Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Otra vez Dios

Ignacio De Posadas escribió ayer “Pascua de Resurrección”, proclamando su fe católica y pugnando para que los no creyentes sepan lo que rechazan.

Ignacio De Posadas escribió ayer “Pascua de Resurrección”, proclamando su fe católica y pugnando para que los no creyentes sepan lo que rechazan.

Suena paradojal que quien fue Ministro de Economía se ocupe públicamente de sus convicciones de espíritu. Pero la extrañeza se debe a que el Uruguay se acostumbró a confundir la imparcialidad religiosa del Estado con la prescindencia pública de los temas de conciencia: la laicidad se nos hizo exclusión, como bien dice el distinguido articulista. Y ahora que todo se diluye en la atmósfera materialista de los números macro y la impersonalidad de las planillas Excel, la reflexión profunda se descarta como cuestión de cada uno, subjetiva e intrascendente.

El uruguayo pasó a vivir su libertad como juntura de los diferentes, sin interesarse por lo que el prójimo cree, busca o sabe. Antes que nos llegaran el celular y la tablet, nosotros inventamos la libertad sin polémicas y sin diálogo. No asordinamos los debates de fondo. Los suprimimos. Y así formamos generaciones sin vibración, pasmadas ante los Mandamientos judeo-cristianos, distraídas de la filosofía griega, indiferentes a que Jesús haya cambiado la cuenta de los siglos: la angustia de la historia se nos redujo oficialmente a papilla desleída de procesos socio-económicos.

A la vista de los resultados, ¡es hora de acabar con esa confusión entre laicidad y silencio! Por eso salgo a la palestra fuera de mi viernes tradicional, a decir cuánto celebro que el Dr. de Posadas, jurista y economista, plantee abiertamente sus verdades primeras tal como las profesa. Lo celebro con la misma alegría con que 40 años atrás recibí el apoyo decisivo del noble Dr. Eduardo Acevedo Álvarez -también ex Ministro de Hacienda- para que El Día escribiera Dios con mayúscula. Lo hicimos por ortografía… y por respeto a los creyentes católicos y protestantes, y también a los deístas no feligreses -que en el Uruguay éramos y somos legión.

La cultura de los pueblos no crece por adormilarse entre la prescindencia y el silencio. Al contrario: las naciones más avanzadas construyeron pensamiento y espíritu en el choque de púlpitos y librepensadores, cuyas chispas polémicas desataron incendios y edificaron épocas: Chesterton y Bernard Shaw discutieron sus paradojas y razones en la BBC, Jaspers habló de fe filosófica, Bergson defendió la intuición y se acercó al tomismo, Brunschvicg adujo la conversión espiritual. Más aun, Croce, defensor del historicismo, escribió “Per ché non possiamo non dirci cristiani”. Y sin apoyarse en la religión, en las últimas décadas Gadamer devolvió luz y valor hermenéutico a los conceptos y en estos mismos días Comte-Sponville defiende una espiritualidad atea.

Pues bien. Azotada la civilización por guerras de religión y fanatismo, debemos hablar fuerte quienes, en distintas laderas, colocamos amor por encima de clases, afirmamos el albedrío y propiciamos deliberar razonando.

En el Uruguay, esa misión exige enriquecer la libertad de expresión con la forja de pensamientos precisos, robustos, creadores de diálogos rescatados del relativismo, la pereza mental y la abulia, que busquen profundidades, funden convicciones y le impriman Resurrección al espíritu público.

Hace falta que nos oigamos unos a otros, puliendo principios y verdades que pongan comunión anímica en calles y caminos que hoy transita, a los tumbos, una muchedumbre de solitarios atomizados por su recíproco silencio.

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