Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

¿Elevar o achatar?

Concurrió al Senado el Ministro de Educación, Ricardo Ehrlich, acompañado por el Rector de la Universidad de la República, Rodrigo Arocena.

Concurrió al Senado el Ministro de Educación, Ricardo Ehrlich, acompañado por el Rector de la Universidad de la República, Rodrigo Arocena.

Como era de esperar, ambos desplegaron esfuerzos para demostrar que existen aspectos de la educación pública donde hay progresos. No puede ser sorpresa: tanto en gestión con los alumnos como en investigación, hay quienes hacen cosas nobles desde cátedras encumbradas y desde pupitres modestos. Pero seamos francos: el estado de la enseñanza en desborda las competencias del Ministro, que institucionalmente poco puede resolver desde su cargo. Por eso, y por otras razones, la jornada en el Senado no produjo ninguna noticia relevante y puede quedar en el olvido.

En cambio, merece la más vívida memoria el hecho de que en las mismas horas en que el Ministro de Educación y Cultura forcejeaba con los datos, el sindicato docente denunciaba que los profesores reciben cada vez más presiones de inspectores de Secundaria para que sean cada vez menos exigentes con los alumnos y les permitan pasar de año sin importar lo bajo de los resultados labrados. Resulta inadmisible que en el Uruguay abochornado por las mediciones internas y abrumado por las comparaciones internacionales de las pruebas PISA, en vez de aumentar el atractivo y la exigencia de Enseñanza Secundaria, a alguien se le ocurra edulcorar el fracaso y bajar las cotas.

Esa orientación patentiza un olvido pasmoso de la finalidad de la enseñanza, que es elevar al alumno para que sea individuo fuerte y persona útil, de manera de formar un país con ciudadanos conscientes de sus capacidades para el trabajo y firmes en su aptitud para abrazar principios y pensar por sí mismos.

Está a la vista que se ha perdido el rumbo. Pero no en el presupuesto –hace cuatro años, se reclamaba el 4,5% como panacea; ahora se le hacen mimos electorales al 6%, y así se pretende seguir mientras el cuerpo aguante. El rumbo que se ha perdido se refiere a la esencia de la misión formadora de personalidades independientes, capaces de vivir por dentro una filosofía práctica de la libertad. En su lugar, se ha instalado “en el colectivo” la sensación de que el porvenir de cada uno depende de los cambios profundos que se hagan en la sociedad. Lo cual hace que haya multitud de jóvenes que depositan afuera de ellos tanto sus esperanzas como sus culpas; y por esa vía rompen el círculo espiritual que va de la realidad al pensamiento y la responsabilidad propia y a la acción.

Por el camino hemos perdido la inspiración, el culto de la voluntad, el apetito por saber y hacer, la vergüenza por ignorar y no hacer, así como las ganas de atenerse a normas de respeto para sí mismo y para los demás.

La confirmación pública de que tenía razón en sus denuncias la hoy jubilada Directora del Bauzá Dra. Graciela Bianchi demuestra que en lugar de buscar la excelencia se está recomendando más chatura. Ello indica un abandono imperdonable de los deberes elementales por parte de quienes -en voz baja y para salvar las apariencias- recomiendan que los alumnos sean aprobados aunque no hayan aprendido.

El propósito no puede ser defender los números en las estadísticas ni graduar a los ineficientes. Las naciones que más hicieron en los últimos 30 años recorrieron el camino inverso: elevaron a los más pobres, sembrando en ellos talento, en vez de adularles la pereza y entretenérsela con porros.

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