Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Laicidad y contenidos

El Comandante en Jefe del Ejército deseó "una feliz Navidad" y pidió a "creyentes y no creyentes" tener presente "el verdadero significado de estas fiestas, el recuerdo del que vino al mundo con el mensaje de paz y cuya muerte en la cruz marcó un antes y un después en la historia de la humanidad".

Correo de los Viernes —el Dr. Julio M. Sanguinetti— tras recriminarle excesos anteriores, sobre lo transcripto escribió: "Oficialmente, el 25 de diciembre, para el Estado uruguayo es el Día de la Familia, o sea que no está referido a la significación religiosa que le atribuye el cristianismo".

El artículo invoca la ley de nomenclátor laico que desde 1919 no logró suprimir el arbolito de Navidad de las oficinas, como dijimos aquí hace dos viernes. Se remonta más lejos, hasta la Noche de San Bartolomé —1572, "matanza de protestantes inspirada por el fanatismo católico"— y se interroga "¿Tendremos que volver a discutir estas cosas a propósito de celebraciones que —justamente— deben ser de reconciliación y de paz?"

A esa pregunta le respondemos enfáticamente: no. Sería anacrónico polemizar sobre brutalidades archirreconocidas por el Papado, y hacerlo tan luego en el Uruguay, ejemplo de convivencia de religiones y filosofías y tan luego en una época como la actual, erizada de atroces fanatismos religiosos.

La realidad es que si nuestro calendario es el gregoriano, que cuenta los años desde Cristo, no podemos ignorar ni su figura histórica —sea divina o humana— ni la prédica que —aun contradictoria— se le adscribe por encima de las épocas. Su inspiración y sus normas —originadas en la tradición de Moisés— fueron violadas por ajenos y propios, pero, después de toda clase de polémicas medievales y pasteurizaciones modernas, siguen, hasta en lenguaje irreligioso, integrando la historia y la columna vertebral de la convivencia, la moral y el Derecho.

Por eso, sin querer discutir con el ilustre cumpleañero de mañana 6 de enero, consignamos que no nos molestó la convocatoria del Gral. Guido Manini Ríos a que "creyentes y no creyentes" recuperen "el verdadero significado de estas fiestas".

Al contrario: lamentamos que ese llamado lo haya hecho sólo el actual Comandante del Ejército, y no haya surgido como mensaje espontáneo de todos los rincones laicos de la República, del gobierno para abajo. Lo lamentamos porque el Uruguay está en indigencia espiritual y necesita el renacer de su pensar y su sentir, otrora vigorosos.

No es que el Estado abrace una religión: el art. 5º de la Constitución muy bien se lo prohíbe.

Se trata de no seguir perdiendo el significado profundo de las fechas, religiosas o laicas. ¿O acaso no vienen vaciándose unas por lechón y regalos, otras por corrimiento de feriados y todas por distracción?

Se trata de no seguir silenciando los mensajes de fondo que, entre símbolos de 5 o 25 siglos atrás, arrojan luz sobre valores universales. ¿O acaso la quiebra de tales valores no nos angustia y ensangrienta, a la vuelta de la esquina?

Se trata de revivir los sentimientos normativos de libertad y finalidad en la suprema institución natural, que sigue siendo raíz y destino de nuestros desvelos: la persona.

En un mundo light que acalla clásicos y entierra refranes mientras industrializa la pavada, recuperar significados es misión de orden público espiritual. Y eso ultrapasa la circunstancia de este intercambio.

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