Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Neutralidad y pluralismo

Campean las sirenas. Le abren paso a las delegaciones llegadas a nuestra capital para intentar resolver la situación de Venezuela.

La Unión Europea reclama elecciones anticipadas y vía libre para la ayuda humanitaria. En cambio, Uruguay y México propician que el Presidente Maduro y el también Presidente Guaidó se abran, sin condiciones, a un diálogo impensable, soñando hacerlos congeniar en una salida.

Ser anfitrión de esfuerzos por la paz siempre ha sido honroso para el Uruguay y le ha producido resonancias mundiales. ¿Cómo no recordar que fue precisamente hace cuarenta años y un mes -en la madrugada del 8 de enero de 1979- que en nuestro Palacio Taranco, merced a la intervención luminosa del Cardenal Antonio Samoré, Argentina y Chile firmaron el Acta por la cual acordaron pedir la intervención del Papa Juan Pablo II, conjurando así una guerra fratricida por el Canal de Beagle que iba a estallar en horas?

Ahora los cónclaves están logrando también eco mundial, pero el tema no es el mismo. Y, además, nos agarra muy mal parados.

El tema hoy es la ruptura interna que padece otro país hermano, Venezuela, cuyo pueblo sufre desde hace años una cruza progresiva de escasez y miseria con liberticidio y tiranía delirada por ignorantes fanáticos, encabezados por un Maduro que no tiene ni un asomo de madurez, continuador de las inspiraciones castristas del difunto Hugo Chávez. Ya se siga la vía europea para el cambio o el camino uruguayo-mexicano para dialogar con agenda abierta, el asunto es inspirar razonabilidad a protagonistas fracasados, que no saben qué quieren y no tienen a dónde ir. ¡Menuda tarea!

Pero además, la coyuntura nos toma de través. Porque este Uruguay de ahora renunció conscientemente a defender la libertad y a condenar la tiranía que viene destrozando a la nación de Bolívar, cuna de Andrés Bello. Estando en juego asuntos de principios y hasta de derecho de gentes, ¡el Uruguay se ha declarado neutral! Se ha dicho que la causa radicaría en ciertos negocios con el régimen chavi-madurista, para desmentir lo cual no puede bastar un comunicado mocho de la Presidencia.

Pero no olvidemos las raíces. Esta clase de renuncios son el fruto de la política internacional guiada por afinidades ideológicas que colocan ante-ojeras y paralizan las conciencias. Por tanto, haya negociados o no, en temas como la tragedia de Venezuela -y de Cuba y de Nicaragua…- nuestro país hace el papelón de declararse neutral porque primero fue neutralizada en las cabezas gobernantes toda pasión por la libertad, la democracia y el régimen republicano de gobierno, reemplazándose la conciencia histórica por la complacencia con cualquier dictadura que ejerzan sus cofrades de ideología.

Cuando a fines de los años 60 en la OEA se puso de moda hablar de pluralismo, el insigne Justino Jiménez de Aréchaga salió al cruce y nos alertó que por esa ruta íbamos a terminar sentando democracias debilitadas al lado de dictaduras malolientes.

Al Maestro le dan la razón en estas horas, los besamanos de la neutralidad sin alma en que ha venido a parar la República donde nació la Doctrina Rodríguez Larreta sobre el paralelismo entre la democracia y la paz.

Incluirlo en la cuenta del gobierno que se va.

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