Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

Dirigentes, decencia y wines

Al fútbol de hoy le faltan tres cosas: dirigentes, decencia y wines” (punteros), decía, hace muchos años, el periodista argentino Dante Panzeri. Probablemente no hayan corrido suficientes ríos de tinta para referirse a los múltiples aspectos de la relación entre política y fútbol, particularmente desde la perspectiva de la Historia.

Al fútbol de hoy le faltan tres cosas: dirigentes, decencia y wines” (punteros), decía, hace muchos años, el periodista argentino Dante Panzeri. Probablemente no hayan corrido suficientes ríos de tinta para referirse a los múltiples aspectos de la relación entre política y fútbol, particularmente desde la perspectiva de la Historia.

El primer peronismo expresa densamente esa intersección.
Fiel a sus maestros, el deporte fue para Perón una herramienta de propaganda que se aplicó particularmente a los competidores olímpicos, el boxeo y el automovilismo. Las medallas internacionales abundaron por aquel entonces. En cambio el fútbol le interesaba poco. Era hincha de Boca, aunque astutamente dejó correr la versión de que Racing era su cuadro. Controló el fútbol a través de la AFA y de una larga lista de ministros, secretarios y legisladores que se convirtieron en dirigentes. También lo mantuvo en un absoluto aislamiento internacional. Valentín Suárez explicó que se renunció a participar en los mundiales de 1950 y 1954 porque no pudieron dar las garantías de triunfalismo deportivo exigidas por Perón. Tenía porque saberlo, fue presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) entre 1949 y 1953 y alto funcionario peronista.
Racing de Avellaneda, uno de los grandes, que había ganado 9 campeonatos, 7 en forma consecutiva, durante el período amateur, estaba estancado desde 1925. Ramón Cereijo, el poderoso ministro de Hacienda, le devolvió la gloria a tal punto que pronto corrió el mote de “Sportivo Cereijo”.

En 1946 Racing recibió un préstamo estatal de once millones de pesos, pagaderos en un plazo “no mayor a los 65 años”, para iniciar las obras de su estadio, que se llamaría, y se llama, Presidente Juan Domingo Perón. Fue inaugurado el 3 de septiembre de 1950. Pero un estadio sin triunfos no sirve, de modo que el diligente ministro de hacienda trabajó para conformar un gran equipo. La primera ayuda fue inesperada: en 1948 estalló una huelga de jugadores y el campeonato se terminó con carneros y juveniles y las principales estrellas emigraron hacia la millonaria liga pirata de Colombia, salvo las de Racing.

Cereijo apeló al palo y la zanahoria: Por un lado, mediante un decreto, exigió un certificado que le permitía negarles el pasaporte. Al mismo tiempo les pagaban buenos salarios, suculentos premios y se les otorgaban privilegios tales como cuotas preferenciales para importar u obtener productos internos restringidos, un buen medio para hacerse de “algunos garbancitos más”. También presionó a otros clubes para que les “vendieran” sus jugadores e intervino para repatriar desde Italia al gran goleador Mario Boyé, “mediante una turbia maniobra que enriquece nuestro acervo de cosas futbolísticamente negras”, dictaminó Panzeri. Según el puntero izquierdo de aquel equipo, Ezra Sued, “a los jugadores de Racing no nos hacían faltar nada. Usted estornudaba y le limpiaban la nariz.”

El Racing de Cereijo ganó los campeonatos de 1949 y 1950. Durante el de 1951, que le podría dar el primer trienio del ciclo profesional, se le cruzaron un sorprendente Banfield --cuadro chico y modesto—y Eva Perón.

Según Valentín Suárez, “La señora no sabía nada de fútbol. Tenía un desconocimiento total y solamente iba a la cancha para ver partidos infantiles o de la Selección.” Quizás por influencia de Suárez, presidente de la AFA, hincha de Banfield y su antiguo colaborador en la Secretaría de Trabajo; quizás porque encontró una buena parábola política si un cuadro chico derrotaba al poderoso Racing, lo cierto es que Evita puso manos a la obra.

El 28 de octubre de 1951 Boca, muy disminuido, debía enfrentar a Racing. Evita recibió a los jugadores antes del partido y les dijo: “Si le ganan a Racing vénganme a ver.” Ganaron el domingo y el lunes fueron a verla: les dio una orden para un auto a cada uno; quizás no implicara un regalo total, pero era un beneficio difícil de obtener. El 5 de noviembre fue operada por primera vez del cáncer que se había manifestado a principios del año; así y todo tuvo tiempo para llamar a Cereijo y comunicarle sus deseos. El ministro tragó saliva y salio del apuro como pudo.

El asunto se puso espeso cuando al final del torneo Racing y Banfield terminaron igualados en 44 puntos. Habría dos finales; las más politizadas de la historia de los campeonatos argentinos.
Cereijo se reunió con sus jugadores en el restaurante El Sorrentino y les informó de la tensa reunión, que la Señora prefería que el campeón fuera Banfield y concluyó: “Muchachos, a mí me puede costar mi posición, pero ustedes ganan.” Para respaldar sus palabras les prometió, como premio, la recaudación de los dos partidos. Mario Boyé no dudó: “Muchachos, yo tengo dos pibes y esa guita no me la hace perder nadie”.

El golero Antonio Rodríguez se presentaba como candidato peronista a la intendencia de Vicente López en las elecciones del 11 de noviembre. De modo que optó por la fidelidad a Evita y pretextó una lesión para no jugar las finales.

Mientras tanto, en otro restaurante los jugadores de Banfield se encontraron con Alejandro Apold, el poderoso secretario de prensa y difusión. Se sentó a la cabecera de la larga mesa y dijo: “Vengo por expreso pedido de la señora Eva Perón para brindarle todo el apoyo moral a Banfield y desearle el éxito.” También ofreció un coche a cada uno si salían campeones. Empataron la primera final 0 a 0; el 5 de diciembre fue la revancha. Buenos Aires se llenó de altavoces en las calles para seguir el partido, las entradas se agotaron; en las tribunas, Banfield tenía miles de hinchas prestados.

Mario Boyé definió el partido con un gol al minuto del segundo tiempo, Racing fue tricampeón, Ramón Cereijo se quedó sin cargos en el segundo gobierno de Perón, Antonio Rodríguez fue electo intendente y se convirtió en el primer futbolista en dedicarse a la política. Evita murió el 26 de julio de 1952.

“El fútbol fue siempre sucio. Mejor dicho, nunca fue totalmente limpio,” dictaminó Dante Panzeri. No obstante es capaz de sobrevivir a su entorno y mostrarse como un arte plástico, imprevisible y cautivador, aun para aquellos que sufrimos por su falta de limpieza.

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