Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

Las almas bipolares

La historia de este artículo tuvieron su primera versión en esta misma columna el 13 de marzo de 2010. Pero varias intervenciones del Senador Baraibar sobre la conferencia cumbre de la Celac en Cuba, me lleva a reeditarlas. Entre varias tonterías para justificar el menosprecio del Frente Amplio por la oposición democrática en Cuba, mencionó que “Barack Obama le dio la mano a Castro en el sepelio de Mandela.” Me refiero a este legislador por varias razones: No es la primera vez que saca la cara por su partido en este asunto, aunque se supone que pertenece al ala moderada y democrática. Por otro lado es alguien que conoce en carne propia la lucha por los derechos humanos durante la dictadura uruguaya puesto que sus hermanos, parientes y amigos sufrieron tanto la persecución política y el exilio como la solidaridad de países democráticos, a pesar de “los usos adecuados en la diplomacia”. Por último, quien esto escribe, Baraibar y el protagonista de la historia pertenecíamos en esos años a

La historia de este artículo tuvieron su primera versión en esta misma columna el 13 de marzo de 2010. Pero varias intervenciones del Senador Baraibar sobre la conferencia cumbre de la Celac en Cuba, me lleva a reeditarlas. Entre varias tonterías para justificar el menosprecio del Frente Amplio por la oposición democrática en Cuba, mencionó que “Barack Obama le dio la mano a Castro en el sepelio de Mandela.” Me refiero a este legislador por varias razones: No es la primera vez que saca la cara por su partido en este asunto, aunque se supone que pertenece al ala moderada y democrática. Por otro lado es alguien que conoce en carne propia la lucha por los derechos humanos durante la dictadura uruguaya puesto que sus hermanos, parientes y amigos sufrieron tanto la persecución política y el exilio como la solidaridad de países democráticos, a pesar de “los usos adecuados en la diplomacia”. Por último, quien esto escribe, Baraibar y el protagonista de la historia pertenecíamos en esos años a la Democracia Cristiana. Con excusas por la larga introducción, esta es la historia.

En 1982, Augusto Roa Bastos, el más célebre de los escritores paraguayos volvió a Asunción. Había vivido en el exilio, con intermitencias, desde 1947. A las pocas horas fue expulsado con orden de no regresar al país, aunque la dictadura de Stroessner dijo que “optó por salir,“ por su propia voluntad.

Al poco tiempo, el ministro del Interior, Sabino Montanaro dijo que los políticos exiliados podían “regresar al Paraguay individualmente, pero no en grupo” (…) excepto uno al que calificó de “desequilibrado mental e incitador de la rebelión” y otro al que vinculó con el comunismo”. Este último era Roa Bastos, el otro Luis Alfonso Resck, dirigente de la coalición opositora Acuerdo Nacional. Ambos tenían en su haber cuarenta años de oposición a los sucesivos dictadores, desde Higinio Morínigo a Alfredo Stroessner.

El 24 junio de 1981 Resck había sido detenido y “alojado en el Departamento de Investigaciones de la Policía mientras era interrogado sobre una declaración estimada injuriosa y subversiva por el gobierno,“ dijo un comunicado oficial. También lo expulsaron del Paraguay.
Al poco tiempo conocí a Resk, el “desequilibrado mental”. Por ese entonces yo vivía en Bélgica y, como tantos opositores a las dictaduras del Cono Sur, solía acompañar como improvisado traductor a los miembros de la resistencia interior o a dirigentes exiliados. El itinerario incluía las oficinas de la Comunidad Europea, los partidos políticos, organizaciones humanitarias y medios de comunicación.

Eran tiempos en los que las dictaduras condenaban con dureza a aquellos que “sometían a escarnio a su patria”, denunciando gobiernos en los tribunales internacionales. Por ejemplo, el régimen uruguayo se autodefinía por “sus hábitos liberales y su amplitud de criterio”, respecto a los derechos humanos (…) y que hay en la legislación uruguaya abundantes salvaguardias para prevenir abusos contra los detenidos y las autoridades han dado reiteradas muestras de que velan por la estricta observancia de tal clase de normas.” Esto se decía oficialmente el 21 de mayo de 1979. Seguramente el actual gobierno cubano, firmaría con gusto esa declaración, refiriéndose a sí mismo.

Han pasado muchos años. Hago memoria y recuerdo a Resck como un anciano delgado, con dificultades físicas, que pasaba largamente los 70 años; recuerdo su pausada elegancia al hablar, el hermoso acento, su cortesía y su caballerosidad casi “antigua”, tan propios de los paraguayos.

En realidad, el Dr. Luis Alfonso Resck apenas superaba los 60; lo sé ahora al encontrarlo en Internet, todavía activo; el pasado diciembre del 2013 en la Sala Bicameral del Congreso Nacional se presentaron tres libros suyos sobre derechos humanos, educación y ética. El resto de los años que representaba se los había agregado el centenar de detenciones y las torturas sufridas. Durante algunos días lo acompañé y oficié de intérprete, en decenas de reuniones donde exponía, una y otra vez, circunstanciadamente, una larga historia de arrestos y torturas, las injusticias, los vejámenes del poder tiránico. La empatía que me producía aquel hombre valiente y tenaz, mi voz repitiendo una y otra vez el horror como si fuera propio, me marcó profundamente y recuerdo con orgullo, aquellos pequeños méritos.

Sin embargo, ahora me entero que con estas acciones violaba sagrados principios. El 3 de marzo de 2010, en el Senado de la República se presentó un “proyecto de declaración relativo al fallecimiento del ciudadano cubano Orlando Zapata Tamayo.” El Frente Amplio aplicó su mayoría para negarse a pedir la vigencia de los derechos humanos en Cuba. El senador Alberto Couriel sostuvo que no es correcto “por ejemplo, atacar al régimen penal y al régimen político cubano” puesto que nosotros (el Uruguay) siempre hemos mantenido, en política internacional, una posición de respeto al principio de autodeterminación y de no intervención.”

La senadora Constanza Moreira explicó que no es correcto que el Uruguay aparezca “como instando a que otro país respete las reglas de pluralismo político y las libertades. Para nosotros eso es una intromisión en asuntos de otro Estado, y no nos gustaría estar en la situación inversa respecto de otro país. Por consiguiente, no suscribimos esta declaración, en particular por este punto.”

Una larga y tediosa lectura de las intrincadas doctrinas internacionales sobre la no intervención y autodeterminación de los pueblos sólo me dejó en claro que son de suma utilidad para las dictaduras y para los Pilatos. En la misma sesión, los senadores Baraibar y Agazzi, instaron a la oposición, fraternalmente, a no “abordar aquellos (temas) sobre los que tenemos cuarenta años de diferencias”. Claro que no tuvieron en cuenta que en esas cuatro décadas pasaron muchas cosas que debieran enseñarnos algo sobre Cuba, el terrorismo de estado y el sufrimiento de los desafectos al régimen.

La Biblia hebrea, el Corán y los Evangelios han condenado duramente la hipocresía y Aristóteles escribió que “no se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto.”

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