Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

"Inclusivo" y excluido

El lenguaje se nos viene empobreciendo desde que en la escuela se aflojó la ortografía y en el liceo retrocedieron matemáticas —es decir, lógica—, literatura, filosofía y música, y de paso desaparecieron francés e italiano. Al lenguaje lo socavó la importación de enlatados con dislates gramaticales y groserías que adquirieron ciudadanía. Con el lenguaje se metió Mujica, cuando embadurnó su Ministerio y su Presidencia con sus "puédamos" y sus imágenes gastrointestinales.

En nuestras azotadas costas, desembarcó el invento de la gramática "inclusiva".

Pues he aquí que en medio de esta decadencia lingüística, aparece un grupo que, importando figurines, propicia suprimir las desinencias "a" y "o" y en su lugar encajar a fórceps una "e" o una @ o una "x" que indiquen neutralidad. ¿Para qué? Declaradamente, para abarcar a todos, de modo que el lenguaje resulte "inclusivo" de uno y otro género.

Pero en realidad, el cambio se propone como arma de combate contra un supuesto machismo gramatical que estaría dejando a la mujer bajo la férula del hombre. Esa finalidad —que es la verdadera— corresponde a un planteo filosófico que el pueblo no ha discutido ni parece que tenga ganas de debatir, tan luego en estos tiempos bandeados de inseguridad y perplejidades.

Un cambio así de subrepticio es impropio de una asociación política libre. Solo pueden imaginarlo almas tutoriales, totalitarias.

Un sistema idiomático no se inventa en los laboratorios. Sus reglas surgen por flexiones impuestas desde la realidad y homogeneizadas por la conciencia del hablante en función de una matriz lógica.

Por cierto, a diario usamos nombres neutros, que se clasifican como epicenos, pues por un solo género gramatical designan seres de uno y otro sexo, tales como bebé, lince, pantera o víctima. Pero no es cosa de generalizar los epicenos para gambetear las alusiones al género y privar de precisión a nuestro discurrir convirtiéndolo en una jerigonza a pedido de minorías fanatizadas por doctrinas sin ventilación.

¿Quiérese de veras combatir exclusiones? Pues empiécese por restablecer el valor de las palabras y obedecer la sintaxis. Sálgase al cruce de la media lengua a que nos reducen los diálogos rebanados por los SMS.

La exclusión que hay que derrotar es la que tenemos instalada por olvidar que la lógica —el logos, la palabra, el discurrir— es el gran instrumento que debe hermanarnos, porque es el único que construye pensamiento.

Por tanto, antes de tapar pudorosamente los géneros, lo urgente es salvar a los excluidos del idioma, que ya son legión, promoviendo la lectura y la reflexión y haciendo campañas de ortografía y sintaxis, para que el adjetivo concuerde en género y número con el sustantivo y para que el verbo concuerde con el sujeto.

Y lo urgente es también resaltar los valores que tradicionalmente se atribuyeron a la mujer y al hombre, separadamente y con énfasis distintos. La ternura y el amor, la independencia y la valentía están cayendo juntos a la vista de todos.

Lo cual es mucho más importante que el macaneo gramatical y filosófico en que quieren embarrarnos la cancha.

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