Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

El honor perdido

Christopher Jefferies actualmente tiene 72 años y vive en Bristol, Inglaterra. Las navidades de 2010 derribaron su vida tranquila.

Hasta entonces Jefferies era un querido, generoso y respetado vecino. Se había jubilado como profesor de literatura, pero mantenía una relación de colaboración con el instituto, tenía una preciosa biblioteca —que aun brindaba con generosidad a los estudiantes-- y gustos precisos y eclécticos en cine, música y literatura. Tocaba el clavecín y participaba en las actividades religiosas de la parroquia. Ciertamente era un solterón un poco amanerado, algo excéntrico y maniático y su buen gusto en la mayoría de las cosas no se aplicaban a su apariencia, particularmente a su manera de arreglarse el poco cabello que le quedaba: lo hacía al estilo Andy Warhol, procurando disimular la calvicie —si ello fuera posible— con largos mechones que acomodaba trabajosamente con laca en aerosol, aunque un tabloide diría que usaba el "pelo blanco excéntricamente descuidado", una calumnia infame según su estándar.

Vivía en un antiguo y bello edificio de dos bloques y tres plantas reciclado para apartamentos. Poseía, además del suyo, otros dos que alquilaba.

Uno lo ocupaba un joven ingeniero holandés, de 32 años, con su pareja; era especialista en manejo de la movilidad urbana. Se habían mudado allí en 2009. El otro, Joanna Yeates, una arquitecta paisajista de 25 años y su pareja, Greg Reardon, de la misma edad y profesión.

Pese a las edades y profesiones similares, ambas parejas no mantenían contacto.

El viernes 17 de diciembre Greg Reardon fue a pasar el fin de semana con su familia en Sheffield, a unas tres horas y media de automóvil. Al regresar, en la noche del domingo, la ausencia de Joanna llamó su atención. Más aun cuando encontró su cartera y las llaves sobre un mueble. Intentó llamarla por teléfono y el resultado fue aun más inquietante; sonó en el bolsillo de un sacón. Las investigaciones posteriores demostraron que el último rastro de la joven databa del viernes a las 20h.40, cuando una cámara de seguridad la filmó saliendo de una pizzería.

Todo indicaba que había sido secuestrada en su casa. El día de navidad, la policía encontró el cuerpo, enteramente vestido, en Failand, una localidad a 18 minutos de Bristol. Había sido estrangulada.

El caso movilizó a la policía como pocas veces en Bristol. No se dejó de lado ningún método, desde los pedidos de ayuda por Facebook a los más modernos recursos científicos. Se analizaron más de cien horas de videos de vigilancia, 293 toneladas de basura en la zona y se ofrecieron jugosas recompensas para quien aportara datos relevantes. El oficial de policía Phil Jones dijo que se analizaron 1300 informaciones verosímiles y 1000 pistas de investigación, entre ellas las de dos vecinos que dijeron haber escuchado gritos sobre las 21 hs. del viernes provenientes, quizás, del apartamento de Joanna Yeates.

El caso tuvo dos consecuencias paralelas. Por un lado una histeria colectiva: las propias autoridades contribuyeron aconsejando a las mujeres de no salir solas por las noches. Un diputado de Bristol, propuso que se tomaran muestras de ADN a toda la población.

La otra fue que los célebres tabloides sensacionalistas de Gran Bretaña encontraron un caso a su medida: El asesinato de una hermosa joven rubia, profesional exitosa, vendía mucho. El profesor de criminología, David Wilson, sostiene que el público británico ama el "whodunnit" (contracción de la pregunta Who has done it? o Whos done it?, "¿Quién lo ha hecho?"), bastión de gloria de la novela inglesa de Conan Doyle o Agatha Christie. "Es una cosa particularmente británica", agrega. "Fuimos la primera nación en utilizar historias de asesinatos para vender periódicos y esa cultura está más arraigada aquí que en otros lugares."

El "whodunnit" se hizo acuciante y pareció resolverse cuando poco después de la 7 hs del 30 de diciembre, apenas pasados cinco días desde el descubrimiento del cadáver, la policía arrestó a Christopher Jefferies, el excéntrico profesor jubilado, propietario del apartamento y por lo tanto poseedor de un juego de llaves. Además su inquilino holandés dio algunos datos que incriminaban al profesor.

Fue llevado a la comisaría mientras daban vuelta su apartamento en busca de pistas. Ante los resultados negativos se pidió una extensión de su arresto, otras 12 hs, y el 31 de diciembre otro periodo adicional de 24 hs. Luego lo liberaron bajo fianza. No sería hasta el 4 de marzo que la policía lo liberó de la misma y anunció que Jefferies ya no formaba parte de la lista de sospechosos.

Pero para entonces los tabloides ya habían llevado a cabo su obra de demolición. Su foto llenó tapas y más tapas; era un culpable lombrosiano. Cada una de sus peculiaridades pasó a ser prueba evidente. Su "pelo blanco excéntricamente descuidado" abonaba un carácter "raro, elegante, lascivo y espeluznante", según The Sun. "Solitario o enojado" agregó otro. Algunos ex alumnos, desde el anonimato, lo definieron, para el Daily Telegraph, como una especie de "profesor chiflado" mientras que el Daily Express informaba que era un fanático de las películas oscuras y violentas. Tampoco su biblioteca se salvó: La balada de la cárcel de Reading de Oscar Wilde o una novela policial del escritor victoriano Wilkie Collins, abonaban la misma tesis.

El 20 de enero, la policía arrestó a Vincent Tabak, su inquilino holandés, y este confesó ser el autor del crimen. Tabak sí tenía todos los componentes del sicópata sexual, pero no lo habían investigado.

Veinte días habían bastado a los medios para destruir la vida de un hombre de bien, cuyo único delito era un mal gusto para peinarse y la decisión de llevar una vida tranquila, rutinaria y algo solitaria.

Fue entonces que Christopher Jefferies decidió recuperar su honor perdido: demandó a los periódicos y obtuvo una indemnización por daños y perjuicios y la publicación de una disculpa como parte de la compensación moral explicando la raíz de su error: juzgaron a un hombre por ser diferente y no por los hechos.

Desde entonces, Jefferies es activo participante de una organización que denuncia de los excesos de la prensa.

En 2014 la BBC realizó una película en dos capítulos, The Lost Honour of Christopher Jefferies, que recibió el Bafta a la mejor miniserie y mejor actor protagonista. Puede verse en Netflix en una versión unificada.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)