Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

¡¿Más de lo mismo?!

Nada de comités de base, manifestaciones callejeras, clubes a la usanza batllista ni agrupaciones al estilo nacionalista.

Cúpulas tras las bambalinas. Parloteos entre íntimos, con veto a puertas cerradas. A lo sumo, trascendidos.

¡José Mujica Cordano —sin fe en el Derecho, en la gramática ni en lo que piensa, pues "como te digo una cosa te digo la otra"—, presionado para que sea candidato a contramano del sentido común! ¡Y si no, ungido como definidor del titular que él querría para el unicato!

Y por si fuera poco, ahí tenemos al Presidente de la República, Dr. Tabaré Vázquez, haciendo saber que prefiere que el aspirante del Frente Amplio no sea ni su predecesor ni su Ministro de Economía y Finanzas, el Cr. Danilo Astori, que los ha servido fiel y denodadamente a los dos. Y de paso, deslizando su opinión, el Dr. Vázquez viola el numeral 5º del art. 77 de la Constitución, que prohíbe a todo Primer Mandatario "intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral".

¡A esto hemos llegado!

En los partidos históricos —que fueron un poco anárquicos, pero siempre han vivido en serio— toda tentación tutorial de instaurar liderazgos indiscutidos o ejercer influencia directriz desde el gobierno, invariablemente se topó con indómitos que salían del redil. Periódicamente apareció alguno que quiso ser el único gallo del gallinero o erigirse en el Gran Elector; pero todos se encontraron el horcón del medio y la oquedad del silencio, cuando no la rebeldía y el rompimiento liso y llano.

Y si no, ¿qué fue el "Anoche me llamó Batlle" que tanto afectó el final del segundo gobierno de Batlle y Ordóñez, qué fue la separación del nacionalismo independiente del bloque herrerista y qué fue la candidatura de Jorge Batlle férreamente opuesta a la de Bordaberry, extraída a fórceps de las entrañas del reeleccionismo pachequista? Y aun en los días que corren, ¿cuánta capacidad crítica testimonian las disensiones internas de los partidos con tradición republicana? ¿Y cuánto vale la libertad que en su aspereza esos debates patentizan?

A contramano de esta fecunda tradición de independencias personales y resistencias partidarias, el continuismo de esta hora ha instalado un sistema de visitas de entrecasa y conciliábulos reservados que ni refresca la nomenclatura ni oxigena a la ciudadanía ni proclama un principismo redentor ni define la idealidad que las instituciones reclaman a gritos, muy por encima de izquierdas y derechas.

Con el país aterido por tragedias básicas, ¿no es visible que lo que falla es la concepción general, la teoría política y la capacidad de los elencos dominantes?

Entonces, ¿qué es esto de jugar al truco con las postulaciones, usar las encuestas para mantener en cartelera a nonatos y confundir la vida republicana con una danza de nombres abrochados en una malla gelatinosa de más-de-lo-mismo?

¿Este es el reformismo protector de los débiles que supieron alzar, discutiendo en sus partidos, Carlos Roxlo, Domingo Arena, Héctor Miranda? ¿Para esta laya de democracia terminó Emilio Frugoni echado de su Partido Socialista, entregaron su vida Michelini y Gutiérrez Ruiz y sufrieron dramas de conciencia tantos ciudadanos que le prestaron el voto al Frente porque le creyeron?

Preguntarlo es contestarlo. Y salir corriendo a reconstruir a la República.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)

º