Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Batllistas con Lacalle Pou

Extraviados del tronco común, dispersa la militancia, ante el inminente balotaje cada uno de los batllistas ha quedado librado al diálogo consigo mismo, en conciencia.
Respeto a los que se fueron al Frente Amplio atraídos por las banderas reivindicadoras de los más necesitados. Batlle y Ordóñez, Domingo Arena, Baltasar Brum y muchos más infundieron una profunda sensibilidad. Fueron reformistas sin guerra de clases. Junto al ideal de libertad, proclamaron el ideal de justicia. Quienes vimos irse a Michelini y oímos a Renán Rodríguez dolerse por el desgarrón y quienes vimos regresar a Hugo Batalla y Yamandú Fau ¡vaya si entendemos estos tránsitos políticos con auténticos terremotos del ánimo que muchas veces provocan viajes de ida y vuelta!
En cambio, no comprendemos que haya batllistas que se acercan al candidato frentista cruzando probabilidades con esperanzas de lentejas.
Al Dr. Tabaré Vázquez se lo presenta como adalid de las certidumbres: su campaña proclama que si se

Extraviados del tronco común, dispersa la militancia, ante el inminente balotaje cada uno de los batllistas ha quedado librado al diálogo consigo mismo, en conciencia.
Respeto a los que se fueron al Frente Amplio atraídos por las banderas reivindicadoras de los más necesitados. Batlle y Ordóñez, Domingo Arena, Baltasar Brum y muchos más infundieron una profunda sensibilidad. Fueron reformistas sin guerra de clases. Junto al ideal de libertad, proclamaron el ideal de justicia. Quienes vimos irse a Michelini y oímos a Renán Rodríguez dolerse por el desgarrón y quienes vimos regresar a Hugo Batalla y Yamandú Fau ¡vaya si entendemos estos tránsitos políticos con auténticos terremotos del ánimo que muchas veces provocan viajes de ida y vuelta!
En cambio, no comprendemos que haya batllistas que se acercan al candidato frentista cruzando probabilidades con esperanzas de lentejas.
Al Dr. Tabaré Vázquez se lo presenta como adalid de las certidumbres: su campaña proclama que si se instala en la Presidencia —por, y con, cinco años más— todo será seguro. ¡Epa! La otra vez nos deparó a Mujica —antónimo de urbanidad— y ahora se descuelga con Sendic —sinónimo de déficit.
¿Certezas de qué? De más de lo mismo: lenguaje confrontativo; guerra de clases; subsidio a la pobreza; entrega de la educación a quienes la postraron, al punto de que —ayer se supo— la Universidad resolvió impartir cursos para aprender a comprender y a escribir; predominio de quienes dicen combatir la violencia, pero siempre la justifican como parte del “proceso social” y como resultado de “las estructuras”; hemiplejia en los servicios de seguridad y salud; agitación de banderas de izquierda mientras se abraza a Aratirí y se negocia con Soros.
Pues bien. Con los principios y valores de un batllista, la perspectiva de que las certezas sean de esa laya basta y sobra para no votar a quien las invoca como virtudes.
Y sin embargo, hay mucho más, y aún más grave.
A la vista del uso de las mayorías absolutas para obstruir el contralor parlamentario, para recuperar el diálogo republicano es cien veces preferible ungir a un Presidente que, en vez de remachar el predominio de un solo bloque, dinamice la vida nacional, unificándola en la busca activa de consensos y no en la monocordia interna de plenarios flechados.
Si demasiada fue la soberbia de votar leyes inconstitucionales, a eso agregamos ahora un desbarajuste jurídico de órdago, con un conflicto que abarca a jueces, fiscales y funcionarios judiciales, registrales y del Ministerio Público. Si esa es la muestra de la herencia, es preferible que no la administre el continuador de quien profanó su juramento constitucional al proclamar que la política está por encima del Derecho sino un legalista a cabalidad.
Una elección no es una apuesta a ganador. Un voto no es el reflejo de lo que arrojan las encuestas. Una libertad personal no se afianza siguiendo la fragancia a hamburguesas de mediodía que desprenda el poder sino obedeciendo a la conciencia personalísima del interés general: el bolsillo enmarca, pero elegir es misión del espíritu y no del estómago.
Liberal en espíritu —no en economía, donde tuvo etapas altamente intervencionistas—, para nosotros el Batllismo se identifica mucho más con el talento y la capacidad de diálogo del Dr. Luis Lacalle Pou que con las compuertas cerradas y custodias rígidas que rodean al Dr. Vázquez.
Muchos pensarán como nosotros. 

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