Luis Alberto Lacalle
Luis Alberto Lacalle

Mercosur, en serio

Una vez más nos ocupamos de la organización regional a la que analizamos en forma crítica, tanto en su estructura como en su funcionamiento, con interés nacional y, en cierto sentido, “paternal”.

Nadie duda hoy en día que el punto de quiebre de la concepción que los socios tenían acerca del Mercosur fue el momento en que el mismo se convirtió en un instrumento político del chavismo, cumpliendo una parte importante del plan pensado desde el Foro de San Pablo e impulsado por el Comandante venezolano y el presidente Lula.

Mucho hay que escribir acerca de ese último intento de Fidel Castro, para llevar adelante sus semicentenarios planes de dominación continental. Allí, en las bases del mencionado acuerdo, en las declaraciones con que culminaron las diversas reuniones de los países adheridos, está la hoja de ruta que han seguido los gobiernos de izquierda hermanados en esa causa continental.

Una de esas metas se llevó a cabo poniendo el eje del Mercosur en las afinidades ideológicas de los gobiernos de los países miembros, por definición pasajeros, y no en los intereses permanentes de los países. Como podía preverse, las condiciones internas de Argentina, Brasil y Paraguay cambiaron, lo que llevó a desvincular a Venezuela y a variar el rumbo, intentando volver al carácter económico y comercial que era la meta inicial primaria del tratado de 1991.

Hoy nos ocupan dos o tres aspectos del funcionamiento y aun de la estructura de nuestro organismo internacional.

Siempre estuvo latente, por razones obvias de importancia, la mayor presencia de Argentina y Brasil. La tendencia a la bilateralidad en la toma de decisiones, para luego comunicar al Paraguay y a nuestro país, como ya resuelto, lo que las respectivas cancillerías decidían. De ahí la importancia de la norma de la unanimidad para la toma de decisiones... siempre y cuando las mismas se adoptaran en reuniones de cuatro. Razones de “real politik” tan comunes en el mundo internacional hicieron que nuestros vecinos hicieran caso omiso de esas formas.

Que los dos gobiernos se reúnan en forma bilateral, que conversen y aun se planteen metas mercosurianas, está en la naturaleza de las cosas. Lo que no se puede dejar pasar por parte de los dos socios menores es que lo acordado en "pareja" se dé como valedero para los nosotros.

Hace poco se reunieron los presidentes Macri y Bolsonaro, cada uno de ellos con las manos llenas de problemas, tanto políticos como económicos. Coincidimos en las declaraciones de que es necesario revisar a fondo el carácter jurídico-político del Mercosur, llevarlo a una definición de zona de libre comercio, permitiendo los acuerdos bilaterales de cada socio con quien le plazca, retomando el objetivo económico y comercial original. Nada de ello se ha traído a la mesa de cuatro, al terreno que corresponde.

Otra característica de algunos gobiernos de nuestros vecinos es la ansiedad política y la falta de contacto con la realidad del funcionamiento de las cuatro economías. De ahí el desembarco de ideas como la de una moneda única, hace décadas adelantado por el siempre imaginativo presidente Carlos Menem. Antes, bajo la denominación “gaucho” o “gaúcho”, ahora la de "peso real". La economía argentina se tambalea, el Brasil no logra aprobar normas de saneamiento de la suya... pero, ¡proponen una moneda común! Pocas cosas hacen tanto daño a los proyectos políticos como los planteamientos de ensueño, fantasías sin asidero en la realidad. Hay que ser más serio en esta materia.

Desde nuestro gobierno no ha habido mayor actividad urgiendo que esas bilateralidades vengan al ámbito institucional, a ser tratadas donde corresponde y donde los socios tenemos derecho a veto. El Paraguay y el Uruguay tienen que hacer valer la institucionalidad del bloque so pena de desvalorizar aún más todo el proyecto.

La noticia del acuerdo con la Unión Europea es positiva. Lamentablemente hubo que esperar veinte años para ello. La Europa unida es una protagonista difícil, compleja y muy egoísta en el campo de lo internacional. La diversidad de intereses de 27 países vuelve poco menos que imposible el lograr comunes denominadores. Respecto de nuestros intereses es Francia la gran dificultad.

Por otro lado la salida del Reino Unido nos priva de un jugador más afín al comercio libre. El episodio es positivo en sí, hay que abrir ahora el paquete para ver qué contiene. No ha sido buena la posición de Argentina, demasiado ansiosa por obtener una noticia positiva dentro de su actual panorama oscuro. Veremos en qué cedimos y qué logramos. Frita la grasa se contarán los chicharrones... 

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