Sebastián Da Silva
Corría el año 2005 y dentro de las filas del Frente Amplio se disponían a elegir al candidato que sucediera al Arq. Arana en la golpeada Intendencia de Montevideo. En aquel momento la fuerza mayoritaria representada por el grupo de Mujica intentaba promover al hasta entonces desconocido diputado Rosadilla. Recuerdo que uno de los méritos más salientes de este legislador era su condición de maestro confitero y el sentido común que le daba el concurrir al Palacio Legislativo en ómnibus. La lluvia de criticas dentro de la misma izquierda no demoró más de cinco minutos en llegar, y junto a ellas la réplica del novel ministro de Ganadería que dentro del mar de declaraciones a las que nos comenzaba a acostumbrar acuñó el termino de "izquierda paqueta o pituca", como los responsables de la negativa de apoyar su primer elegido.
Más tarde con el correr del gobierno, esta dicotomía se fue transformando en una más dentro de las interminables internas que diariamente padecemos y que tiene como síntesis de fraternidad y cohesión la renuncia presidencial a su partido político y el lío del congreso de mañana.
Tupamaros y Astoristas, obreros versus universitarios, chavistas versus pro TLC, veraneantes de La Pedrera o Playa Verde contra los que van de picnic a Punta Espinillo son ejemplos de las miles de variables que intentar pujar por el manejo del poder dentro del gubernismo, que obviamente terminará por dilucidarse en las próximas elecciones internas del 2009.
La salida de tono del senador Astori para con el senador Larrañaga, en este contexto puede dar paso a una nueva izquierda, definida por aquella que utiliza la descalificación barata y burda con el solo intento de buscar salir del ostracismo al que está sometido por sus propios correligionarios que están a días de elegir otro candidato presidencial, olvidándose que para tratar de chanta a un adversario debe aunque sea tener autoridad moral para poder realizar este tipo de insultos.
No creo que la tenga en la honestidad de su equipo: uno no tiene a nadie sospechado dentro de sus filas, y el otro tiene a una de sus manos derechas tomando mate entre rejas por su desempeño como jerarca estatal.
Tampoco tiene autoridad moral en la gestión: uno fue ordenador de gastos 10 años en Paysandú en concesiones a privados exitosas y el otro en la única asociación que pudo hacer llevó a Pluna al estado ruinoso en que se encuentra.
Uno transita en su vida política con la tranquilidad que otorga el estar siempre y en todo lugar a la espera del plebiscito popular, y el otro no escatima artilugios ni estratagemas para desconocer a la mayoría de su partido que no lo tiene como el preferido.
Como hemos anunciado decenas de veces, en el 2009 veremos la cara más cruda de una izquierda que no admite dejar el poder, no sólo veremos cómo la presencia partidaria única en el estado pretenderá influir en la población, sino que florecerán los trovadores del enfrentamiento que una vez más intentarán marcar a los uruguayos entre buenos y malos.
Para eso estamos preparados, las más de mil propuestas presentadas por las fundaciones partidarias esta semana, serán las llaves con que haremos frente a estos embates.
Pese lo que le pese a Danilo Astori…
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