Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Del virus a la virtud

Tabaré Vázquez y su gente, calcando a la Argentina, propusieron declarar al Uruguay en quiebra, llamándola “default”. Jorge Batlle lo rechazó, porque no quería violar la tradición nacional de cumplimiento.

En vez de jugar al achique, sin medir la enjutez de nuestras fuerzas, telefoneó en inglés al Presidente de EEUU -Bush- y en alemán al Director del FMI -Köhler. Y con Steneri, Atchugarry y Alfie logró apoyos exprés, razonablemente financiados.

Resultado: la Argentina arrastra hasta hoy los lastres de su default, mientras el Uruguay ya en 2004 había levantado cabeza. Tanto, que cuando Steneri presentó su relato “Al borde del abismo”, el Cr. Danilo Astori habló, acompañando los elogios al salvataje que aplaudió efusivamente. Lo vi y escuché en vivo.

Ahora, ante el Covid-19, el Dr. Vázquez pide una cuarentena total obligatoria. Vuelve a importar una propuesta extremista. ¿Surco psicológico que lo hace repetir conductas? ¡Quién sabe! Lo seguro es que vuelve a lucir la primorosa rigidez de un razonamiento encasillado, con respuestas automáticas que no miden consecuencias.

El Presidente Lacalle Pou pulverizó la propuesta. Hablando cara a cara a los periodistas y a la ciudadanía -no se fue a pescar-, evidenció que para hacer lo que pide su predecesor habría que estar dispuesto a apresar por desacato a quienes no tienen más remedio que salir a ganarse el pan. Mostró que está al frente de la lucha contra el virus pero no aísla esa catástrofe de las demás angustias nacionales. ¡Por fin volvemos a tener un jefe de Estado que mira al Uruguay entero! Recuperando la flexibilidad, revive una vieja verdad de la política y la vida: el juego es expresión de libertad. Con lo cual, sin amenazas, hoy tenemos espacio para los muchos que se sacrifican en no hacer y para los menos que, por conciencia institucional, trabajan para mantener con vida lo imprescindible.

Por encima de la pandemia que nos azota, debemos celebrar que la estén combatiendo espíritus críticos y creativos, en vez de hombres que se fanatizan con una idea y un gremio y levantan consignas que no buscan hacer pensar y procuran que nadie piense y todos obedezcan como rebaño que bala.

En menos de cuatro semanas, el Dr. Lacalle Pou ha restablecido la misión de gobernar pensando y haciendo pensar. Al exponer respetuosamente razones, ha resucitado en Casa de Gobierno la tarea que no cumplieron ni el silencioso Vázquez ni el deslenguado Mujica: enseñar a reflexionar.

Eso sí, recordemos que en la República esa tarea deben impulsarla los gobernantes pero debe asumirla cada ciudadano por sí mismo. Por tanto, no estamos cumplidos con obedecer mecánicamente la exhortación a lavarnos las manos y no salir. No alcanza con acatar por contención o masificación, porque en las grandes crisis hace falta creatividad, vocación e inspiración.

Apagar hasta que aclare tampoco basta, porque es un deber primordial mantenernos lúcidos para valorar todo lo que estamos sacrificando al aceptar distanciarnos de nuestros seres queridos, suspender la Justicia y la enseñanza y empobrecernos mientras el silencio nos retumba en el alma.

Las ciencias progresan por obstáculos, enseñó Bachelard. Ante la adversidad absoluta el alma se ensancha, enseñaron Marco Aurelio y Frankl.

Frente el desafío existencial de hoy, logremos que nuestro espíritu obedezca el mandamiento con que Verdi cerró el Va Pensiero: a nuestro padecer, infundámosle virtud.

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