Martín Aguirre
Martín Aguirre

¿Hasta dónde apretar?

Aunque parezca una vida ya, hoy es el día nueve desde que el maldito coronavirus aterrizó en Uruguay.

Usted conoce los números, conoce las polémicas, conoce el tedio y la ansiedad con la que hemos atravesado estas primeras horas. La angustia de no saber cuánto tiempo más podemos seguir así, de ver el impacto económico que golpea a familiares, amigos, a uno mismo.

Por no hablar de la paranoia. En particular si usted padece avanzados signos de hipocondría, como este periodista, y ese resfrío rebelde que arrastra hace ya días, cada vez que pone la cabeza en la almohada lo transporta a imágenes de hospitales desbordados y gente entubada.

Solo han habido dos noticias positivas en estos días. Primero, que China habría logrado superar la fase aguda del problema, y la gente empieza a recuperar su vida normal. Incluso eso se ha sentido en los pedidos de importación de bienes uruguayos, en especial de alimentos, rubro económico que debería ser de los primeros en revivir.

Usted dirá, “sí, pero le llevó tres meses. ¿Podemos aguantar tres meses de esto?”. La respuesta no es tranquilizadora. Ahora, también cabe pensar que quienes venimos de atrás en el ciclo, podemos aprender algo de lo que los chinos hicieron, y saltearnos algunas etapas.

La otra noticia positiva podría ser el anuncio de que en EE.UU. están experimentando con algunos medicamentos que se usan para patologías como el VIH o la malaria, de fácil acceso, y que podrían cambiar el curso de la epidemia. Pasa que como lo dijo Trump, al tiempo que insistía con ser lo mejor que le pasó al planeta desde Churchill, nadie lo tomó muy en serio.

Ahora, también hay noticias muy malas. La peor, despegada, es que los dos países con los que nos unen mayores vínculos históricos, culturales, hasta genéticos, son los que la están pasando peor: Italia y España. ¿Por qué Italia tiene una tasa de mortalidad que supera la de cualquier otro? ¿Por qué el gobierno español permitió la masiva marcha del 8 de marzo, para declarar cuarentena un par de días después?

En Uruguay también tenemos argumentos para el optimismo y verdades para amargarse. La realidad es que pasados ya nueve días, la cifra de contagiados no parece tener una progresión desbocada, dentro de lo precario de la información que manejamos. Hay poco más de 100 enfermos, y parecen estar todos vinculados al caso que importó el problema. Lo cual daría esperanza de controlando ese “vector” y cerrando fronteras, la cosa se podría manejar.

Pero, comparando con los demás países, vemos que el salto en las gráficas de enfermos, se suele dar entorno a los 15 días, con lo cual lo que pase en las próximas horas será vital para ver qué nos espera.

En ese marco, se plantea el dilema de estas horas: hasta dónde apretar con el encierro a la gente. Un encierro que no solo tiene consecuencias económicas tremendas, sino emocionales, como sabe cualquiera que mire twitter o WhatsApp. (¡No lo haga!)

La polémica la instaló el Sindicato Médico del Uruguay, que públicamente hizo un llamado a que se imponga una cuarentena obligatoria, como ha ocurrido en muchos países del mundo. Se sabe que eso es algo que está sobre la mesa del gobierno, algunos han sugerido que el ministro Salinas lo ha planteado al presidente, quien por ahora no tomó la decisión. Aunque no sorprendería que pase en las próximas horas.

Lo del sindicato médico es una cosa difícil de aceptar. ¿Por qué? Porque vivimos en momentos de tremenda tensión, el gobierno tiene en su mesa chica de estudio a algunos de los infectólogos y expertos más reconocidos del país, e incluso han habido reuniones entre el SMU y los jerarcas que manejan el tema.

Salir a reclamar esto en público, solo agudiza el miedo de la gente, le tira la opinión pública en contra a un gobierno que hace lo mejor que puede (y que también maneja otro tipo información), y puede provocar el regreso de la histeria y desabastecimento. Es más, basta ver en las redes como este planteo ha levantado el tono, particularmente a una cantidad de gente que todavía mira todo con el filtro de la última elección, y a quien cualquier excusa le revive el fuego del odio partidista.

Algo parecido se puede decir de algunos dirigentes políticos de la oposición, como Carolina Cosse o el expresidente Mujica, que aprovechan cualquier oportunidad para golpear al gobierno. En el otro extremo hay gente como Yamandú Orsi o Pablo Ferreri que han mostrado una actitud digna de aplauso.

En momentos de crisis como este, la primera página del manual es que hay que apoyar a quien tiene la responsabilidad de liderar al país. Una responsabilidad ya de por sí demasiado pesada, como para ponerle encima el tener que lidiar con sectarismos o ambiciones absurdas. Ya habrá tiempo para todo eso, una vez que pase este temporal.

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