Julio María Sanguinetti
Julio María Sanguinetti

El salto cualitativo

Según la segunda de las tan llevadas y traídas “leyes de la dialéctica” de Hegel, una acumulación de cambios cuantitativos puede llevar a un “salto cualitativo”, o sea que ese hecho o proceso que veníamos midiendo, por exceso cambia de naturaleza y deviene otra cosa.

Eso puede ocurrir en la naturaleza, como el agua, que por fría llega un momento que alcanza la calidad de sólido o por caliente puede llegar al estado gaseoso. También en los procesos sociales, mucho más complejos, por cierto, puede ocurrir algo análogo.

Lo decimos a propósito de ese tema prioritario para la sociedad uruguaya que es la inseguridad.

En los delitos comunes, las cifras son realmente alarmantes. Acaban de darse a conocer los números de rapiñas: 15.819 en el primer semestre. Fueron 14.480 en el primer semestre de 2018, o sea, mil más. Sin embargo, nuestro Ministro -en su habitual negación de la realidad- dijo que estábamos mejor, porque el ritmo del desastre había bajado. Se olvidó que en el 2007 habían sido 9.283 y en los dos años anteriores, alrededor de 10 mil.

Este proceso, con todo el dinero que se destinó, el personal que se nombró y la inversión tecnológica que se llevó a cabo, nos pone ante una verdadera crisis social.

Ya no son simples “aumentos”, que luego de la dictadura -al salir de un estado policíaco- fueron subiendo paulatinamente. Cuando pensábamos que ya estábamos en el tope, se sigue agravando la situación hasta que nos ubica delante de un fenómeno sin precedentes. Vivimos una real crisis de la sociedad.

Si comparamos esta realidad con la promesa de bajar un 30% las rapiñas hecha en la campaña del Frente Amplio, advertimos la magnitud del desastre. Mientras tanto, el candidato frentista recorre barrios acompañado del sociólogo Leal, prometiendo de nuevo la baja de la rapiña. Como si este último no fuera jerarca del Ministerio desde hace siete años y, por consiguiente, parte también del fracaso de la gestión. Hablan como si no fueran gobierno, como si no estuvieran montados encima de la irrealidad.

Observando el tema desde el insoslayable punto de vista de la droga, fuente de mayor crueldad en el delito, de frustración en la rehabilitación carcelaria y de un comercio ilícito nunca antes conocido, nos encontramos también con un cambio cualitativo. No estamos ante episodios aislados sino a una verdadera crisis.

El mismísimo Fiscal de Corte, Dr. Jorge Díaz -a quien nadie podrá calificar de opositor-, dijo que desde 2009 no hay un plan de combate al narcotráfico, ya que “quedó en el debe la articulación entre los diferentes organismos para combatir el narcotráfico cuando se puso el foco en las bocas de venta de drogas. Pretendemos que haya un cambio en la metodología de trabajo, donde nos tendremos que sentar las instituciones involucradas y definir”.

Queda claro, entonces, por qué ocurre lo que ocurre. No hay plan. Ni de información en salud, de modo global y pedagógico, para intentar la baja la demanda, como se hizo con el cigarrillo. Ni de coordinación de los diversos servicios involucrados en la salida y entrada al país, de personas y objetos. Ni siquiera de la acción represiva, a la que advierte apenas puntual. Ni muchas otras cosas, que los expertos en el tema conocen.

Los resultados están a la vista. Nos enteramos de un embarque de 4 toneladas y media de cocaína porque lo encontraron en Alemania, en el puerto de Hamburgo. De 603 kilos de cocaína, lo mismo; pero esta vez en París. Cuando ya en junio se había dado la fuga de Rocco Morabito, un jefe mafioso italiano, el Uruguay quedó en evidencia ante el mundo. Los principales diarios de Francia y Alemania nos señalan ahora como un punto neurálgico del tráfico de drogas.

Ya no se trata entonces de un embarque aislado o de un solitario transgresor. Estamos, por la cantidad, también ante un cambio cualitativo. Somos, el Uruguay, un resonante punto negro en el mapa del crimen organizado.

El Inspector Layera dijo un día, en un rapto de sinceridad, que íbamos, en la intensidad del delito, camino a El Salvador o Guatemala. No hemos llegado todavía, pero “vamos camino”. Y en lo que hace a la droga, el diario “Le Monde”, de enorme influencia internacional, afirma que “Uruguay se está convirtiendo en un centro internacional de tráfico”.

Está claro. El delito y la inseguridad ya no son lo que eran. Y el Uruguay tampoco.

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