Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

El saber y el lograr

Los continuistas sacan pecho porque uno de sus diputados renunció apenas la Justicia pidió su desafuero por haber gestionado millones a la empresa de sus amores-favores-viajes.

Festejan no repetir en Placeres el papelón que hicieron cuando arroparon a Sendic con una certificación médico-presidencial de bullying, que se derrumbó ante las pruebas que obligaron al co-arruinador de Ancap a renunciar a la Vicepresidencia de la República: hecho patético -único- en la historia.

Celebran, como si ir pronto al Juzgado penal limpiase las correrías del exlegislador para, con implicancia manifiesta, sacarle fondos al Estado. (Acaso celebran también que la Fiscalía le hizo precio al tipificar y al pedirle un procesamiento sin prisión.)

Con semejante desaguisado encima, para salir como si nada hace falta tener anestesiado todo: sentimientos, pensamiento y estómago. No es la primera vez que intentan adormecernos. Ojalá sea la última, porque ante los negociados -igual que frente a la pobreza y el subdesarrollo- no hay que resignarse. Al revés, hay que ensanchar el espíritu, aguzar la creatividad y afianzar los ideales. Y ante lo indigerible, hay que promover la reacción antiperistáltica de rechazo y vómito. Todo lo cual exige aprendizaje, cultura cívica, educación, formación de la persona desde la conciencia.

Eso no se ve claro porque transitamos entre los materialismos miopes del marxismo bolche y el consumismo sin freno y eso induce a ignorar la importancia del pensamiento como factor de desarrollo personal y económico. Por ese camino redujimos el enorme tema de la enseñanza a una discusión sobre el 6% del Presupuesto. Por ese camino también, llegó a decirse que en el siglo XIX se enseñaba a ser ciudadano pero en el siglo XXI hay que educar para el empleo, como si las dos finalidades no debieran armonizarse en todo sujeto bien hecho. Y por ese camino, llegó a medirse el éxito en cifras y no en valores y cualidades, hasta enterrar la formación humanista.

Contra eso, hemos luchado en nombre de la filosofía de la persona y los principios constitucionales. Por fortuna, estamos cada vez menos solos. Nuestra vieja fe en la educación ahora se apoya en los últimos hallazgos de las neurociencias. Y es así como en la Argentina, por encima de sus estragos públicos, asoma la lucidez del Dr. Facundo Manes, fundador del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, proclamando que “El principal plan económico debería ser mejorar la educación”. A eso agrega que “es un error pensar que la inteligencia es rígida y que el coeficiente intelectual no se expande”, asegurando que los niños con menos coeficiente rinden más que los mejor dotados, si están “motivados para aprender”. Rotundamente asevera que “la inteligencia es flexible y se expande con trabajo, tenacidad y esfuerzo”: es decir con la libertad creadora del albedrío.

Más aún: Manes sustenta que “como seres humanos necesitamos metas más grandes que nosotros”. Lo vio la filosofía aristotélica, lo vivió Viktor Frankl y lo prueban todos los que se agrandan para servir causas nobles. Ahora lo confirma esta gran voz de la neurociencia rioplatense, al decirnos que “el cerebro se expande cuando algo nos motiva o nos inspira”. Nos regocija. Pero entonces, ¡cuánto daño infieren los que empequeñecen el horizonte público con conductas despreciables, siembran miedos, imponen límites y enseñan la indolencia en vez de infundir el coraje de luchar!

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