SEBASTIÁN DA SILVA
Muchos rioplatenses se preguntaran la razón por la cual se derrumba un gigante financiero como el Lehman Brothers y no ven en los canales americanos gente con cacerolas golpeando para reclamar por sus depósitos. La razón es muy sencilla, no hay depósitos de gente de carne y hueso en sus menguadas bóvedas sino que lo que cayó es algo más estrepitoso aún, son colocaciones de empresas, bancos y compañías de seguros las que confiaron en hacer negocios en estos llamados bancos de inversión.
Por tanto las consecuencias son muchos más complejas que una caída típica de una entidad bancaria tipo la de los Rohm o los Peirano donde era relativamente sencillo identificar a los damnificados, o ver a los funcionarios despedidos.
En este mundo de locos donde todo esta entrelazado, existe una interminable cantidad de ramificaciones que provienen del corazón mismo de Wall Street y que comenzaran a afectar directamente nuestra vida cotidiana, aunque estemos a miles de kilómetros.
En primer lugar el acceso al crédito, todas estas mega capitalizaciones que vemos en la tele, afecta el flujo de plata que se pueda prestar para estas latitudes y, como es sabido, mientras se tapan los agujeros no se piensa en crear y hacer negocios; ergo el préstamo para acceder a la vivienda, o un financiamiento estatal para renovar las carreteras, se van a demorar o van a salir más caros por la sencilla razón que la entidad bancaria que lo otorgaría, alguna exposición tiene o tuvo con el Lehman. Ejemplo: el patético proyecto de tren bala de Cristina Kirchner se frenó por este motivo.
Otra consecuencia menos tangible para nosotros los uruguayos es la caída directa de alguna empresa que opere en nuestro territorio, que hasta lo conocido no estaría pasando, por lo que no hay en el paisito ni aumento del desempleo ni nada parecido como lo hay en Estados Unidos.
Y la tercera consecuencia que podemos ver es la forma cómo se conjugan las diferentes carambolas que determinan los valores del dólar, del euro, del petróleo, de los commodities y como en estos casos nos van a afectar directamente y en el cortísimo plazo. El gobierno del Uruguay ha jugado al nuevo rico con el escenario de dólar a 19 pesos, soja a 500 dólares y novillos que valen más que computadoras, recaudando con niveles récord y gastando aún más sin la menor previsión hacia adelante.
El afortunado Danilo Astori, nos dio cátedra de administración en todo su paso por el Ministerio de Economía con una coyuntura que ni él, ni Mandrake la imaginó y tiene tanta suerte que se retira del Poder Ejecutivo la misma semana que el mundo tembló con esta crisis.
Su sucesor será ahora el encargado de dar las explicaciones y las malas noticias, siendo el responsable de tener que decir que no a los miles de embates que una mal acostumbrada izquierda le va a hacer en el año preelectoral.
Por suerte no todo son pálidas, algunos comenzarán a revalorar el acceso a los mercados vía un TLC, otros dejarán de estigmatizar las inversiones extranjeras y otros comenzarán a darse cuenta que por enésima vez nuestro país no puede tener este nivel de gasto público y mucho menos su ineficiencia. Mientras tanto póngase el cinturón de seguridad porque esto va a estar movido.