JAVIER GARCÍA
Hoy se reúne la Convención del Partido Nacional. Será, seguramente, la última sesión antes de las elecciones internas del próximo año. Por eso ésta, en el club Trouville, reviste la característica doble de ser inicio y ser final simultáneamente.
Inicio de una nueva etapa, electoral, de cara a los comicios del 2009 con las candidaturas blancas todas en la cancha. Y final en la presidencia del Directorio de Jorge Larrañaga que renuncia para lanzar su candidatura en cumplimiento de un compromiso auto impuesto ya que nada le impediría seguir dirigiendo el cuerpo.
Asumirá la presidencia del Directorio en un acto de justicia, pero también de reconocimiento hacia su persona, Carlos Julio Pereyra.
Este período que finaliza hoy con Larrañaga al frente del ejecutivo blanco podría definirse como de unidad y propuestas y fue, además, aquel que cimienta y posibilita que los blancos estén a las puertas de ganar las próximas elecciones y ejercer el primer gobierno nacionalista del siglo XXI.
En agosto de 2004, cuando asumió este Directorio, el Partido Nacional se encontraba apenas superando el 25% de las adhesiones. La candidatura única de Larrañaga lo llevó al 35% y hoy, según las últimas encuestas está orillando el 40%.
En 2004 el Frente Amplio se distanció 16 puntos porcentuales de los blancos (51% a 35%), y ahora la diferencia es de 6% (43% a 37%). No sólo se redujo mínimamente esta diferencia sino que la suma de la oposición supera, según la encuesta de Cifra, en 4% al Frente Amplio. Medida en términos de eficacia política, entonces, la gestión de este Directorio ha sido bien exitosa.
Pero la política no es una competencia deportiva donde los resultados se miden sólo en términos numéricos, sino que estos son la mayoría de las veces fruto de la gestión y de la profesionalidad.
Este Directorio gestionó la política desde posiciones claras, certeras y fijó un rumbo: fue oposición con contenido y marcó la alternativa.
Se elaboraron documentos y propuestas sobre: derechos humanos, descentralización, política internacional, educación, salud, políticas para la granja, inflación, IRPF, política energética, seguridad pública, seguridad social, actualización ideológica y de principios y sobre la vigencia del Estado de Derecho. En reiteradas ocasiones estas ideas fueron puestas a disposición del gobierno para que tomara de ellas lo que considerara beneficioso. La soberbia de mayorías absolutas le impidió reconocer al aporte de la oposición.
La otra característica de este Directorio fue la unidad. Estar unidos cuando nada se dice ni se discute es fácil. El logro es estarlo cuando se debaten posiciones políticas y programáticas, como las señaladas y todo ello se hace en unidad. Así debe ser y así será, y también lo es por haber aprendido lecciones pasadas.
Si hoy el Partido Nacional se encontrara lejos en las preferencias de la gente no tendríamos dudas que la responsabilidad del fracaso estaría en quienes condujeron a la colectividad y especialmente en su presidente que lideró al Partido. La realidad es otra. Por ello no solo es necesario sino justo reconocer también la gestión de quien puso al Partido Nacional al borde de la victoria en el 2009, Jorge Larrañaga.
Queda un año para ello, ahora es tiempo de militancia y de seguir como hasta hoy, unidos. La renovación, que es un estado del alma más que una consigna, llegó para quedarse.
¡Vivan los blancos, todos los blancos!