Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

Castellio contra todos

El 27 de octubre de 1553, Miguel Servet, teólogo y científico español, fue quemado en la hoguera de la Ginebra calvinista. Como su doctrina sobre la Trinidad era condenada tanto por católicos como reformadores, apenas hubo voces que se levantaron contra ese crimen; Sebastián Castellio –que no compartía sus tesis-- fue una de las excepciones.
La Historia se ha interesado poco por este hombre lúcido y justo. Una tesis de Ferdinand Buisson, publicada en 1892 y Castellio contra Calvino de Stefan Zweig, escrita no casualmente en 1936, fueron las únicas fuentes disponibles hasta la publicación de algunos estudios recientes como el de Hans R. Guggisberg en 2003.

El 27 de octubre de 1553, Miguel Servet, teólogo y científico español, fue quemado en la hoguera de la Ginebra calvinista. Como su doctrina sobre la Trinidad era condenada tanto por católicos como reformadores, apenas hubo voces que se levantaron contra ese crimen; Sebastián Castellio –que no compartía sus tesis-- fue una de las excepciones.
La Historia se ha interesado poco por este hombre lúcido y justo. Una tesis de Ferdinand Buisson, publicada en 1892 y Castellio contra Calvino de Stefan Zweig, escrita no casualmente en 1936, fueron las únicas fuentes disponibles hasta la publicación de algunos estudios recientes como el de Hans R. Guggisberg en 2003.

Sebastián Castellio, su nombre más conocido, aunque también puede encontrársele como Châteillon, Chatillon, Chasteillon o Châtillon, nació en el sureste de Francia en 1515 de una familia modesta. Tuvo un mentor que reparó en su extraordinaria inteligencia y financió sus estudios en Lyon, donde recibió una formación humanista y erudita. Abrazó la Reforma, seducido por los escritos de Calvino y espantado por las barbaridades de la Inquisición católica. El reformador no solo lo acogió entre sus acólitos sino que le encomendó la misión de dirigir la principal institución educativa de la ciudad de Ginebra.

Castellio es una pluma luminosa, un espíritu claro destinado a la comprensión de Dios y un excelente lingüista que domina el griego, el latín y el hebreo. Sin embargo algunas de sus virtudes le juegan en contra.

Por un lado no tiene empacho en dar sus opiniones al maestro. Según Jacques Roubaud, Castellio “está convencido que la razón es hija de Dios, que existía antes que las letras y los ritos; cuando el mundo sea cambiado y renovado la razón seguirá existiendo. No es posible abolirla porque sería suprimir al mismo Dios.” Una tesis demasiado liberal para Calvino. Por otro lado procuró alertar a su maestro sobre los peligros de un entorno adulador sin reparar que éste, como es habitual entre los poderosos, tenía debilidad por los aduladores y no admiraba la franqueza.
Su consideración en la cúpula calvinista no mejoró cuando la peste atacó Ginebra en 1542 y 1543. Mientras buena parte de los pastores no se acercaban a reconfortar a los enfermos, Castellio no dudó en hacerlo. Su heroicidad le ganó menos admiración que maledicencia.

En 1544 se vio obligado a dejar Ginebra y refugiarse en Basilea, por entonces un lugar seguro para los exiliados y disidentes. Pero la vida se le hace difícil --tiene ocho hijos-- y las traducciones de griego y latín que realiza para algunos editores son insuficientes para mantener a su numerosa familia.

Había roto con el calvinismo, no se sentía luterano, menos aún católico. Tampoco le gustaban las sectas radicales que proliferaban en aquel tiempo. De modo que Castellio practicó su fe en el reducido espacio familiar. Tampoco se vinculó a la vida cívica de la ciudad, aunque mantenía una fluida correspondencia con humanistas y heterodoxos de toda Europa, aunque pocos compartían sus ideas. Su suerte cambió en 1553 cuando obtuvo la cátedra de griego en la Universidad de Basilea. Ahora puede mantener bien a su familia y dedicar su tiempo al trabajo intelectual.

Apenas había asumido cuando se produce la ejecución de Miguel Servet. Castellio publica, con el seudónimo de Martin Bellius, Tratado de los heréticos, donde demuestra, incluso con citas del mismo Calvino, que la Reforma se contradice a sí misma cuando persigue la disidencia, le sigue Contra el libelo de Calvino (1554).

En 1555 publica una traducción de la Biblia al francés coloquial: “un lenguaje común” destinado al “pueblo simple”. Calvino, entre otros se apresura a condenarla como un verdadero sacrilegio. Ese mismo año publica La impunidad de los heréticos, en el cual puede leerse su cita más célebre: “Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet no defendieron ninguna doctrina, sacrificaron a un hombre. Y no se hace profesión de la propia fe quemando a otro hombre, sino únicamente dejándose quemar uno mismo por esa fe. [...] Servet combatía mediante razones y escritos; con razones y escritos debía combatírsele.”

Más adelante dirá: “No debemos dispensarnos del ejercicio de la razón porque la enseñanza divina, tal como nos ha sido revelada por la Biblia, contiene cosas perfectamente claras, pero también oscuridades que alimentan los caminos divergentes. […] Podría citar un millar de ejemplos que muestran como Dios ha dejado, voluntariamente, oscuridades en la Biblia.” Su intento de respuesta es el siguiente: “¿Por qué Dios no deja el alimento en el nido de los pájaros como lo puso en el suelo para los árboles? ¿Por qué les dio alas para que vayan a buscar su alimento?

Porque Él no quiere que sean perezosos. Este mismo principio vale para la doctrina de las Escrituras. Dios ha dejado oscuridades para ejercitar a los hombres, para hacer que su espíritu, como su cuerpo, gane el pan con el sudor de su frente.”Esta apología del razonamiento le lleva a concluir que “la elección de una u otra religión debe ser absolutamente libre.” Una libertad amplia: “Que los judíos o los turcos no condenen a los cristianos, y que tampoco los cristianos condenen a los judíos o a los turcos... y nosotros, los que nos llamamos cristianos, no nos condenemos tampoco los unos a los otros...” Para Castellio, la vida del cristiano debe ceñirse a las enseñanzas de la Biblia, principalmente los Diez mandamientos y El sermón de la montaña.

En 1562, al comienzo de las Guerras de Religión en Francia publica Consejos a la Francia desolada, otra viva protesta contra la violencia religiosa. “El día del juicio final, serán muchos los condenados por haber matado inocentes, ninguno por no haber matado a nadie.” Sebastián Castellio murió a la edad de 48 años, “arrebatado por la bondad de Dios a las garras de sus adversarios”. Sus estudiantes se encargaron de enterrarlo mientras sus enemigos lograban impedir la difusión de su obra . Stefan Zweig escribió en el capítulo final de Castellio contra Calvino: “El mundo es improductivo y estéril cuando no está lleno de alegría ni estimulado por la práctica de la libertad.”


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