por momentos barroco del Mercosur, nada de eso motivó hasta ahora una intervención tan directa del mandatario. ¿Por qué el fútbol?

La respuesta puede estar por la lado de la historia personal del Presidente y su vinculo con el deporte de cuando fue dirigente de Progreso. Puede estar por el conocimiento del mandatario del sentir popular y el peso que el fútbol tiene en la sociedad uruguaya. O puede ser directamente el enojo y la frustración personal de ver que un tema no se resuelve con la celeridad necesaria.

Esta tercera opción sería la menos prudente. Se trata de un tema muy complejo, donde hay muchos actores involucrados que pueden operar en contra, y donde el equipo a cargo parece desgastado y sin capacidad de cambiar la cosa. Si la decisión es producto de una calentura, puede ser una calentura cara.

La respuesta la tendremos en los próximos meses. Si Vázquez logra tener un efecto positivo en el tema, será una victoria personal de gran impacto popular. Si no consigue una victoria clara, va a tener que hacer malabares para escapar del costo político que un fracaso así puede generar.

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