Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Sin reflejos y sin rumbo

  

La confesión por Gavazzo ante un Tribunal de Honor militar de haber vilipendiado en 1973 el cadáver del detenido Roberto Gomensoro en aguas del Río Negro, volteó en dominó a un Ministro y un Subsecretario de Defensa Nacional, a un recién estrenado Comandante en Jefe del Ejército y a media docena de Generales.

Semejante vigor no lo movió el conocimiento presidencial de la repulsiva confesión. ¡Qué va! Las actas habían llegado a Casa de Gobierno en febrero, llevadas por el propio Ministro y dos abogados. Y no había pasado nada.

Lo que sacó al gobierno de su letargo fue que se supo en la calle que el Comandante en Jefe recién nombrado, los miembros del Tribunal de Honor y el mismísimo Poder Ejecutivo tenían documentados los dichos del confesante y no los habían denunciado a la Justicia como la ley y los reglamentos mandan. Se supo, gracias a que lo publicó el sábado Leonardo Haberkorn en El Observador.

Por eso el lunes Vázquez, el Presidente pescador, amaneció hecho un acróbata. ¡Loor al cronista, que al alto mérito de sus investigaciones le agregó efectos terapéutico-agilizantes hasta para un Presidente médico! ¡Y loor a la libertad de prensa, que vuelve a evidenciar que es garantía no solo para el periodismo sino para la opinión pública, herramienta republicana que desnuda brutalidades!

Merced a esa libertad, que es de todos, terminamos sabiendo que el Presidente firma expedientes sin saber qué tienen adentro, una conducta que en el Decreto 500/91 es causal para sumariar al más modesto pinche.

En la rodada, no cayó el Secretario de la Presidencia. Funcionario reemplazable “libremente” por el Primer Mandatario -art. 168/26 de la Constitución-, si sobrevive a este zarandeo solo cabe una explicación: que el Presidente sepa que su mano derecha cumplió su deber de avisarle, por lo cual no puede enjaretarle omisión, tan luego siendo ese funcionario quien le llena los huecos y le cubre las espaldas.

Llamativo: estas remociones se hicieron con la presteza que por años ha faltado para cambiar a un Ministro del Interior lapidado por las estadísticas del delito; la presteza que también faltó para sacarle la Vicepresidencia a Sendic en los largos meses en que Váz-quez lo defendió como víctima de bullying, haciendo suya la despreciable doctrina Mujica que coloca a “la política por encima del Derecho”.

Por eso, no nos quedemos solo moviendo espejos retrovisores para explicarnos lo injustificable, pues resulta palmario que ninguno de los jerarcas se dio cuenta que su deber de denunciar es personalísimo y no requiere ni permiso ni sellos de otros. Les falló a todos el resorte de respuesta llana y directa, de aquí y ahora.

El Derecho exige una vigilia sin descanso de la sensibilidad y el pensamiento. Hijo noble de la filosofía, la poesía y la música en cruza constante con la vida económico-práctica, el Derecho pierde su esencia cuando el Estado -en su cumbre presidencial o en la más remota comisaría- queda en manos de gente imprecisa en sus ideas y cuando la ciudadanía se calla por pereza mental o para no comprometerse. En esa decadencia estamos.

Por eso vivimos bochornos de esta laya, con un gobierno sin reflejos y sin rumbo, que le erra al trámite de la confesión de un crimen de hace 46 años igual que le erra al imperativo de derrotar la ola criminal y drogadicta que nos azota hoy.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)