Luis Alberto Lacalle
Luis Alberto Lacalle

Memoria, prudencia, firmeza

Para todos los países la política internacional, el relacionamiento con el mundo, es de primordial importancia. Para las grandes potencias, porque es una carga de tal condición. Para los países más pequeños, por ser elemento esencial de su supervivencia y prosperidad.

América del Sur está viviendo en estos escasos años del nuevo siglo transformaciones de enorme importancia, cambios de rumbo de ciento ochenta grados, verdaderas revoluciones, algunas en el terreno de los hechos, fuera de normas, otras en el ejercicio del poder soberano. Cuba sigue impertérrita en la más larga dictadura de la historia, reavivada por la generosidad chavista pero de nuevo en dificultades. Venezuela, estado fallido, se mantiene como narcoestado ya que no como petro-estado y el final de su dictadura no será fácil ni pacífico. Colombia cambia el rumbo mediante elecciones después de constatarse las falsedades y trampas que implicaban los famosos acuerdos de "paz". Perú sustituye gobernantes, Bolivia encara una elección violando la Constitución.

Brasil acaba de dar un golpe de timón sin antecedentes, castigando la corrupción instalada en el corazón de su sistema político y encabezado por una izquierda prebendaria. Argentina parece volver a los ciclos de euforia y depresión. Ecuador se libra de otro corrupto izquierdista como Correa. Paraguay, Chile, Uruguay mantienen una relativa paz, con progreso económico en los dos primeros y decadencia en nuestra querida tierra.

El largo relato sirve como prólogo a lo que debe de atender nuestra política exterior. Nacimos a pesar de los vecinos. El Imperio Portugués, mirando solo el mapa concluía que el límite natural de su territorio era el Plata, único accidente principal que ponía fin a esa inmensa superficie. España se mantenía en la Bula Pontificia y el Tratado de Tordesillas. Nuestro puerto era la preciada gema por ambos codiciada.

Así continuó nuestra peripecia nacional, desde 1811 hasta la Paz de 1828 en que se reconoció nuestra independencia. Pero no por ello cesaron los intentos vecinos. Las intervenciones extranjeras —vecinas y europeas— de 1842 y las de 1865, la in-debida alianza de los partidos de Argentina y Brasil con los nuestros, solo fue en perjuicio nacional. Así perdimos los territorios misioneros en 1851, "los siete pueblos de Misiones" tan queridos por Artigas y señalados como parte integrante de la Provincia en las Instrucciones del XIII.

El siglo XX no estuvo exento de crisis. La "costa seca" con que nos amenazó Zeballos, los incidentes en el Plata, fruto de la no delimitación de sus aguas, llegaron hasta 1972 en cuyo mes de marzo tuvimos el honor de interpelar al Ministro Juan C. Blanco por uno de ellos. El Tratado de 1974 puso fin a esos episodios. Del lado del Brasil la costa seca del Yaguarón y la Merín duraron hasta que Rio Branco, en gesto que le honra pero mediante acto unilateral volvió a la línea media. Véase que Brasil no modifica tratados bilateralmente, cede graciosamente.

Las presiones sobre nuestro país son constantes. Fernández de Kirchner prohibió a los barcos que comenzaban a cargar en la Argentina, completar la misma en Uruguay. Sea dicho que, para su honor, el presidente Macri prontamente derogó esa infamia. La política de fronteras vivas de Couto e Silva fue una amenaza para nuestro país, concretada en el plan militar de invasión según fuera el resultado de las elecciones de 1971.

Este largo introito de historia nos lleva al tema de la prudencia. El interés nacional más hondo nos lleva a no tener opinión política en las discusiones internas de los vecinos. Crudamente, no nos interesa si gobiernan radicales o peronista, Bolsonaro o Lula. Lo que nos debe interesar es en qué medida estos países son buenos y leales socios comerciales... y que no se entrometan en lo nuestro. Por ello han sido de una enorme imprudencia la palabra de jerarcas —más grave en este caso por representar al gobierno— o de dirigentes políticos señalando preferencias y aun viajando al Brasil. Pusieron en peligro nuestra soberanía e independencia, perjudicaron las relaciones con el nuevo gobierno. Que los partidos internacionales o los que hablan —sin definir demasiado— de una hipotética "patria grande", sientan solidaridades supranacionales, lo sentimos por ellos pero el interés nacional es uno, indivisible y no compartible. Prudencia de país chico, lastimado por los vecinos demasiadas veces, debe de ser la consigna.

Mejorar al máximo las relaciones comerciales, culturales, intercambio de turistas, coincidencia en defender el Plata del que somos copropietarios, por supuesto y con todas nuestras fuerzas. Volver al Mercosur económico y comercial, seguramente que convirtiéndolo en una zona de libre comercio y cerrando la etapa chavista de club ideológico, seguramente y cuanto más pronto mejor.

Prudencia y firmeza tal como demostraron los negociadores del Mercosur al lograr la regla de unanimidad a pesar de los desplantes de Cavallo y los agravios diplomáticos del Brasil: "enano llorón" y "paisito atrevido" pronunciados en alta y clara voz en Buenos Aires.

Para este y para todos los gobiernos estas deben de ser las bases de nuestra política exterior.

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