Lacalle, el más capaz

Antonio Mercader

Todo indica que habrá segunda vuelta y que los dos candidatos batallarán cinco semanas más. El electorado deberá elegir entre Lacalle y Mujica porque así de personalizado es el duelo del balotaje. La opinión pública, según una reciente encuesta de Equipos, sostiene que Lacalle es más capaz y Mujica más sincero. ¿Cuál de las dos virtudes importa más en un presidente? Aunque la respuesta la darán las urnas el 29 de noviembre aquí va mi opinión.

No hay razón para dudar de la capacidad de Lacalle como gobernante porque su gobierno fue bueno. Un crecimiento del 3.3% promedio en el quinquenio y la reducción de la pobreza a la mitad son datos fuertes de su mandato. Sus ideas de apertura económica, conjugadas con el manejo ordenado y responsable de las finanzas públicas consolidado entre 1990 y 1995, fueron "compradas" hasta por la izquierda ortodoxa que hoy las practica. Respetó la letra de la Constitución y consolidó el poder civil sobre el militar en la depuración concretada entre los mandos del Ejército en 1994. En suma, cuando Vázquez dijo de él que había sido "un gran presidente" no se equivocó.

En cambio, tengo dudas sobre la sinceridad de Mujica. ¿Cómo no tenerlas después de leer "Pepe Coloquios" y oír sus propios desmentidos y explicaciones? Cuando indicó estados de corrupción en el gobierno de Vázquez ¿fue sincero o no? Lo mismo cabe preguntar sobre otros de sus dichos. ¿El "derecho de propiedad de la tierra es del Estado" o "la propiedad es sagrada"? Las dos afirmaciones son suyas: ¿cuál es la sincera? Y por último, ¿es sincero cuando cuenta que empuñó las armas para defenderse de una dictadura en ciernes? ¿O simplemente quiso tomar el poder por la fuerza? "Como te digo una cosa te digo la otra", es algo que le viene como anillo al dedo y que lleva a dudar de su franqueza.

El ideal sería que la gente reflexionara sobre esto en las próximas semanas. Porque los tiempos que vienen no traerán la bonanza que facilitó la gestión inaugural del Frente Amplio sino que portarán desafíos. Entre ellos estará el de levantar el fardo de la deuda externa y el déficit de tres puntos del PBI que nos lega el gobierno actual, fruto del carnaval electoral desatado este año. Con una economía retraída, el próximo gobierno deberá afrontar los compromisos asumidos en la gestión de Vázquez y mejorar la situación del país en todos los planos. Para lograrlo se necesitará un presidente con la máxima capacidad.

Lacalle ostenta esa condición por más que el gobierno y el Frente Amplio hayan salido a la caza del hombre, es decir, del candidato nacionalista, disparando contra él con cuanto tuvieron a mano. Un caso extremo fue la acusación de "mafioso" que le endilgó Jorge Vázquez, prosecretario de la presidencia, por las ideas de Lacalle sobre las sociedades anónimas. Y un caso pintoresco fue el último vituperio que le propinó un periódico de izquierda al calificarlo como "el Berlusconi uruguayo". El electorado no merece esa táctica de infamar al adversario que empleó el oficialismo al cuestionar la fe democrática de Lacalle y su calidad de opositor a la dictadura, cuando es notorio que fue encarcelado por los militares y que, desde la extrema derecha, quisieron asesinarlo enviándole una botella de vino envenenado.

A partir del próximo domingo, la segunda vuelta abrirá un período de reflexión hasta llegar a la hora de la verdad en la cual habrá que elegir entre un ex presidente "capaz" y un ex guerrillero "sincero".

Yo votaré por el que es capaz.

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