Luis Alberto Lacalle
Luis Alberto Lacalle

Con la mochila del 2017

Se inició el nuevo año con las correspondientes festividades y deseos de que el que comenzamos sea mejor que el que ya quedó en la historia. A esos deseos nos sumamos todos y desearíamos que se hiciesen realidad, tanto en el campo individual como en el del país.

Pero este 2018 es hijo del año anterior y la sombra de este año vencido se prolonga sobre los meses que vendrán, en forma negativa, con una pesada mochila que sobre nuestros hombros pesará, pesará mucho.

Por supuesto que al mencionar lo gravoso de esta carga todos vemos directamente a lo económico y es lógico que así sea. Cuando la circunstancia en que se desarrolla la vida cotidiana de personas y empresas está tan agobiada por factores negativos, el primer pensamiento es hacia el salario, el empleo, la rentabilidad y todos ellos están limitados por el "astorazo" que nos deparó el 2017.

Como pocas veces en la historia de nuestro país, se ha optado por el simplismo de que sean los ingresos fiscales los que se ajusten a los egresos, al gasto desmesurado y a las inversiones, flacas. El zapato sigue teniendo que crecer para acomodar a un pie que crece con la fuerza de un cuerpo adolescente. Más cuero de los contribuyentes para cubrirlo.

Sin pretender refregar en la herida, impuestos y tarifas siguen aumentando como si no tuvieran techo o límite... pero lo tienen y las reacciones de la realidad son conocidas y lógicas. Menos empleo es uno de los datos, aun en el caso de quienes crecen algo. O se automatiza al máximo la tarea, sustituyendo obreros y empleados por máquinas o simplemente no se toma un nuevo colaborador aunque se necesite.

Contratar un nuevo empleado en el ámbito privado donde se miran los costos en relación al beneficio, debería ser motivo de alegría para el empresario quien, repetimos, lo convoca si le hace falta, porque un factor humano más es síntoma de salud en los negocios. Sin embargo, ante la necesidad o conveniencia de hacerlo, se opta por no tener un dolor de cabeza más y se prefie- re no aumentar la nómina. Por lo tanto, en el año estrena-do aunque se crezca económicamente, será sin un aumento del empleo.

El ya empleado tampoco puede esperar buena cosa porque cuando más avance en su labor, consiguiendo un aumento de su remuneración, más deberá pagar al sistema perverso, mal llamado de impuesto a la renta personal, cuando es en realidad un mero tributo a los ingresos. Para que avance la producción hace falta avance tecnológico o sea maquinaria más moderna manejada por quienes estarían mejor pagos y pagarían cada vez más de impuestos. Las industrias por ende se repliegan hacia lo menos sofisticado, lo que requiera menos tecnología.

Pero no solo es de peso económico la mentada mochila. También lo es desde el punto de vista de cómo se ejerce el poder en nuestro Uruguay del presente. La estructura constitucional del poder político integrada por el Poder Ejecutivo y por el Legislativo, se hace funcionar en realidad fuera de lo normal en cuanto las decisiones de peso. Por un lado, se afirma cada vez más lo que se ha dado en llamar —acertadamente— régimen sindical-cívico, ni siquiera cívico-sindical, tal es la primacía y el peso de los dirigentes del Pit-Cnt en el gobierno.

La dirigencia sindical le ha torcido el brazo al Presidente de la República en repetidas ocasiones. Basta con recordar los tímidos intentos de cambiar algo en la educación. A ello se debe agregar el peculiar funcionamiento del poder real dentro de la coalición que nos gobierna. La última palabra la tiene un organismo de integración mixta, con miembros elegidos democráticamente y otros sin otra legitimidad que ser "bases" partidarias. A este nivel de decisión se envían temas importantes para el bienestar del país.

El caso del TLC con Chile es emblemático en varios sentidos. Las autoridades del FA, su Convención y su Ejecutivo son libres de opinar en contra de este acuerdo, en definitiva son las autoridades que los votantes frentistas eligieron. Pero no. La última palabra la tiene ese conjunto peculiar de ciudadanos el que, como queriendo mostrar su poder, ha resuelto que opinará sobre este importante acuerdo internacional... en abril de 2018. No después de las vacaciones, no después del receso veraniego, no con sentido de que es importante, ¡en abril! Total, para quienes nos gobiernan (?), el tema no vale la pena ni hay apuro, aun para decir que no.

Ni uno ni otro peso de la carga mochilera tienen miras de disminuir. El desvío del ejercicio del poder real, tampoco. Y parecería ser que el Presidente va a insistir en achicar su autoridad, participando —como la ha anunciado— en actos de proselitismo. Mochila más que pesada para este año.

De todas maneras y a pesar de todo, falta un poco menos para cambiar el gobierno. Por ello, ¡feliz 2018!

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