Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Los 90 de un señor Fiscal

En la intimidad cumple hoy 90 años el Dr. José Luis Barbagelata. Se jubiló como Fiscal en lo Penal de Tercer Turno. 

Como corresponde al abogado frente al Magistrado, con él teníamos un diálogo conceptual y cálido —nunca intimista ni confianzudo—, transitando de las normas a los sentimientos, las ideas y el sentido común.

Recuerdo la sobriedad de su despacho en el edificio Lapido, pared por medio del que ocupaba el Dr. Eduardo Fernández Dovat, otro señor Fiscal, ejerciendo el Ministerio Público en plena modestia republicana, bajo el imperio de una Fiscalía de Corte cuyos titulares —ejemplo: el Dr. Rafael Robatto— se honraban en no buscar más protagonismo que el de sus tesis.

Esos recuerdos ultrapasan lo individual. Es natural, entonces que, en la persona de los nombrados, reencuentre uno la imagen vívida de innúmeros fiscales cuyos nombres aquí no caben y repase el alma acumulada en una de las instituciones más elevadas de nuestro Derecho.

Sin formularios que llenar y sin computadoras que los espiasen, defendían sus convicciones y se angustiaban por lo justo como asunto personal. En medio siglo largo de batalla forense, uno conoció a más de un fiscal y a más de un juez que resistieron presiones y amenazas, y al otro día, sin salir en el diario, se levantaban a servir al Derecho careciendo de protecciones, desde la conciencia y a todo viento.

Ese espíritu —altivez en la lucha, pero sencillez en la vida diaria— fue impreso por grandes personalidades que construyeron nuestro Ministerio Público. Junto al mítico Fiscal de Corte Melitón Romero se formó Raúl Moretti, que iba a ser un admirable catedrático de Derecho Procesal, mientras se abría camino el vademécum de Camaño Rosa como hoy hace escuela el Código Penal anotado de Miguel Langón, otro señor Fiscal. El Dr. Guido Berro Oribe debió soportar el secuestro por los tupamaros y no por eso se arredró ni le dio por impartir instrucciones funcionales.

Fue con estos antecedentes que, cuando en 2003, comprobamos que un fiscal de Corte quiso limitar la independencia de los dictaminantes, enfrentamos la desviación: con la firma del Presidente Jorge Batlle, desde el Ministerio de Educación y Cultura separamos del cargo al jerarca excedido, haciéndolo subrogar por el Dr. Marcelo Brovia, de límpida trayectoria. Lo hicimos por defender la libertad de cada fiscal, sintiendo que cada uno encarna el Ministerio Público entero —como bien ha sostenido el renunciado Dr. Enrique Viana Ferreira.

Hoy hay modas nuevas. A algunos los tienta colocar a la cabeza del servicio a un Fiscal General, que le copie al de los Estados Unidos el nombre, el encuadre político y los superpoderes. Entre tanto, la informática, los protocolos y la tabulación generalizada imponen corsés que, al rebajar la espontaneidad, crean el riesgo de que también en el Derecho el pensamiento nacional se empobrezca.

Si en vez de caer en el colonialismo mental, asimilamos lo útil y rechazamos lo inservible desde raíces nacionales y con criterio racional, evitaremos que "el sistema" reduzca y despersonalice aún más el horizonte de la República.

Y para lograr esa victoria de la libertad, hace falta no olvidar todo lo noble que hicieron personalidades e instituciones como estas que evocamos, porque hicieron del Derecho un tema de conciencia.

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