Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Avizorando el camino

Tras las internas, cada lema tiene su candidato único. Los continuistas lucieron sin la militancia ruidosa de cinco o diez años atrás. La oposición venció las cotas tabuladas por las encuestas.

Tras las internas, cada lema tiene su candidato único. Los continuistas lucieron sin la militancia ruidosa de cinco o diez años atrás. La oposición venció las cotas tabuladas por las encuestas.

Ningún partido y ningún candidato se llevó el país para la casa. Se repitió el precedente: a lo largo de la historia nacional, la ciudadanía ha confirmado siempre que obedece al mandato del artículo 3º de la Constitución: el Uruguay “jamás será el patrimonio de personas ni de familia alguna.” Y no lo será nunca, como tampoco será el teatro de operaciones de ninguna ideología excluyente.

Lacalle, Vázquez y Bordaberry impusieron sus candidaturas, pero NO son amos y señores en sus partidos. Todos están llamados a convivir con correligionarios que no los votaron. Hasta la confección de las fórmulas y también después, tendrán que enfrentar planteos y cuestionamientos. Ojalá lo hagan con razones y en la plaza pública.
Es que necesitamos política sin zurcidos de trastienda, molida a la vista. Ha sido pésima para la calidad del diálogo ciudadano, la experiencia de diez años donde los Presidentes han contado con mayoría absoluta en Parlamentos dóciles y comedidos. Hoy el mapa político augura Cámaras —no plenarios— revitalizadas por la reflexión y no entumecidas por la genuflexión.

Para que un pueblo crezca en libertad, hace falta no sólo que vote puntualmente sino que sus representantes deliberen, construyendo lo razonable por encima de los intereses y edificando la historia no por la acción mecánica de grupos encarnizados en lucha darwinista por la supervivencia y abroquelados tras el desprecio al otro, sino por pensamiento lúcido que se haga acción diaria.

Nada interpreta mejor el genio nacional que el pensar independiente, arisco pero creativo. Si las encuestas le erraron a las proporciones logradas por Lacalle, Amorín y Moreira, es en buena parte porque cuando se expresa como ciudadanía, el pueblo uruguayo no se ata ni se mide desde afuera… porque siguen siendo muchos los que viven el secreto de su voto como tema de conciencia y señorío individual, que ni se pronostica ni se cuantifica.

Con esa infraestructura espiritual, nuestro deber es entrecruzar razones por encima de los tabiques que se empeñan en mantener los ordeñadores de la bipolaridad izquierda-derecha. Debemos sentir como responsabilidad ciudadana agitar la vida pública con discusiones de calidad, que abran grandes avenidas a los cambios genuinos para que en el gobierno no haya más zonas ciegas ni procedimientos ocultos, que terminan escrachados en crónica policial.

Los humanos —como la naturaleza toda— debemos sentir horror al vacío, rechazando los argumentos clasistas, los prejuicios contra el interlocutor y las clasificaciones etarias que embadurnaron de soberbia a un postulante al punto de —tan luego desde la docta Salamanca- discriminar a un adversario, reprochándole ser joven y menospreciando de paso a la sub-20… (¿Se imaginan a Emilio Frugoni haciendo eso?)
El país se construirá en el cultivo de las razones, recuperando la capacidad de síntesis que hace un siglo colocó la libertad republicana por encima de las luchas entre católicos y anticatólicos.

En los años venideros, deberá volver a colocarla por sobre los intentos envejecidos de mantener al país partido en dos, cultivando una lógica capaz de sobreponerse a las pertenencias corporativas –fascistas- y de realizar los valores morales, pisoteados hoy

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)