Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

De vices y grandezas

El Frente Amplio alcanzó a gatas el 27%. Se le agotaron el impulso y el crédito.

No es para que los opositores cantemos victoria. No da para que los triunfadores de la hora se echen a dormir sobre laureles que apenas son brotes.

Pero tampoco es para dejar de aquilatar los resultados de las urnas, que confirmaron la indignación que ha venido haciéndose oír en calles y caminos de la República. Por encima de las definiciones sectoriales e ideológicas, ante la catarata de desbarres, los semáforos de la conciencia están en rojo fijo.

Gritan el agotamiento de los unos, el desencanto de los otros y la repulsa de los muchos que, ante la soberbia encaramada en el poder, sentimos que hay que recordarle a este Presidente de gestión evanescente y a cada uno de los ministros que atornilla, la verdad aragonesa de que los ciudadanos, separados “somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos”. Lo cual importa al enfrentar el incumplimiento de las promesas y el tendal de miserias que se edulcoran con invocaciones al progresismo, proferidas por bocas que tienen pendiente un tendal de aclaraciones sobre un rosario de dislates.

Al momento de redactar estas líneas, el ungido candidato oficialista a la Presidencia Ingº Daniel Martínez no ha definido quién será su compañera de fórmula. En vez de acatar el pronunciamiento de las urnas, se puso a cabildear -como munícipe que es. Descartó a Carolina Cosse, a pesar de que es mujer e Ingeniera y que fue Ministra de Industria y Energía y antes Presidenta de Antel. Además, Cosse sirvió con entusiasmo la tesis de que la política está por encima del Derecho, cuando violó abiertamente las competencias del Ente Autónomo que dirigía para gastar más de 80 millones de dólares en un Antel Arena que montó a contramano del Tribunal de Cuentas. Pero para Martínez semejante mérito antijurídico no bastó. Seducido por los modelos de su partido, le está costando vislumbrar para la Vicepresidencia a alguien que ofrezca las garantías ético-jurídicas del predecesor correligionario Raúl Sendic o la elegancia estético-política de su predecesora correligionaria Lucía Topolanski. Ninguno de los dos marcaron talles ni tallas fáciles de igualar.

A su vez, Enrique Talvi también está a la busca. Repite los pasos que debilitaron a Pedro Bordaberry cuando ganó la interna y se puso a hurgar vice en vez de convocar a José Amorín Batlle, que lo seguía en votos. En la memoria uno tiene un precedente mejor y más eficaz: Jorge Batlle abrazando a Luis Hierro en la misma noche que le ganó la interna. Hoy, con el Partido Colorado reviviendo por el llamado al combate del admirable Julio María Sanguinetti y por el nuevo estilo personal de Talvi, a los batllistas nos habría conmovido mucho más la espontaneidad de un gesto de esa magnitud que estas ascuas a puertas cerradas.

A todo esto, se consolidó Luis Lacalle Pou. Designó a Beatriz Argimón, con méritos y sin contras. Ajeno a toda fanfarria por haber sido el más votado, en su primer discurso habló de deberes públicos en términos más institucionales que partidarios.

Y al unir el quehacer político con el mejoramiento como persona, apuntó a trasfondos filosóficos que en el Uruguay tienen noble tradición y que debemos cultivar, para que pueda sacarnos adelante quienquiera se haga cargo del descalabro nacional que dejará la dupla saliente Vázquez-Mujica.

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