Luis Alberto Moreno
Luis Alberto Moreno

Acercando dos regiones

Para muchos latinoamericanos, la mención del Golfo Árabe probablemente genere imágenes de un desierto lejano.

Por su parte, para muchos ciudadanos de países del Golfo, América Latina y el Caribe seguramente solo evoque los nombres de estrellas de fútbol como Lionel Messi o atletas como Usain Bolt.

Esta falta de conocimiento mutuo es paradójica si consideramos que en el siglo XIX, cientos de miles de inmigrantes de habla árabe se asentaron en toda nuestra región, desde Tijuana hasta Tierra del Fuego. Muchas de sus tradiciones se reflejan hoy en nuestra comida y hasta en nuestra música.

Muchos de nuestros dirigentes empresariales y políticos, incluyendo por lo menos seis expresidentes y primeros ministros, descienden de esos inmigrantes. Las influencias también han transitado en el sentido contrario. Muchos turistas latinoamericanos se sorprenden al aprender que en algunos hogares del Medio Oriente también se toma mate, una infusión típica de Sudamérica.

Y, desde luego, nuestros pueblos comparten una pasión por el fútbol.

Qatar será anfitrión del Mundial del 2022. Y este año será la primera nación árabe en competir por la Copa América, el campeonato de fútbol sudamericano.

Sin embargo, estas dos regiones potencialmente tan complementarias no sólo se conocen poco, sino que apenas comercian entre sí. En 2018 el intercambio entre América Latina y el Caribe y los países del Golfo Árabe apenas sumó unos 16.300 millones de dólares.

Esa suma representa solo 7 por ciento de todo nuestro comercio con Europa, el cual ascendió a alrededor de US$ 230.000 millones.

Para acercar a estas dos regiones, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Cámara de Comercio de Dubái han organizado en Ciudad de Panamá un foro de negocios, invitando a 700 empresarios y autoridades de países del Golfo.

El objetivo de la reunión es que conozcan a sus pares de nuestra región, hagan contactos y encuentren oportunidades de beneficio mutuo.

Hay cientos de productos que comerciamos con el resto del mundo, pero no con los países del Golfo.

Un ejemplo claro: los Emiratos compran US$ 1.600 millones de cobre al año, mientras que América Latina exporta US$ 15.500 millones de ese metal cada año. Pero ninguno de esos intercambios ocurre entre nosotros.
Brasil exporta aeronaves a todo el mundo. Pero no las exporta al Golfo.

La clave está en conocernos mejor. Algunas empresas ya lo han logrado. Hay frutícolas colombianas que exportan maracuyá, peruanas que exportan granadas y avícolas uruguayas que exportan pollos a esa región.

Debemos aspirar a mucho más. Hay dos cosas que podríamos hacer relativamente rápido para casi duplicar el comercio entre ambas regiones.

La primera es abrir más embajadas. En el BID estimamos que, de contar con más misiones diplomáticas, el comercio entre los países del Golfo y América Latina y el Caribe aumentaría en unos US$ 3.300 millones al año.

Tomemos el caso de Chile, que abrió una oficina de promoción de negocios en Dubái en el 2006, y posteriormente estableció su embajada allá en 2009. Tan solo en el año siguiente, en 2010, las empresas chilenas invirtieron una cifra récord de cerca de US$ 1.500 millones en los Emiratos.

Más recientemente, luego de que Chile y los Emiratos eliminaran el requisito de visas de viajero para sus ciudadanos, la aerolínea Emirates comenzó a volar con una escala a Santiago. Además de estimular el turismo y los negocios, sus cinco vuelos semanales pueden transportar hasta 70 toneladas de carga, abriendo un mercado para productos perecederos de alto valor agregado.

La segunda cosa que deberíamos hacer es lograr más acuerdos comerciales entre ambas regiones. En los casi 15 años que llevo en el BID he sido testigo del impulso que le pueden dar estos tratados a los negocios de nuestra región con otras partes del mundo, particularmente con Asia. Acuerdos sobre inversiones bilaterales y la doble tributación han aumentado el comercio entre mucho países.

En nuestra región, acaba de entrar en vigencia un nuevo acuerdo de libre comercio entre Chile y Uruguay. Es un avance comercial que está generando esperanza entre inversores y empresarios.

Pero a la fecha no tenemos ni un solo acuerdo comercial con los países del Golfo. Y aunque tenemos 11 tratados bilaterales sobre inversiones, solo tres de ellos están en vigencia. Nuevamente, según nuestros cálculos, los tratados de comercio podrían agrandar el intercambio en unos US$ 9.800 millones al año.

Naturalmente, no bastará con firmar documentos o abrir oficinas. Ambas regiones tenemos que reducir nuestros costos logísticos. En promedio, un container demora entre tres y cuatro días en salir de aduanas en los puertos de nuestras regiones. En Alemania lo hacen en un solo día.

Muchos de nuestros países están tomando medidas para agilizar el comercio y las inversiones, pero tenemos mucho trabajo por delante.

También tenemos una gran oportunidad para ampliar nuestros horizontes y ganar nuevos socios en una región del mundo que deberíamos conocer mejor.

Aprovechémosla.

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