Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

Las cadenas de terciopelo

Hace mucho que una pregunta me angustia y me duele, auténticamente: ¿Como es posible que muchos viejos amigos de mi juventud, gente proba y sana siga creyendo en el Frente Amplio? 

Y la reduzco explícitamente a viejos amigos, gente de mi edad, de la generación del 68, los que como jóvenes participamos del alumbramiento del Frente Amplio.

Por razones generacionales doy por excluidos a todos los demás y por razones morales a los especialistas en el escalafón pos electoral, los que siempre se salvan con un puesto o un contrato artístico y con una buena jubilación cuando el Frente pierda. De estos no he tenido amigos, apenas ex compañeros de ruta y conocidos. Vuelvo a la pregunta: ¿Porqué esa buena gente sigue poniendo su voto en la urna con la ilusión apenas erosionada por la retahíla de infamias que le ha ofrecido la ahora llamada "fuerza política"? Hace unos días un amigo, cuyo nombre omito porque prefiero encarnar en él a todos aquellos viejos compañeros, me permitió imaginar una probable respuesta, ignoro si la única, pero sólida: la memoria es una cadena forrada de terciopelo. El amigo en cuestión publicó en Facebook un texto, bien escrito, que tiene tres partes claras. La primera la añoranza por los viejos tiempos; la segunda, el inevitable desencanto y la tercera la reafirmación de la esperanza en el Frente Amplio.

Comienza por la añoranza del día en que, como militante de las Juventudes Comunistas, le tocó participar de la fundación del Frente Amplio, en la discreta función de portero. Cito textualmente: "Así terminamos en la puerta interior del Palacio Legislativo de porteros, recibiendo las invitaciones de los que venían a fundar el FA, viendo pasar a aquellos tipos que admirábamos llegar sonrientes y esperanzados." "Cuando todos habían entrado, nos mandamos para la sala donde alrededor de una mesa enorme, los dirigentes de esa época le daban forma a la nueva fuerza política. Quedé al lado de un trabajador con su mono de fajina, hacía mucho calor y el tipo se sacó el saco, aunque sea redundante y se quedó en camisilla. Lo mire, seguramente medio raro y recuerdo su sonrisa y sus palabras, Ahora mandamos nosotros."

"Nos fuimos a tomar grapa con limón a un boliche con el Flaco Baz, que nos dijo Hoy festejamos con grapa, en noviembre lo hacemos con whisky".

Yo tengo una vivencia similar aunque menos vistosa. En el acto final del 24 de noviembre de 1971 mi partido me mandó a la cadena de seguridad que protegía el centro del evento. Estuve todo el acto sobre la entonces Avda. Agraciada y Venezuela, donde hoy está el IPA, brazo con brazo con un veterano comunista, notoriamente emocionado. Viendo la gigantesca multitud, el viejo militante dejaba caer algún lagrimón, convencido de estar a las puertas del gobierno. Yo pensaba en mi abuelo, comunista, y lamentaba que no estuviera allí; había muerto apenas unos meses atrás.

Es frecuente que en las reuniones de viejos amigos, por encima de nuestras posiciones actuales, surjan estas nostalgias y memorias. Como dijo una vez Felisberto Hernández: parecemos viejas bataclanas mostrando su álbum de recortes.

La primera parte del texto del amigo se cierra así: "En noviembre se nos cayó parte de la ilusión y tardamos mucho en festejar, antes sufrimos y demasiado, perdimos compañeros, se deshicieron familias, torturados, presos, exiliados, pero La luz puntual al final del camino a la que se refería Seregni se alcanzó."Pero a la hora del triunfo frentista del 2004 ya se habían escrito muchas páginas en el libro de la Historia y nuestros caminos se habían bifurcado quizás para siempre. Borges tiene un maravilloso cuento filosófico: La busca de Averroes, en el que el sabio cordobés, a quien tanto debemos sobre el conocimiento de Aristóteles, fracasa en la comprensión de dos conceptos de la Poética: Tragedia y Comedia. "Es el caso de un hombre —dice Borges— que se propone un fin que no está vedado a los otros, pero sí a él. Recordé a Averroes, que encerrado en el ámbito del Islam, nunca pudo saber el significado de las voces tragedia y comedia." El Islam desconocía el teatro, tan fundamental en la cultura griega y en la reflexión aristotélica, por lo tanto Averroes tenía vedada la comprensión de las voces que lo nombran.

Como a Averroes, a nosotros, jóvenes ciudadanos de una democracia, en 1971 nos estaba vedada la experiencia de la falta de libertad, del estado policíaco y todas las aberraciones que conlleva. En medio de la dictadura me fui a Europa y allí comencé a comparar, merced a compañeros de facultad venidos de los países socialistas que los gestos del miedo cotidiano y el horror como una espada de Damocles, eran los mismos: la misma burocracia, la misma corrupción, los mismos abusos impunes del poder sin contrapeso. Que cualquier idiota podía humillarnos y que la muerte civil y real estaba a la vuelta de la esquina. Fue entonces cuando decidí que jamás haría concesiones a quienes renegaran de la libertad en su más amplia expresión. Volví, durante un tiempo quedé atado a ciertos compromisos pero mi corazón y mis actitudes ya estaban fuera del Frente Amplio. Juan Pablo Terra y Hugo Batalla terminaron de liberarme.

En la segunda parte, este amigo, eco de tantos viejos amigos, pasa revista, con justificada bronca a las perversiones actuales de su partido y reconoce que sus desencuentros con el FA son muchos: "Sé que todo ha cambiado, que el mundo no es el mismo, que las teorías están cuestionadas, que hay tipos que destruyen el sueño con su arrogancia, atropellando pueblos mientras enarbolan banderas de izquierda, pero yo sigo con mi adhesión emotiva y cada 5 de febrero me vuelve la ilusión de que se pueden cumplir al menos, parte de aquellos sueños."

He aquí la tercera parte, la de las cadenas forradas de terciopelo: "me vuelve la ilusión". Cuando la memoria, esa forma a la que apelamos para "ser la medida de todas las cosas" diría Protágoras, cumple la función de adornar la ideología, el hombre vive una cárcel de larga duración; no es libre y como dice Albert Camus "la libertad no es la esperanza en el futuro. Es el presente y la sintonía con los seres y el mundo en ese presente."

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