Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Del luto a la luz

El Dr. Jorge Batlle recibió póstuma adhesión partidaria de una multitud que gritó sin cansarse ¡Viva Batlle!, interpretada con grandeza en el mensaje de su vicepresidente Luis Hierro López. Eso vale mucho para un lema que, como el Uruguay, necesita un risorgimento.

El Dr. Jorge Batlle recibió póstuma adhesión partidaria de una multitud que gritó sin cansarse ¡Viva Batlle!, interpretada con grandeza en el mensaje de su vicepresidente Luis Hierro López. Eso vale mucho para un lema que, como el Uruguay, necesita un risorgimento.

Pero, en duelo más espontáneo que oficial, la despedida desbordó al Partido Colorado. En el Palacio Legislativo, en 18 de Julio, y en todo el trayecto, dirigentes y anónimos de otras tiendas rindieron tributo común al sembrador caído en combate. El Uruguay se unió en el primer voto que su alma pronuncia: respetar a la persona, oírse con bravura pero sin agravios, renovar a diario el pacto constitucional de libertad.

Fue en ese plano que a Jorge Batlle lo despidió la República, porque él en ese plano vivió. Y si hoy no es tiempo de inventariar las coincidencias y discrepancias que con él tuvimos todos, en cambio corresponde mirar de frente por qué tantos sintieron como duelo personal la muerte de un conductor al que muchas veces le negaron el voto.

Unos le han elogiado la valentía de haber roto con el colegiado y el intervencionismo estatal de sus ancestros, proponiendo fórmulas del liberalismo económico. Esos rasgos los tuvo, pero la gente no se emociona por ellos.

Otros han reconstruido los infinitos episodios que a cada paso labró, con su vida llana y a la vista. Hacen bien, porque el anecdotario de Jorge es expresivo. Pero no lo es tanto por ser pintoresco como por confirmar la total congruencia con que abrazó su inmenso argumento de vida: ser liberal, empujando el pensamiento a sus últimas consecuencias.

Desde esa identidad respetó al adversario y defendió la legalidad, incluso para aplicarla a quienes se alzaban contra ella. En esa fe confluimos, él desde Acción y Radio Ariel, nosotros con Renán Rodríguez desde El Día y Radio Sur. Y cuando en 1971 el país fue a las urnas con ciudadanos secuestrados e instituciones jaqueadas, la coincidencia principista nos hizo zanjar las diferencias entre la 14 y la 15. Oponiéndonos al continuismo pachequista, buscábamos -eran sus palabras- “ahogar a la guerrilla en libertad”. ¡Qué proyecto, trágicamente abortado!

Este Batlle que acaba de irse fue liberal hasta para criticarse a sí mismo. Si el espíritu colectivo se enlutó por su partida, fue por inclinarse ante su conciencia de los deberes incondicionados -defender a la persona, evitar el default, entregar el país en orden así fuera a los adversarios- y ante su apuesta a la capacidad creadora de la libertad. Se homenajeó al visionario que anticipó los tiempos que iban a venir. Se valoró la lucidez con que siempre puso verbo claro allí donde la angustia parecía ennegrecerlo todo.

Hoy nos martillan las anécdotas de Jorge Batlle. Elevémoslas a concepto. Ese hombre a pie fue un paradigma de independencia.

Aristóteles y Montesquieu enseñan que la democracia debe asentarse sobre la virtud ciudadana. Pues bien: para salir del actual marasmo valorativo deberemos regenerar nuestra doctrina del hombre a partir de espiritualismos laicos y activos como el que tuvo Jorge Batlle por primera espada.

Sólo así recuperaremos la semilla del viejo hábito nacional de pensar y construir por caminos propios -como buscó Jorge Batlle-, en vez de seguir prisioneros del pasado, atados a tesis importadas que nos condenan a vivir por debajo de nosotros mismos.

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