Luis Alberto Lacalle
Luis Alberto Lacalle

¡Viva la República!

Mañana conoceremos los nombres de los candidatos que aspiran a la presidencia de la república. Una vez más y como ocurre desde 1999, los mismos surgirán del voto secreto. Conviene recordar que hasta la reforma de 1996 las candidaturas se podía presentar sin trámite alguno en el Partido es decir que entre 4 paredes que un grupo de amigos podían levantar un nombre y aspirar a la elección dentro de la antigua ley de lemas.

Mañana conoceremos los nombres de los candidatos que aspiran a la presidencia de la república. Una vez más y como ocurre desde 1999, los mismos surgirán del voto secreto. Conviene recordar que hasta la reforma de 1996 las candidaturas se podía presentar sin trámite alguno en el Partido es decir que entre 4 paredes que un grupo de amigos podían levantar un nombre y aspirar a la elección dentro de la antigua ley de lemas.

La votación que se realiza en el día de hoy resultó en un cambio muy importante en nuestras actividades políticas y una profundización de la base democrática de nuestra organización cívica. En el día de hoy todos los que lo desean están participando en la elección de un solo candidato a presidente por partido. También eligen y ello no es de menor importancia la organización institucional de cada una de las colectividades partidarias.

Detengámonos en el tema del candidato a presidente. Antes no había límite para el número de candidatos que cada partido podía presentar, habiéndose dado circunstancias de cuatro y hasta cinco candidatos por partido, lo cual siendo legal, era de todas maneras prácticamente inexplicable y fomentaba el fraccionamiento de los partidos. Ahora todo ciudadano interesado en ello hace pesar su opinión en la designación del candidato a presidente.

Lamentablemente más de la mitad de nuestros compatriotas, por ser el voto voluntario, no hacen uso de ese derecho. Esta abstención de actividad, que es legítima, inhabilita a quien no vote en el día de hoy a criticar a las personas finalmente seleccionadas en sus dotes personales o capacidades técnicas. El que pudiendo opinar no lo hace debe guardar un prudente silencio. Es natural que el voto sea optativo pero es una lástima que tanta gente prescinda de una instancia de uso de su derecho.
La etapa que se inicia a partir de mañana nos llevará hasta octubre y eventualmente noviembre de este año. Tendremos cuatro nombres y seguramente ya hemos oído y visto las piezas propagandísticas de cada uno de ellos y, en algún caso, tenido acceso a sus principales ideas. El voto se pide a cada ciudadano quien lo “presta” por cinco años. Es la porción de poder que cada uno de nosotros tenemos por el hecho de ser ciudadanos no la regalamos, la préstamos y como en todo caso similar es conveniente que conozcamos las condiciones del mencionado “préstamo”.

El ser claro en lo que se explícita como obra a realizar demuestra seriedad en el planteo y permite que cinco años después se pueda, en el caso del triunfador, controlar lo que efectivamente se hizo. No todas las virtudes de un sistema electoral pueden provenir de leyes. Lo más importante en materia legal es el ejercicio de los derechos que las leyes reconocen, de ahí que en octubre y noviembre sea obligatorio el concurrir al circuito electoral.

Es equivocado afirmar que el voto es obligatorio, lo que la ley exige es concurrir al lugar de votar como una mínima expresión de los deberes que tenemos como orientales. Quien lea el capítulo constitucional llamado “derechos deberes y garantías” advertirá que allí no se mencionan deberes. Pues bien, esta legislación electoral nueva exige la citada comparecencia. Lo que la ley no puede hacer es obligar a que cada uno de los que participe en octubre y noviembre lo haga poniendo de sí mismo todo el interés y la información que serían tan saludables.

Una elección de autoridades admite dos lecturas, dos ángulos de análisis. Por un lado se emite un juicio negativo o positivo sobre el gobierno que termina, y por el otro se abre un crédito a una nueva administración. Consecuentemente el votante debería preocuparse por analizar lo realizado, por ver en qué porcentaje se cumplieron los compromisos asumidos, y por otro enterarse de lo que se sugiere para proceder a separar las meras promesas infladas de entusiasmo de aquellas propuestas que se advierten como de posible realización.
Repetimos que esas actitudes mejores no se pueden exigir mediante ley pero sí se pueden fomentar inducir, fortalecer desde distintos centros de actividad.

El primero de ellos, el ámbito familiar dentro del cual es conveniente que se hable de las cosas del país de las cosas que atañen a la vida cotidiana y las que pueden afectar el futuro sembrando en los hijos ideas de respeto pero también el análisis crítico fundamentado. La voluntad de saber más para elegir mejor.

Todos añoramos la Educación Moral y Cívica que puso en nuestras mentes juveniles la buena semilla de la civilización política que durante tanto tiempo nos distinguió, antes de que vinieran los bárbaros que proclamaban su odio a las “libertades burguesas” y que pretendieron destruirlas. Y la miopía antipatriótica de quienes les sucedieron, cercenando las libertades y prohibiendo la vida cívica.

También los partidos deben formar opinión. Esto va mucho más allá de lo que se llama propaganda política, implica ser claro y conciso en lo que se propone y fundamentar correctamente los juicios adversos acerca de los contrincantes. ¿Es este que describimos un mundo demasiado lejano de nuestra realidad?

Quizá pueda parecerlo pero no cabe duda de que es necesario, por lo menos, intentarlo.

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