Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Rival, no enemigo

Debemos abrazarnos como nación." "La nación precisa unidad nacional." "En las elecciones hay adversarios, no enemigos."

¡Vivir para ver! Pero no arrellanados ante el televisor. Con hosannas y aleluias porque con estas palabras el Presidente Mujica afirmó la fraternidad en vez de incurrir en derrapes electorales que con frecuencia se le disparan.

No es nueva en el Uruguay la conciencia de que en el discrepante debemos ver un adversario y no un enemigo. Fue esa conciencia la que, por encima de derecha e izquierda, proclamamos los demócrata-republicanos cuando desde el Tiro Suizo se inició una escalada de violencia que iba a arramblar la paz. Si se hubiera entendido eso a tiempo, Jorge Pacheco Areco no hubiera necesitado apoyarse en las Fuerzas Armadas, éstas no habrían cerrado el Parlamento, las Cámaras habrían seguido funcionando y todos nos habríamos ahorrado los sufrimientos de la dictadura.

¡Gracias a la vida por haber escuchado de Mujica este mensaje de concor

Debemos abrazarnos como nación." "La nación precisa unidad nacional." "En las elecciones hay adversarios, no enemigos."

¡Vivir para ver! Pero no arrellanados ante el televisor. Con hosannas y aleluias porque con estas palabras el Presidente Mujica afirmó la fraternidad en vez de incurrir en derrapes electorales que con frecuencia se le disparan.

No es nueva en el Uruguay la conciencia de que en el discrepante debemos ver un adversario y no un enemigo. Fue esa conciencia la que, por encima de derecha e izquierda, proclamamos los demócrata-republicanos cuando desde el Tiro Suizo se inició una escalada de violencia que iba a arramblar la paz. Si se hubiera entendido eso a tiempo, Jorge Pacheco Areco no hubiera necesitado apoyarse en las Fuerzas Armadas, éstas no habrían cerrado el Parlamento, las Cámaras habrían seguido funcionando y todos nos habríamos ahorrado los sufrimientos de la dictadura.

¡Gracias a la vida por haber escuchado de Mujica este mensaje de concordia! No tuvieron igual fortuna todos los que, por el Uruguay, murieron en una guerra que jamás debió empezar.

Acotamos: la "unidad" -coincidencia, silencio- es menos deseable que la unión, pacto de respeto recíproco que coloca los ruidos de la libertad por encima de los fervores divisionistas: acuerdo que llama siempre a confrontar razones y no a rehuir los debates. Ese pacto es el Derecho mismo, y por eso debe estar por encima de la política, señor Presidente.
El Uruguay necesita constituirse otra vez en semillero ideológico. Lo precisa para reponerse de sus decadencias. Pero además, para erguirse en un mundo desquiciado.

El periodismo nacional no nació como industria del espectáculo noticioso, para estrujar el rating importando atrocidades ante una audiencia paralizada de espanto, un día con la lapidación de una esposa infiel musulmana, otro con una decapitación filmada y otro más con una nena de 9 años que acribilla al instructor de tiro que le contrataron los papitos en una armería banalmente rotulada "Balas y Hamburguesas". No surgió para eso, pero cada vez los noticieros nos golpean más duro con infamias ensangrentadas.

Hijo honorable de la Ilustración, gestor de la cultura y la libertad, el diarismo surgió como expresión de sentimientos y como arma del pensamiento, para informar y moldear el espíritu colectivo. Por largos períodos, se constituyó en herramienta de la opinión púbica, pero no reducida a los percentiles y pronósticos de las encuestas sino ensanchada como angustia del voto que el alma pronuncia alumbrando ideales.

Nació como vehículo para expresar convicciones, como trinchera para la polémica franca, como instrumento de libertad para que el pensamiento pudiera moldear al hombre. Si quiere ser fiel a su origen, el periodismo de hoy, situado ante la catástrofe, debe otear horizontes, apreciar tendencias y, como dice su nombre, valorar períodos: elevando los hechos a conceptos, de modo que todo lo espléndido, cómico, dramático y trágico de lo humano se transforme en humus jornalero para la búsqueda del mejor bien posible.

Es que viendo cómo el mundo se desquicia en fanatismos mientras el Presidente llama a la concordia, sentimos cuánto urge reeducarnos para que nada de afuera nos arrastre; y logremos realizar el supremo mandato de Kipling: conservar la cabeza hasta cuando todos la pierden a nuestro derredor.

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