Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

Esperpento y realidad

En 1926 Ramón del Valle Inclán publicó Tirano Banderas, considerada la obra cumbre del esperpento, un estilo literario que deforma y degrada sistemáticamente la realidad: “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos, dan el esperpento… Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo, son absurdas”.

En 1926 Ramón del Valle Inclán publicó Tirano Banderas, considerada la obra cumbre del esperpento, un estilo literario que deforma y degrada sistemáticamente la realidad: “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos, dan el esperpento… Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo, son absurdas”.

Valle Inclán encontró su inspiración y materiales durante dos largas estadías en México (1892 y 1921) y los siete meses de 1910 durante los cuales recorrió Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile y Bolivia. Su fuente de inspiración son los tiranos del siglo XIX, aunque también se remonta hasta Lope de Aguirre, personaje del siglo XVI.

Pero asimismo Valle Inclán nos adelanta, universaliza y prefigura a los posteriores sicópatas del poder como Franco, Trujillo, Somoza, Castro o el Che. Propone los rasgos arquetípicos del tirano.

Al primero de ellos lo llamaré “el don de su persona”, expresión del mariscal Petain, cuando asumió el gobierno títere de los alemanes.

El tirano asume su tarea como pesado deber. “Benemérito patricio, raro ejemplo de virtud y energía”, le llama un adulón y él responde: “Santos Banderas no tiene la ambición de mando que le critican sus adversarios […] ¡Crean, amigos, que para un viejo son fardel muy pesado las obligaciones de la Presidencia.!”

Francisco Franco probablemente encabezará la lista de estos quejosos enérgicos que se sacrifican con espartano rigor; su biografía está llena de testimonios al respecto. El general Millan-Astray lo expresó de modo esperpéntico cuando discutiendo con el conde Ciano, yerno de Mussolini, sobre cuál de sus dos líderes era más aguantador, le espetó: “¡Pues il nostro caudillo se pasa cuatorce hores in la mesa del trabaglio y non se levanta ni per meare!” En sus años de apogeo, Franco era capaz de dirigir personalmente el monumento a su megalomanía -el Valle de los Caídos- y sus adláteres le atribuían vocación y capacidad de arquitecto. Varios visitantes extranjeros fueron testigos de que era capaz de perorar con supuesta autoridad sobre cualquier tema.

Su medio paisano, Fidel Castro, no le ha ido en zaga y todo visitante que se precie halagará aún hoy su brillantez y actualización. José Mujica, en su peregrinación de enero de este año lo encontró “siempre centelleante, con las preocupaciones más diversas”, por ejemplo actualmente estudia “cuestiones técnicas que pueden dar solución a los problemas de ese importante renglón alimentario, [la ganadería]”.

Claro que para llegar a ese estadio de grandeza, el tirano hubo de llegar al poder y el medio ha sido la penosa tarea de imponer el terror. Dice Santos Banderas:

“El gobernante, llegado el trance de firmar una sentencia de pena capital, puede tener lágrimas en los ojos, pero a su mano no le está permitido temblar.”

Respecto a Franco, comenta Paul Preston: “A pesar del mito del Caudillo incansable y compasivo atormentado hasta bien entrada la noche por las sentencias de muerte, la realidad era mucho más prosaica. […] después de comer, ante un café o incluso en el coche […] hojeaba y firmaba, las sentencias, a menudo sin leer los detalles”, aunque se aseguraba y abstenía de cometer una piedad.

Fidel y el Che Guevara eran menos solemnes en sus procedimientos. El Che, el de la frase “endurecerse sin perder la ternura”, solía mandar al paredón escribiendo una nota breve y terminante: “Dale aspirina”. Las razones podían ser nimias, como el caso de un pobre muchacho que, para seducir muchachas, se hacía pasar por el Che. Es Fidel quien cuenta el caso: “¿Quieren cosa más grande? Fue directo, no se le hizo juicio. Lo fusilamos”.

El Tirano es austero. Dice Santos Banderas “que el día más feliz de su vida será cuando pueda retirarse y sumirse en la oscuridad a labrar su predio”.

Franco se consideraba a sí mismo como un ejemplo de austeridad: no bebía, no fumaba, no era mujeriego, no era ostentoso en el vestir y usaba unos bastos zapatos militares. En eso, Fidel no le va en zaga, siempre vistió el uniforme militar hasta que se pasó a un descuidado equipo deportivo.

Sin embargo, Juan Reinaldo Sánchez, un exguardaespaldas, cuenta que “no muchas personas en el mundo pueden decir que tienen una marina privada con cuatro yates, un bote de pesca y más de cien hombres que cuidan esas propiedades. Nadie en Cuba sueña con tener un coto de caza personal, más de veinte residencias que yo conocí y una isla privada”.

Exactamente lo mismo, palabra más palabra menos, se aplica a Francisco Franco.

El tirano no solo utiliza la bala que fusila sino que conoce bien los beneficios de la “bala de plata” que compra conciencias. Dice Banderas

“Las revoluciones, para acabarlas de raíz, precisan balas de plata. […] Esas, amigo, que van calladas, son las mejores. En toda revolución hay siempre dos momentos críticos: El de las ejecuciones fulminantes, y el segundo momento, cuando convienen las balas de plata”.

Anastasio Somoza sentenció: “Plata para los amigos, palo para los indiferentes, plomo para los enemigos”.

Dice Preston que Franco sabía a ciencia cierta el valor que tenía “…un empleo en una empresa estatal, una condecoración, una licencia de importación o simplemente una caja de puros”.

Las nomenclaturas, los beneficiarios del régimen saben que le deben su buena vida al tirano, tanto como de su precariedad y como una bala de plata puede convertirse en una de plomo.

En este siglo XXI americano, parecería que, salvo los Castro, poco lugar queda para Santos Banderas. Las nuevas sicopatías del poder, sobre todo las hijas del Foro de San Pablo, quizás no tengan el terror y el fusilamiento como recursos, mientras no sean necesarios, al menos. Quizás las autocracias hayan dejado lugar a otros aparatos de poder. Lo que no caduca es “el don de su persona” y “la bala de plata”, menos aun el esperpento, espejo cóncavo convertido en única realidad para los adoradores del Tirano Banderas.

Por estos días ni siquiera el talento y la licencia literaria de un Valle Inclán podrían hacer verosímiles a Hebe de Bonafini y Víctor Hugo Morales; Cristina y Néstor; el Parlasur y los chillones parlamentarios bra-sileños; Joselo López, José López y la hermana Inés; Chávez, Maduro y el pajarito; Mujica, Lucía y Raúl; Evo Morales y los pollos; Fidel, sus 90 años y su puro de cumpleaños de noventa metros que bate el libro Guinness; el Pit-Cnt, el Fo-ro de San Pablo y Donald Trump.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)