Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

¡Otra vez la cultura!

Experiencia hecha, resultados a la vista. Experiencia hecha con la indolencia en las alturas del gobierno: hemos sufrido tres períodos en los cuales los Ministros y jerarcas se atornillaron a sus cargos, mientras fracasaban en seguridad, educación y endeudamiento.

Y experiencia hecha, también, en las llanuras de la vida común: toleramos con excesiva apatía que se nos injertaran prédicas, fanatismos y lenguajes que, violando la Constitución, achataron a la persona, promovieron la militancia a favor de dictadores y eclipsaron el ideal patrio de superación.

Resultados a la vista: mientras soporta un Estado caro y erizado de desajustes, el uruguayo medio tropieza con las limitaciones que la decadencia le impone a su lucha en profesiones, oficios y empleos y a su esfuerzo por gestionar dignamente su vida.

Los síntomas de esa caída pueden inventariarse, encuestarse, cuantificarse y tabularse. También pueden debatirse en simposios y mesas redondas, primorosamente organizadas para cada actividad.

Pero ningún esfuerzo por seguir acumulando datos nos sacará del marasmo en que estamos metidos, mientras no queramos enterarnos de que la mayor parte de nuestros problemas no se deben a “el marco socio-económico” ni al determinismo regional o familiar, sino a haber bajado la guardia en materia de valores y actitudes, haber importado teorías deterministas y haber cultivado mucho más la descripción y la explicación de los conflictos que el denuedo normativo por resolverlos en justicia y libertad.

En otras palabras: bajamos la autoexigencia y la inspiración, empobreciendo el alma antes que los salarios y las cuentas públicas.

En el Uruguay, al rigor del pensamiento se renunció mucho antes de sepultar a la lógica y el sentido común en la tumba del relativismo. Desde la escuela se impartió que la ortografía no importa y la aritmética tampoco y al omiso pasó a promovérselo por sometimiento social, en vez de rescatarlo de la inopia a partir de su verdad curricular.

Y en la otra punta de la enseñanza, múltiples áreas universitarias se tornan cada vez más reductoras y librescas, con lo cual también ellas violan el apotegma de Plutarco: “El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”. ¡Y es en el país de Rodó y Vaz Ferreira donde se produce semejante profanación!

Alejandro Korn -médico y pensador argentino con calle en Malvín norte- enseñó: “Nos resignamos o nos rebelamos; rehuimos o afrontamos; nos refugiamos en el claustro o bajamos a la arena. De ahí, dos tipos humanos opuestos.” Lo dijo para los individuos, pero vale para las naciones, cuando dejan de considerarse indeterminadamente “una sociedad” y se unifican en el alma de su querer vivir colectivo.

El cambio que necesitamos no es sólo político. Es cultural. En el lenguaje de letrina que Mujica Cordano volvió a usar -esta vez para oponerse a los inversores argentinos-, reconfirmamos la hediondez en que podemos sumirnos si seguimos tolerándole a este ex, patochadas intestinales que deshonran al Uruguay que queremos.

Desde las entrañas, la batalla cultural nos llama.

No nos asustemos: vivir nunca fue fácil. Las grandes etapas de la historia han sido el fruto de grandes hazañas del pensamiento y la acción.

Entonces, no sigamos soportando más bajezas.

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