Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Velando armas

La Comisión de Asuntos Electorales entiende que la Corte “es competente” para evacuar la consulta sobre la postulación vicepresidencial de Robert Silva. Menos mal. Si hubiera dicho lo contrario, ¡menudo lío!

Se anuncia que habrá resolución en la semana próxima. Que así sea. No solo por el legítimo interés del Partido de Rivera y Batlle y Ordóñez sino por la nitidez que exige el orden público. Habiendo votado la ciudadanía el 30 de junio y habiendo acordado el 7 de julio el postulante a Vice, no es bueno que un partido histórico llegue al 19 de julio con su fórmula en suspenso.

Y puesto que los batllistas de siempre hemos quedado en vela de armas junto a los jóvenes recién llegados a Ciudadanos y puesto que Ernesto Talvi y el Partido están bajo la mirada atenta del país entero -al que le duele el hoy y le angustia el mañana-, no apliquemos esta vigilia a jugar a los dados con pronósticos imposibles y encuestas incontrolables. No perdamos el tiempo con la calculadora, que en esto no se juega un torneo de fútbol sino el destino entero de la República, su justicia y su libertad.

Repleguémonos sobre la conciencia, repasemos aciertos y yerros propios y ajenos y en respuesta a un contexto mundial atrabiliario, fortalezcamos nuestra voluntad de reedificar la nación que nos debemos.

Eso no se hace solo agitando banderas. Ante todas las generaciones, hay que definir principios, diseñar caminos y recobrar la inspiración de los ideales. Para eso, hay que oír mucho y hablar fuerte. El respeto a la persona y la búsqueda de la verdad nacieron del intercambio leal entre convencidos. Volvamos a él. La sumisión, la pereza mental y el silencio cómplice del “no te metás” nos debilitaron hasta la caquexia, por no asumir en la plaza pública los desafíos del pensamiento.

Uno de los daños de esta época ha sido opacar y soterrar la responsabilidad personal. En la Administración, y también en la actividad privada, los formularios y los sistemas informáticos se usan como barreras infranqueables que impiden que el peticionante hable con el que decide.

Y desde el Gobierno, al clamor por las grandes falencias -salud, educación, seguridad general y carcelaria- se le responde con evasivas, estadísticas impersonales e inamovilidad de los encaramados. En la vida pública y en el menudeo privado, cada vez más nos arrinconan las decisiones sin rostro, adoptadas detrás de los biombos por gestores que lo que más tienen es rostro.

Figure o no en los programas de gobierno, es un imperativo de todos recuperar la vibración de la persona, fundamento de la Constitución.

Con semejante cuadro, resulta ofensivo que se postule para Vicepresidente a una militante expropiadora, sacada de la galera por quien como Intendente se distinguió por esquilmar sin crear y nos dejó una ciudad sucia y rota, cuyas desgracias no podemos desearle a ninguno de los 18 Departamentos restantes.

Si queremos que la República se restablezca, si queremos el levántate y anda del desvalido y no su perpetuación en la dependencia, si queremos un Estado fuerte para hacernos libres y no para espiarnos mientras nos maniata en contratos calidad UPM, el camino no puede ser más artiguista: debemos erguirnos y apostar a nosotros mismos.

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