Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

El Uruguay razonable

Al año de mandato, el Presidente Luis Lacalle Pou fue a la Asamblea General a pasar revista a su gestión y anunciar proyectos. Confirmó sus virtudes de conciencia institucional y franqueza.

El Parlamento es órgano de contralor de los gobernantes y caja de resonancia del pensamiento ciudadano. Por eso, que el titular del Poder Ejecutivo haya rendido cuentas al Poder Legislativo vale mucho más que un mero balance.

El Dr. Lacalle habló en el hemiciclo regido por el lema que brotó de Artigas en su Oración de Abril del Año XIII: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana.” Pronunciada fuera del ejido de Montevideo, en el encuentro de carretas que ya se llamaba Tres Cruces, desde un rancho sin micrófonos, cámaras ni periodistas, ese concepto se abrió camino en el alma de nuestro pueblo solo por la nobleza de su peso específico. Entroncado con el ideario norteamericano y francés y, antes, enraizado en la unción a los Reyes de Aragón -“Nos, que cada uno de nosotros somos igual que Vos y todos juntos más que Vos…”-, su apotegma vibró en la base normativa de la República desde mucho antes de nacer. Sobrepasó a todos los gobiernos. Se alzó por encima de fanatismos ideológicos y tragedias institucionales: la dictadura clausuró el recinto, pero lo devolvió con el lema intacto en su frontispicio.

Si queremos recuperar al país, debemos atender a esos valores aún más que al haber y el debe del balance presentado, que reveló más gestión y actividad que lo que advertíamos mientras solo pensábamos en la pandemia.

El Presidente dijo que no iba a hablar de herencias. Hizo gala de un altruismo que no le retribuyó su predecesor Mujica, que, siempre deslenguado, osó reducir el discurso a “bulla”.

Dispuesto a destinar más de US$ 540 millones para mitigar los efectos de la pandemia, a extender el seguro de desempleo, a duplicar las asignaciones familiares del Plan Equidad y a seguir apoyando ollas y merenderos, el Primer Mandatario anunció que en este año se invertirá más de US$ 1.200 millones en las rutas 5, 8 y 6, y en el puente de La Charqueada, junto con ampliar el Puerto de Montevideo, instalar una nueva planta potabilizadora de agua, conceder cinco aeropuertos, etcétera.

Fuera de los anuncios, Lacalle definió una actitud: “firme con las ideas y suave con las personas”. Parafrasea el adagio “Suaviter in modo, fortiter in re” -lo más suave en el modo, lo más fuerte en las cosas- que hace veinte siglos acuñó Quintiliano, abogado sabio.

El precepto debemos aplicarlo todos ya. El Uruguay necesita una cura colectiva del alma, para respetarnos y querernos por encima de disensiones, en vez de mirar o ser mirados como enemigos de partido, gremio, clase o religión.

Tenemos cortados los puentes del espíritu. Los sentimientos se nos ahogan bajo protocolos y aplicaciones. Las metas de las profesiones y oficios se nos disuelven en formularios mochos. La lógica se ignora y el diálogo se eclipsa. El Derecho se convierte en cáscara de procedimientos sin nuez adentro. La ignorancia cunde.

Rectificar semejante cuadro es responsabilidad de nosotros, los mandantes del señor Presidente. Asumámoslo en cada impulso. Es de nuestra incumbencia. No figuró en el discurso. Pero a esa responsabilidad ciudadana, la espolea el mismo apremio que Lacalle se aplicó para sí: “Ya no hay más tiempo para excusas”.

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