Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

¡Vuelta al Derecho!

Al cabo de cada Feria Mayor, la jornada de reapertura de los tribunales es todo un símbolo para el Derecho. Es la jornada en que cambia el Presidente de la Suprema Corte.

En este 1º de febrero asumirá la Dra. Elena Martínez tras un año en que el Dr. Jorge Chediak honrosamente soportó —por temas enormes: la deuda por desobediencia de fallos salariales, la instalación del nuevo sistema penal—, una agobiante ristra de misiones y temas ajenos a la función de juzgar.

La llaneza con que los cinco Ministros rotan anualmente en la cabecera de la Corte, es uno de los destellos republicanos que le dan identidad a nuestra Justicia, con Magistrados no ruidosos que, a diferencia de ciertos vecinos, se expresan por las sentencias y no montan shows.

Hay que poner en valor esos méritos nacionales. Sobre todo en estos tiempos, donde menudean las presiones para que sigamos importando figurines cuya impersonalidad ahoga el diálogo de nuestra cultura jurídica y se aparta de los arts. 72 y 332 de la Constitución hasta el límite de violarlos.

Pero el Derecho es mucho más que lo que se discute ante la Justicia y lo que ella tramita y resuelve. El Derecho es un modo superior de encuentro con el prójimo. Su cumplimiento espontáneo da la medida de la cultura de cada pueblo. Su incumplimiento nos muestra déficit e incultura. Y sobre eso, la reapertura judicial del jueves próximo debería llamarnos a profundas reflexiones.

Es que hemos llegado a colmos que están a la vista. El Pit- Cnt convocó el último paro general "por la paz y por los duelos ocurridos en lo que va del año", es decir, por el derecho a la vida. La inseguridad fue tema omnipresente entre los reclamos sectoriales del ruralismo familiar y patronal congregado en Durazno. Si el cuadro es tal que los gremios reclaman separadamente la vigencia de principios elementales que para el Derecho son cimiento y viga del orden público, ¿a dónde se fue la conciencia cívica, común, de imperio de la legalidad? ¿A dónde fueron a parar nuestros derechos individuales?

Hace años que en las confrontaciones, cada parte tolera que la otra hable, pero no le refuta sus razones. Hace años que soportamos progresivos ataques a la personalidad, a la privacidad y al albedrío. Lo sectorial se maneja en público por pulseadas de poder, donde cada uno trata de torcerle el brazo al otro sin reconocer la cuota de razón que pueda tener el adversario. La libertad ha dejado de alumbrar las síntesis que nos hacen falta.

Las teorías sociológicas que presentan al hombre como títere de sus intereses y esclavo de sus pasiones, embotan el concepto mismo de Derecho, al hacer olvidar que la ley es, debe ser, "la razón sin ape-titos", acto creativo, mayéutico, a la manera de Sócrates y Aristóteles.

Con un vecindario donde los Jueces andan a los tumbos con ex Presidentes, con un mundo conceptualmente destartalado y con nuestro Derecho impotente para enseñar en los Juzgados lo que la familia y la calle omiten desde hace décadas, hace falta reavivar la reflexión y la voluntad para que renazca el Derecho.

Porque en un Uruguay donde el Presidente se permite recibir solo a gremiales formales, hay que volver a las raíces.

Y recordar que si el art. 30 de la Constitución reconoce el derecho de petición a cada ciudadano individualmente, resulta inicuo negarlo cuando, de a uno, se sumaron decenas de miles.

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