Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

"Nadie me ha pedido perdón"

En 1956 Alfred Hitchcock realizó El hombre equivocado sobre el caso real de un músico arrestado por el parecido con un asaltante.

"Al construir el film quise hacer lo contrario de las películas de género […] en las que se siguen los pasos del investigador que se esfuerza por liberar a un inocente." Por el contrario el verdadero culpable solo es descubierto por una casualidad y la película se centra en el desgarro moral de la víctima y el desbarranque síquico de su esposa; heridas permanentes y sin recuperación, provocadas por quienes no dudaron en identificarlo como el delincuente, tous les gens bien intentionnés como canta Georges Brassens en L’auvergnat,

La historia de Dolores Vázquez corre por esos cursos

Hija de emigrantes gallegos, criada en Gran Bretaña, actualmente vive en un pueblito al este de Londres. A pesar de haber sido liberada hace 17 años, aún le teme a los ojos de cualquier curioso español que la reconozca y con solo mirarla haga un gesto que su psiquis no pueda soportar. No atiende el teléfono salvo a media docena de personas. Al menos, ahora, no memoriza la matrícula de los vehículos que van detrás de ella. El último estudio psiquiátrico le dio un valor de 35, sobre 100. Dolores es apenas un 35% de sí misma.

Hace unos años, en 2013, hizo una de sus escasas apariciones públicas. Fue en un acto académico sobre "Presunción de inocencia y juicios paralelos." Su intervención no duró más de cinco minutos y los pasó en un mar de lágrimas. La expresión con la que interpeló a los académicos participantes fue: "Todavía, nadie me ha pedido perdón". El único que abrió la boca fue el fiscal Francisco Montijano: "Las voces de la calle tomaron partido y eso pudo ocasionar cierto vértigo. Los medios influyeron sobre los testigos y no se puede decir si fue para bien o para mal". Lo de Montijano es una disculpa que lo inculpa.

He aquí el caso. Sucedió en La Cala de Mijas, una pequeña estación balnearia en Málaga. Rocío Wanninkhof, de 19 años desapareció el 9 de octubre de 1999, luego de visitar a su novio, Antonio José Jurado. Su cadáver apareció en una zona cercana. Había sido apuñada con saña, luego rociada con nafta y quemada, por lo que fue imposible determinar si había sido violada.

Las pistas eran mínimas: las huellas de un vehículo antiguo, por el tipo de neumáticos y las declaraciones de un taxista que se presentó a la policía cuatro días más tarde, El hombre dijo que esquivó un vehículo todoterreno que se encontraba parado a contramano con las luces encendidas y que al cruzarse con él pudo oír un enorme "chillido o grito" que le hizo asustarse hasta el punto de subir rápidamente los cristales de las ventanas de su vehículo. A "les gens bien intentionnés", no le gusta meterse en líos.

La ronda de interrogatorios comenzó por el entorno de Rocío Wanninkhof. Luego del novio, Antonio José Jurado, se llamó a Dolores Váz-quez también muy cercana a la familia. Había sido pareja de la madre de Rocío y tenía con esta una relación muy afectuosa.

Sus coartadas eran contundentes. La noche del crimen Dolores estuvo cuidando a la hija y la madre de una sobrina. Hizo llamadas telefónicas, una de ellas de una hora y cruzó a comprar cigarrillos.

Pero las conferencias de prensa de la guardia y los medios ya tenían alguna carroña para alimentarse.

Se le arrestó y enjuició.

No hubo ninguna renuncia a integrar el jurado, algo muy poco habitual. Tous les gens bien intentionnés estaban ansiosas por participar del caso.

A falta de huellas dactilares, los detectives declararon que dos fibras correspondientes a la ropa deportiva que Dolores Vázquez vestía habitualmente se correspondían con fibras encontradas en el cadáver. Un examen posterior y serio demostra- ría la impropiedad de la actuación.

Respecto al tema del o los autos no pudo probarse contacto alguno entre la acusada y esos eventuales e ignotos vehículos, aunque el fiscal Montijano, el de las disculpas, manifestó que Dolores, "vive en una zona en donde residen muchos extranjeros y estos tienen costumbre de dejar las llaves puestas, por lo que pudo coger cualquier coche que su dueño hubiera dejado en tales condiciones".

Por lo demás se dedicó a descalificar a Dolores Váz-quez. Se centró en la pasada relación lésbica con la madre de Rocío y en la relación "paternal" que la acusada había tenido hacia Rocío. El juez no intervino para frenar este irregular curso del procedimiento.

La causal estaba servida: Rocío Wanninkhof no había aceptado las propuestas "indecentes" de Dolores y esta la asesinó por despecho.

Un hecho marca la altura moral de Dolores. Le prohibió a su abogado, usar un documento que pudo salvarla, quizás: una agenda que Rocío le regaló con esta dedicatoria: "Eres una chica tan guapa, tan simpática, tan amable, tan bella, y tan gordita. Que te he regalado esta libretita. Así te quiero tanto como este corazón y si no te quisiera se rompería como este. Para Loli de Rocío". Dolores se negó a divulgarlo para no exponer a la joven asesinada a las maledicencias que estaban a la orden del día.

El juicio fue expeditivo. El jurado popular —tous les gens bien intentionnés— se limitó a repetir literalmente las conclusiones del fiscal y en septiembre de 2001 declaró a la acusada culpable del asesinato. Dolores Vázquez paso diecisiete meses en prisión.

Su libertad se logró por una casualidad, como en El hombre equivocado.

En agosto de 2003, Sonia Carabantes, de 17 años fue asesinada en Coín —muy cerca de Mijas. El 18 de septiembre de 2003 una mujer se presentó a la policía y dijo que sospechaba de su exmarido, Alexander King, un británico residente en la localidad.

Las pruebas no solo fueron contundentes sino que los detectives habían pasado por alto que Alexander King acumulaba desde sus 19 años un largo prontuario: dos condenas y un total de 15 años de cárcel por una serie de agresiones sexuales en Londres. Salió de la cárcel en 1996 y cambió su apellido legal —Bromwich— por King y se estableció en la zona de sus dos asesinatos, donde además cometió al menos tres agresiones sexuales.

En julio de 2015 el Tribunal Supremo rechazó la petición de Dolores Vázquez de ser indemnizada con cuatro millones de euros, mediante un tecnicismo: Vázquez tenía que haber canalizado su recurso por la vía general del error judicial del artículo 293 y no por el artículo 294. Nadie le ha pedido perdón a Dolores Vázquez.

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