Luis Alberto Lacalle
Luis Alberto Lacalle

Venezuela hoy

Es tan lábil la política en estos días de caudalosa comunicación en tiempo real, que no sabemos qué pasará mañana, cuando estas líneas aparezcan en el diario.

De todas maneras y sin que esta opinión comprometa a nadie más que al suscrito, es necesario fijar posición ante un problema cuya diversidad de factores lo vuelven inédito en la historia de América.

Se ha visto a democracias caer en dictaduras, a economías sucumbir ante inflaciones terroríficas, a producciones arruinadas por catástrofes del clima, a monoproducciones temblar cuando los precios se derrumban, a hambrunas castigar a los pueblos, a epidemias diezmar a los habitantes, pero nunca una combinación de todos estos factores en apocalíptica asociación como ocurre en las tierras del Libertador.

No es novedoso pero resulta aleccionante recordar que el régimen chavista contó con varias instancias de legitimidad electoral. No se trata del caso de Cuba, país en el cual hace más de medio siglo que no se elige un gobierno con el consentimiento de los cubanos en elecciones libres. Por ello es más grave la responsabilidad por la prostitución del régimen de gobierno que Chávez inició y Maduro continúa hasta hoy. La corrupción del sistema que reposa en la voluntad popular expresada en las urnas merece el más grande de los castigos, el más absoluto repudio. Bastantes críticas tienen que soportar la forma de gobierno que deseamos y por la que luchamos, para cargar además con esta caída hacia la tiranía populachera y televisiva, ramplona y tragicómica de quienes han secuestrado a su propio país. Pero ello ocurre: demasiado poder junto a enormes recursos y unas mentes mesiánicas lograron el descarrilamiento que hoy se padece.

La droga económica que genera la dependencia de un solo producto adormeció la iniciativa, creó la ilusión de que la lotería se ganaría diariamente y de ahí la importación de todo, desde lo más nimio a los consumos suntuarios. La máquina de imprimir billetes que hace creer que el dinero vale por lo que dice la cifra de cada papel moneda remedia a la corta con el espejismo monetarista.

No poca responsabilidad cabe en este drama a los regímenes políticos que cantaron loas al comandante y proclamaron a su régimen como una aurora mundial. Aquí caben los políticos británicos, españoles, centro y sudamericanos que alabaron al Socialismo del Siglo XXI, de cuya ubre ubérrima supieron, muchos de ellos, recibir sustanciosos honorarios y abultadas valijas para gastos electorales.

En el entorno del Mercosur no hay que olvidar a quienes para conformar al iluminado Comandante hicieron papel pintado de los procedimientos y las negociaciones que una asociación seria requería y requiere. No se acordó listado alguno de productos a ser comerciados, nadie adoptó las cautelas acostumbradas y tan necesarias cuando las economías son tan distintas. Nadie miró el mapa para encontrar una base de razonabilidad geopolítica a la incorporación del quinto socio.

Nuestro país, mejor dicho, el gobierno del Frente Amplio de nuestro país, llevó a cabo una proeza parlamentaria, aprobando en procedimiento expreso y genuflexo, la anuencia parlamentaria en un solo día, senadores de mañana, diputados por la tarde. Todo porque al día siguiente debía de llegar Chávez... que no vino. Como quien cumple órdenes, los kirchneristas, los lulistas, los frentistas, los luguistas se deshacían en elogios y se sometían a los encargos, al punto de reeditar la Triple Alianza, apuñalando por la espalda al Paraguay, echándolo de la asociación para hacer lugar al compinche.

En la era mujiquista, cuando se firmó un acuerdo comercial, se logró un récord en materia de derecho internacional. En el texto de marras se incluyó a los correligionarios que cobrarían la comisión por las operaciones; ¡faltaba más!, eran compañeros. Todo para hacer el gusto al régimen bananero pero millonario. Eso sí, en el caso de nuestro gobierno más, los beneficiados estaban de los dos lados.

No poco responsables fueron y son los que así actuaron, los que aún hoy así actúan. El pedestal del chavismo se construyó con piedras de adulación y argamasa cipaya. Con solidaridades marxistas y con genuflexiones internacionalistas.

Pocas veces un pueblo en las calles ha demostrado tanta valentía como en el caso venezolano. Un día, tres días de manifestación son comunes pero cien días como el año pasado, contando más de un centenar de muertes, sabiendo que en los calabozos de la inteligencia cubana que hace y deshace en Venezuela, se vive la tortura en forma cotidiana, marcan una voluntad heroica de cambio, una lección viva y sangrienta de voluntad de cambio.

Hoy, uno de esos valientes, por imperio de la constitución vigente (obra del chavismo) se ha encargado de la Presidencia. A la hora que esto se escribe se anuncia que su casa está rodeada por las fuerzas de la dictadura. Juan Guaidó no tiene más armas que su legitimidad, solo pide que en su patria se elija un gobierno fundado en el voto libre de los venezolanos. Un muchacho que demuestra tener lo que hace falta para esas gallardías. Poco es, pero no podemos negarle nuestro apoyo...

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