Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

El debate y la hoguera

Para Michel de Villeneuve, 1548 fue un año fasto: se le otorgó carta de naturalización francesa –era español--, es uno de los notables de la ciudad y médico personal del docto arzobispo de Vienne, Pierre Palmier.
Michel de Villeneuve es, en realidad, Miguel Serveto o Servet, requerido por la inquisición española, condenado a muerte por una corte parisina, notable farmacólogo, además de médico, geógrafo, astrólogo, matemático, gramático, pedagogo y, sobre todo, controvertido teólogo. Miguel, el único denominador común en su larga lista de nombres usados o atribuidos, nació en Villanueva de Sigena, provincia de Huesca, el 29 de septiembre de 1511, hijo de un noble notario y Catalina Conesa, perteneciente a una rica familia judeoconversa, cercana a la corte.
A los quince años entró al servicio del confesor de Carlos V: fray Juan de Quintana, un humanista que introduce al joven en las nuevas ideas. Salvo un período hacia 1526, en el que estudio derecho en Toulouse, acompaña a su ment

Para Michel de Villeneuve, 1548 fue un año fasto: se le otorgó carta de naturalización francesa –era español--, es uno de los notables de la ciudad y médico personal del docto arzobispo de Vienne, Pierre Palmier.
Michel de Villeneuve es, en realidad, Miguel Serveto o Servet, requerido por la inquisición española, condenado a muerte por una corte parisina, notable farmacólogo, además de médico, geógrafo, astrólogo, matemático, gramático, pedagogo y, sobre todo, controvertido teólogo. Miguel, el único denominador común en su larga lista de nombres usados o atribuidos, nació en Villanueva de Sigena, provincia de Huesca, el 29 de septiembre de 1511, hijo de un noble notario y Catalina Conesa, perteneciente a una rica familia judeoconversa, cercana a la corte.
A los quince años entró al servicio del confesor de Carlos V: fray Juan de Quintana, un humanista que introduce al joven en las nuevas ideas. Salvo un período hacia 1526, en el que estudio derecho en Toulouse, acompaña a su mentor en el séquito del Emperador Carlos V y participa de su coronación por el papa Clemente VII, en 1529.

Seducido por la Reforma, en 1530 comienza un largo peregrinaje por Europa central. Como a tantos teólogos, desde los tiempos tempranos del cristianismo, el tema de la Trinidad lo desvela. Cree que el dogma de un Dios en tres personas es un invento nefasto de la filosofía griega y que Jesús es, lógicamente, posterior al Padre En 1531, tiene solo 20 años, publica Sobre los errores acerca de la Trinidad en siete libros, seguido por otras dos obras sobre el mismo asunto. Envió un ejemplar a Erasmo, y otro al arzobispo de Zaragoza, quien no tardó en pasar la obra a la Inquisición, que lo puso a la cabeza de una lista de cuarenta fugitivos. Además de inteligencia, no le faltaban ni la convicción ni la tenacidad ni el afán por debatir, que al final le costarían la vida. Al año siguiente, con el nuevo nombre de Michel de Villeneuve, se instala en Paris para estudiar en la Universidad. Por esos mismos días también se encontraban en ella Juan Calvino e Ignacio de Loyola; se ignora si tuvo contacto con ellos, pero es muy posible.

Su éxito es notable: en 1533 es profesor de matemáticas en el colegio de “los Lombardos” de París, en 1535 le encargan la publicación y anotación de la Geografía de Tolomeo y ediciones de la Biblia. En 1537 ingresa a la Facultad de Medicina y al poco tiempo publica un Tratado Universal de los Jarabes que lo ubica entre los fundadores de la moderna farmacopea. Lógicamente, produce envidias y enemigos. En 1538 se le hace un juicio donde se le imputa, entre otras acusaciones, la práctica de disecciones de anatomía, aun prohibidas. Se le condena a muerte pero amigos cercanos al rey Francisco I intervienen para que se le levante la pena. Servet abandona Paris y no publicará más con sus nombres conocidos. Deambula por varias ciudades francesas hasta que en 1541 encuentra al obispo Pierre Palmier, que lo lleva consigo a Vienne.

Durante los siguientes doce años llevará una doble vida: medico exitoso y personaje notable de la ciudad mientras prepara en secreto su obra fundamental: Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo). En 1546 envía un borrador a Calvino. Entre sus tesis más destacadas Servet sostenía que el alma, emanación de la Divinidad, habitaba en la sangre. Para probarlo apela a una noción científica: la circulación pulmonar o circulación menor de la sangre. Servet fue el primer europeo en describir el proceso, si bien su descubrimiento pertenece al médico árabe Ibn al-Nafis en una obra de 1242. La condena teológica de su obra ocultaría el descubrimiento hasta la publicación de los trabajos de William Harvey, en 1616.

La circulación menor traduce un concepto teológico que Calvino no puede aceptar: la cercanía del hombre con Dios, opuesta a su idea del hombre, temeroso y miserable ante la grandeza divina. Calvino responde enviándole su obra magna: Institución de la Religión Cristiana. Servet se lo reenvió lleno de anotaciones críticas. Calvino cesó la correspondencia y escribió a un amigo: “Servet acaba de enviarme... un extenso volumen de sus desvaríos. Si consiento, vendrá aquí [a Ginebra], pero no daré mi palabra; pues si viniera, y si mi autoridad de algo vale, no toleraré que escape vivo.”

Servet publicó Christianismi Restitutio en 1553 bajo el seudónimo de “ M.S.V.”, fácil de descifrar para los entendidos: Miguel Servet Villanueva. El libro fue distribuido ampliamente. Entonces, un amigo de Calvino, Guillaume de Trie, envió la correspondencia entre Calvino y Servet a la Inquisición católica de Lyon. El 4 de abril de 1553 fue detenido, pero con la ayuda de sus amigos logró escapar. De todos modos fue condenado a la hoguera y quemado en efigie.

En su huida Servet toma una decisión sorprendente. Se dirige a Ginebra, sede de Calvino. Los historiadores se han preguntado el porqué de esa decisión fatal. Es probable que este hombre, excesivo en toda su personalidad, cayera en la pretensión de litigar teológicamente con Calvino sin tener en cuenta que se enfrentaba menos a un hombre que a un orden político teológico.

Los sucesos posteriores alimentan esta hipótesis. Apenas llega se presenta en la iglesia donde predicaba Calvino; es un desconocido, un extranjero, un sospechoso; lo detienen y lo reconocen. Era el 13 de agosto de 1553. El juicio comienza inmediatamente y durará hasta el 26 de octubre. Las condiciones de detención son lamentables, aunque le dan todo el papel y todos los libros que pide para preparar su defensa. Servet quiere debatir con Calvino y exige su presencia: “Estaré contento de morir si no le convenzo. […]. Os pido Justicia, Señores, Justicia, Justicia, Justicia.”

Fue condenado y sentenciado a morir en la hoguera y su ejecución fue particularmente cruel; usaron leña verde, prolongando sus sufrimientos durante dos horas. Calvino argumentó que había pedido sólo la decapitación, también se dirigió al Consejo de Ginebra pidiendo autorización para refutar las opiniones de Servet, que ya no podría defenderse.

En 1770, Voltaire escribió que en su disputa “Calvino pasó a las injurias y de éstas a ese odio teológico, el más implacable de todos los odios”.



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