Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

El mérito, la sangre y algo más

La antigua palabra Nepotismo, se ha hecho "tendencia" en los últimos tiempos.

Sin embargo las densidades semánticas aplicadas al concepto han sido pobres, reducidas a la mala praxis en la atribución de cargos colocando a un familiar o promitente familiar por la ventana. Pero el asunto es mucho más complejo.

La novia del nene, pretextada causante del degüello del directorio de ASSE ha sido paradigmática de la definición arriba expuesta, mientras que el parlamento validó el nepotismo del nuevo titular de la institución, Dr. Marcos Carámbula, quien acepta que lo practicó con fruición en la Intendencia de Canelones, pero por delante estaba el mérito: sus parientes eran necesarios, capaces, leales y provisorios, puesto que se fueron con él. En consecuencia el nepotismo no necesariamente sería malo y la historia de las instituciones políticas y privadas lo avala con una milenaria práctica, condenada en unas sociedades, aceptada en otras.

Aquí vale la pena incluir otro inciso: el nepotismo no se agota en la consanguinidad o la familiaridad regulada por el registro civil. De lo contrario se empobrecería el rico universo nepótico dejando fuera, las concurridas amantes, los leales amigos, los acreedores de favores y hasta Incitatus, el caballo senador del emperador Calígula (12-41 d.C.).

Un caso bien interesante de este cuchillo de doble filo es el de Pisístrato, brillante tirano griego del siglo VI a. C., que gobernó Atenas en 561, 559-556 y del 546 a 528 a. C.

Había nacido en familia aristocrática ateniense cercana al célebre legislador Solón, se distinguió en la guerra contra Megara (c. 570-565) y cuando se retiró Solón, formó su partido, el de los diakrioi o hyperakrioi, integrado principalmente por gente humilde. Fue derrocado en sus dos primeros gobiernos, luego se exilió diez años, durante los que aprovechó su inteligencia para hacerse rico y volver a Atenas para tomar el gobierno por tercera vez derrotan-do de forma definitiva a sus enemigos en Palene, en el 549 a. C. Entonces, para proteger su poder y planes con Atenas, entregó la mayoría de los cargos políticos y públicos a sus familiares y amigos más cercanos. El mandatario lo hizo para que ninguno de los aristócratas atenienses tomara el poder, para volver a la sociedad desigual que querían los más ricos de Atenas.

Pisístrato gobernó con moderación y benevolencia y su obra fue positiva en todos los aspectos, entre los que le debemos agradecer que fuera el primero en pasar por escrito los poemas de Homero.

Sin embargo el nepotismo de Pisístrato naufragó contra una roca. A su muerte en el año 527 a. C., sus dos hijos, Hipias e Hiparco, se hicieron del poder y se convirtieron en tiranos en el sentido actual de la palabra, siendo derrocados por Clístenes quien estableció, en el 508 a.C. como principio básico de convivencia y política la "isonomía" o igualdad de todos los ciudadanos de Atenas ante la ley.

Fue la Iglesia católica la que nos legó la palabra nepotismo (del latín, nepos, "sobrino"). Claro los célibes consagrados no podían tener hijos, pero Dios les regalaba "sobrinos". La práctica recorría todo el clero, pero se hacía más notoria en las jerarquías. En la Edad Media aparecieron los cardenales nepotes y tuvieron su época de oro en el Renacimiento cuyo paradigma son los Borgia, hasta que fue prohibida por una bula de Inocencio XII, en 1692. Entre tanto el nepotismo estuvo en el origen de muchos papas.

Las casas reales europeas transformaron el nepotismo en un instrumento imprescindible para sus políticas de alianzas matrimoniales, para el gobierno y para su relación con la Iglesia que recibía segundones y bastardos con amplia generosidad. Algunos de los bastardos se convirtieron en pilares militares de los gobiernos de sus padres o hermanos, tales los casos de Rodrigo Borgia, hijo del papa Alejandro VI, quien no solo recibió innumerables títulos y beneficios de su padre, sino que fue su principal espada, tal como sucedió con el hermano bastardo de Felipe II, don Juan de Austria, vencedor de Lepanto en 1571.

El plebeyo Napoleón Bonaparte creó un verdadero ejército nepótico, y durante su apogeo, dice el historiador mexicano Juan Roberto Zavala: "le acompañaba otra satisfacción muy especial, que era como un camino paralelo a la felicidad: el amor y el apoyo material que con bienes de la nación, empleos y cargos públicos obsequiaba, sin importar sus méritos, a su madre, hermanos, familiares y amigos".

Su hermano mayor Luciano fue una excepción, en la actitud, no en los cargos recibidos. Fue un activo participante del 18 brumario que llevará a Napoleón al poder de modo que al fin y al cabo el deudor era el emperador y no al revés; los enfrentamientos fueron fuertes: "¿No temes que Francia se rebele contra el indigno abuso que tú haces del poder?", le reprochó. Pero a pesar de haber criticado su política de nepotismo y otros defectos —"Lo honro, lo respeto, lo admiro como jefe de gobierno, pero ya no lo admiro como hermano"— en la hora final, durante los cien días que terminan en Waterloo, Luciano, haciendo honor a la lealtad familiar mediterránea se apresuró a estar junto a su hermano.

La América hispana conoció tempranamente el nepotismo. Dice Saguier que "los séquitos de cortesanos y parientes traídos por los Virreyes y Gobernadores, [sentaron las bases de una] burocracia […] nepóticamente controlada, [por] la intensa endogamia o consanguinidad practicada por los grupos dominantes".

En suma, más que nepotismo, existen nepotismos. En ese sentido vale la pena leer un artículo publicado en la BBC por Matt Chittock (15 octubre 2015) "Nepotismo y amiguismo: lo bueno y lo malo de los favores en el trabajo".

Como cierre, me gusta esta cita del escritor e investigador mexicano Luis Eugenio Todd en Nepotismo, compadrazgo y amiguismo:

"Lo que importa es la calidad, no el parentesco. […] El suscrito es un crítico de los sistemas que se basan en hechos biológicos y no en la calidad o el perfil del funcionario. Por eso no me gustan las cuotas de género que ahora están de moda para obligar a que existan mujeres dentro de la administración pública, porque lo que me importa no es si una persona tiene cromosoma XX o XY, o es bisexual, lo que me interesa es que tenga las características para cumplir la posición que ocupa".

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