Luis Alberto Lacalle
Luis Alberto Lacalle

Heroica Paysandú

El siglo XIX, tiempo de nuestra afirmación y construcción nacional fue una época de terribles enfrentamientos locales, muchas veces agravados por las ingerencias extranjeras. La asociación de los incipientes partidos políticos de nuestro país con fuerzas similares argentinas y brasileñas fue tremendamente perjudicial para nuestros intereses como país en formación. Nuestra Patria estaba signada por la autonomía económica que le daba su puerto, por la oposición de intereses con Buenos Aires, por nuestra característica de colonia española frente a la lusitana, por la impronta federal del Jefe de los Orientales.

El siglo XIX, tiempo de nuestra afirmación y construcción nacional fue una época de terribles enfrentamientos locales, muchas veces agravados por las ingerencias extranjeras. La asociación de los incipientes partidos políticos de nuestro país con fuerzas similares argentinas y brasileñas fue tremendamente perjudicial para nuestros intereses como país en formación. Nuestra Patria estaba signada por la autonomía económica que le daba su puerto, por la oposición de intereses con Buenos Aires, por nuestra característica de colonia española frente a la lusitana, por la impronta federal del Jefe de los Orientales.

Desvanecido el sueño de las Provincias Unidas ante el rechazo de las Instrucciones del Año XIII por parte de la oligarquía bonaerense, se suceden episodios como el de 1825 y el de 1828, fecha en la cual la Convención Preliminar de Paz declara nuestra independencia. Luego, en 1830 la vertebración jurídica de la primera Constitución completaría este proceso. Pero una cosa es lo que digan los papeles y otra la que la elocuencia de los hechos, con su rotundidad, nos muestre en la vida real. Las pasiones despertadas en la Argentina por la lucha entre Unitarios y Federales, las sangrientas deudas de sangre que se generaban en un jacobinismo extremo, tarde o temprano tocaron nuestras costas y así, sin desearlo ni obteniendo de ello provecho, blancos y colorados nos enredamos en las causas vecinas.

La intervención europea sirvió para avivar y profundizar los pleitos entre orientales, hasta 1851. Las rivalidades políticas internas cobran en la década del cincuenta y del sesenta una tremenda ferocidad. No hay pleito entre nosotros, que no tenga en esos tiempos, la mácula de los intereses de otros trenzándose con lo que debieron ser cuestiones nacionales a resolver por los orientales. Quinteros deja su trazo trágico sucedido por ejecuciones y crueldades terribles. Así el sitio de Florida, el sacrificio de Párraga y sus compañeros y el episodio que a 150 años hoy recordamos del sitio de la Heroica ciudad ribereña del Río Uruguay y el sacrifico del General Leandro Gómez.

También en este terrible proceso que luego nos llevaría a la guerra del Paraguay hay intereses extranjeros, no solamente del Brasil y de la Argentina sino que también, y por razones comerciales de las naciones europeas. Por dos veces gobernantes de nuestro partido entonces denominado blanco, pagaron caro su criterio de mantener la neutralidad que convenía a nuestros intereses en la Guerra Grande y en el tiempo que evocamos. Oribe, Villademoros, Berro, Aguirre, Juan José de Herrera marcan un claro camino de dignidad.

Descripto el escenario de esos 25 años, haciendo un esfuerzo por no introducir en el relato factores partidarios, más allá de los inevitables, pretendemos en el día de hoy colocar el sitio, la defensa y el ajusticiamiento en un plano de relato histórico que pueda servir a los intereses patrios hoy y mañana. Por otro lado la historia ya ha emitido sentencia y la figura de Leandro Gómez es hoy- merecidamente- la de un héroe nacional.

La historia, maestra de la vida y luz de los pueblos, debe ser lección permanente para los orientales sobre todo cuando refiere a la situación geopolítica de nuestra patria y a las fuerzas e intereses que aún inciden en nuestra realidad. Ante todo la pequeñez relativa del Uruguay frente a sus vecinos, circunstancia incambiable en lo físico pero superable en tanto cuanto busquemos una fuerte unidad nacional, un claro sentido de los intereses nacionales frente a los vecinos y un celoso sentimiento de independencia.

Inmediatamente el ejercicio pleno de los derechos políticos y sociales, guiados por gobiernos legitimados por el sufragio pero marcando un estricta prescindencia de lo que puedan opinar políticos o partidos de la Argentina o del Brasil, que nada tienen que hacer en nuestro territorio ni en nuestros asuntos. Corolario de esta afirmación es la urgente revisión de los aspectos llamados “políticos” del MERCOSUR, tales como el pretendido “Parlamento” y los socios “políticos” que han bastardeado el Tratado originario y comprometido seriamente la independencia nacional. Todas las lecciones positivas y negativas de la historia señalan con uno u otro signo que el camino de la independencia se paga con vigilancia permanente y que el fallar o claudicar en este tema resulta caro a nuestros mejores intereses.

La epopeya de los treinta y tres días del sitio sanducero es un manantial de ejemplos heroicos. La aplastante superioridad de los sitiadores sobre los defensores no fue nunca determinante de las actitudes, más bien, en gesto de pura raíz hispánica - como en Numancia - los de la estirpe oriental se aferraron a un montón de escombros para defender el derecho soberano de nuestro país de decidir sobre su destino en forma absolutamente independiente. Un siglo y medio ha pasado y sin embargo sigue vivo el orgullo de orientales que animó a aquellos verdaderos héroes de la patria.

Para siempre Paysandú, ¡por siempre la Heroica!, la que cantan los poetas y recuerdan las guitarras alrededor de nuestros más queridos quereres. La que estremece el alma, la que fortalece la voluntad …

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