Marcelo Martínez Lauretta
Marcelo Martínez Lauretta

El imprescindible acuerdo

Sin acuerdo político es casi imposible un cambio educativo educativo innovador, profundo, actualizado y sostenible.

Desde hace ya un tiempo nos estamos acostumbrando a estar inmersos en revoluciones tecnológicas cada vez más profundas y que se suceden cada menos tiempo. Piense ejemplos desde el siglo XIX hasta hoy. Desde la combustión interna, pasando la televisión y la energía atómica, hasta las inteligencias artificiales. En la vida de una generación incorporamos varias tecnologías que nos cambian la vida.

La educación deberá adaptarse a evolucionar rápidamente para incorporar los cambios tecnológicos y sociales que se vayan sucediendo.

El imprescindible cambio educativo ha de ser profundo e innovador: en el diseño de hoy y en las prácticas cotidianas en el futuro.

Los conceptos, evolucionan aceleradamente por lo que cada vez tiene menos sentido retenerlos fijamente: lo que es cierto hoy, variará en breve. Además, los conocimientos, ya inabarcables para uno, están disponibles y al acceso instantáneo de todos. Entonces ya no es relevante que el sistema “transmita conocimientos de generación en generación”, sino que es imprescindible que forme a ciudadanos competentes para desempeñarse en esta dinámica social.

Desde finales del siglo XX se vienen estudiando cuáles serían las competencias (conocimientos, habilidades y actitudes puestos en acción para resolver una situación dada) que deberían formarse en los jóvenes de este siglo: “las competencias del siglo XXI”. Si bien estas también están sujetas a evolución, resultan más amplias y estables, permitiendo la planificación educativa estratégica.

Eduy21 las ha agrupado en cuatro grandes bloques.

-Alfabetizaciones fundamentales. Las requeridas para la vida cotidiana y que sustentan el aprendizaje. Comprende comunicación, pensamiento lógico, lenguaje cultural, educación para la ciudadanía, ambiental y financiera, recreación y deportes.

-Maneras de pensar, actuar y trabajar. Aquellas que ayudan en la búsqueda de renovados enfoques, soluciones originales y perspectivas diversas para responder a desafíos complejos y cambiantes. Comprende: resolución de problemas complejos, pensamiento crítico, creatividad e innovación, colaboración, equipos, formación de opinión y toma de decisiones, flexibilidad cognitiva y aprender a aprender.

-Autocuidado, autonomía y responsabilidad. Forjar capacidades de hacer y ser responsable que definan estilos de vida autónomos, solidarios, saludables y sostenibles. Ejemplos: cuidarse a sí mismo, vincularse, administrar su vida, planificar y proyectar la vida en su vocación, carrera y trabajo, desempeñarse con sentido de iniciativa y espíritu emprendedor, adaptarse críticamente a los cambios, ejercer el liderazgo en diferentes aspectos de la vida y una orientación de servicio.

-Ciudadanía global y local. Valores, actitudes y comportamientos que son la base del desarrollo de una conciencia ciudadana democrática y participativa, en la aldea global con sensibilidad y actuación local. Comprende la concientización en valores y derechos humanos universales respetuosos de las diversidades de género, identidades y afiliaciones, poder apreciar las diferencias entre y al interior de las sociedades, interactuar en la diversidad y vincularse con los otros.

Los modelos pedagógicos y didácticos deben cambiar para poder alcanzar el aprendizaje de estas competencias. No será un único modelo el que se adecue a las necesidades de los diferentes alumnos. Por ello es imprescindible que los equipos docentes, partiendo de sus fortalezas, tengan las libertades profesionales para la contextualización y diseño del modelo más adecuado a la realidad concreta de su centro educativo, de su grupo de alumnos así como de sus individualidades.

Habrá que basarse en “pedagogías activas”: “aprendizaje basado en proyectos”, “aprendizaje cooperativo”, “aprender haciendo”, entre otras. Sus ejes: proponer desafíos a los alumnos que les obligue y permita plantearse situaciones problema, proponer métodos de trabajo, conseguir y procesar la información, discutir diversas alternativas con sus equipos, arribar a posibles soluciones, verificar la validez de las mismas y presentar públicamente sus resultados comunicándolos de diversa manera.

Los docentes deberán trabajar en equipo, “predicando con el ejemplo”. Serán verdaderos mediadores, auxilios constantes, para que los alumnos superen los desafíos. Deberán permanecer el tiempo semanal suficiente con cada grupo como para asegurar el vínculo, la confianza y el conocimiento mutuos. Desplegarán sus capacidades interdisciplinares para ayudar a una formación transversal.

El sistema deberá reorganizar (y a medida que sea posible ir aumentando) los tiempos extra aula para planificar colectivamente los proyectos y actividades desafiantes, interdisciplinares y que busquen expresamente el desarrollo de las competencias específicas.

Los docentes que ejercen actualmente no parten de cero para iniciar cambios: tienen formación y/o experiencia en la enseñanza. Por tal motivo, quienes se plieguen a estos modelos, podrán actualizarse de manera práctico - teórica con cursos relativamente cortos en lo inicial, y formación permanente en servicio, en el centro.

La gestión de los centros necesitará de verdaderos equipos de dirección, con liderazgos múltiples, y un liderazgo pedagógico claro y orientador. Los mecanismos de formación y selección de estos equipos deberán ser acordes a ese cambio.

En innovación no hay “hoja de ruta”: se camina siempre por terreno desconocido. Por consiguiente habrá yerros y correcciones permanentes. Todos los actores estarán exigidos y desafiados. Por eso es imprescindible el respaldo exigente de todo el sistema político, sin que una parte esté esperando sacar réditos políticos de los errores de directivos y docentes.

Un sistema político maduro, con espíritu de emprendimiento nacional lo podrá hacer. ¡Que así sea!

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