Julio María Sanguinetti
Julio María Sanguinetti

Juego limpio

El presidente del Frente Amplio Dr. Javier Miranda afirma que nos contradecimos al oponernos al diálogo en Venezuela cuando fuimos dialoguistas en la búsqueda de una salida a la dictadura uruguaya.

Es un cuestionamiento político legítimo aunque no tenga sustento: nosotros nos levantamos del diálogo del Parque Hotel cuando no llegábamos a nada, del mismo modo que fracasaron los diálogos previos en el caso venezolano; nos sentamos en el Club Naval, con el Frente Amplio y la Unión Cívica, luego de una “prenegociación” en que se habían asegurado condiciones mínimas para negociar, que eran la irreversibilidad de la elección en noviembre de 1984, la legitimidad de todos los partidos políticos y las garantías de libre expresión del pensamiento.

Por eso, ahora, decimos que la negociación en Venezuela solo tiene sentido cuando se aseguren los prerrequisitos que hagan de ella algo válido y no una fachada para que gane tiempo la dictadura. Ellos son -a nuestro juicio- el reconocimiento de las competencias legítimas de la Asamblea Nacional y la decisión de aceptar una elección libre antes del término del mandato fraudulento de Maduro. La negociación, entonces, pasa a tener sentido y materia: discutir las garantías del sufragio, la libertad de expresión, la liberación de los presos y obviamente la fecha de la elección que ponga fin a la dictadura.

Este es el debate legítimo. Cuando el Dr. Miranda, en cambio, nos dice a la oposición que “estamos atrás de diez votos” y que no nos importa nada el pueblo venezolano, se desliza al agravio. Nos atribuye intenciones aviesas. Seríamos unos cínicos. Este es el debate sucio que él en estos días ha salido a condenar, sin reconocer que él ha incurrido también en esa zona oscura de la política.

También ha recaído en ese vicio el Dr. Miranda, presidente del partido de gobierno, cuando afirmó que el presidente electo de Brasil era “un fascista” y que Uruguay debía estar preparado para romper relaciones diplomáticas si el régimen se declaraba fascista. El solo hecho de suponer que podía llegar a eso el presidente electo democráticamente en el país más importante de América Latina, se transformaba también en un acto malicioso. Amén de las consecuencias sobre nuestras relaciones diplomáticas y comerciales.

Quizás el paradigma del ataque personal sea el que días pasados llevó adelante la Ministra de Educación y Cultura contra el precandidato nacionalista Luis Laca-lle Pou. Le negó “vida política propia”, por haber sido electo diputado con los votos de su madre, así como no entender al pueblo por haber ido a una universidad privada o vivir en un barrio privado, todo lo cual hace a una descalificación personal. Sobre este episodio el Dr. Miranda públicamente dijo que no tenía opinión…

Por supuesto, no es el único caso. Hasta el economista Bergara, que viene del ámbito financiero, trata de ganar espacio endilgándole al Dr. Lacalle Pou que su “shock de austeridad suena a motosierra”… En una palabra, le traslada al hijo un cuestionamiento hecho en su tiempo a su padre. ¿Esto es limpio?

Los debates de ideas, los cuestionamientos aun severos en ese terreno, son propios de la democracia y más que nunca en un período electoral. Cuando se trata, en cambio, de descalificar personas o atribuirles intenciones malignas, caemos precisamente en el lado más deleznable del ejercicio de la política que en su tiempo ha tenido los mayores cultores en el propio Frente Amplio.

Está bien discutir el tema en el comienzo mismo de la campaña. Y -ya que estamos- es importante también señalar que el gobierno es quien primero debe actuar con honestidad. El domingo pasado, Martín Aguirre, en EL PAÍS, dice que tuvo que ir a un Juzgado por informaciones sobre UTE, mientras el Canal 12 fue cuestionado por comparar los gastos del Antel Arena con los costos de la educación y la presidenta de Ancap acusó al diario de “mentir” sobre el derrame de petróleo, cuando estaban las fotos incuestionables. Que me disculpe mi colega el Dr. Vázquez, pero cuando él “escracha” públicamente a la encuestadora Equipos y di-ce que publicó una medición negativa para el gobierno porque él había dispuesto cancelar sus contratos, entramos a un nivel de amenaza electoral de muy subido tono.

En una palabra, todos debemos cuidarnos de que la natural pasión de los debates no nos alejen del “fair play”, como se dice en el deporte. Pero todavía más quienes tienen el poder en su mano y son parte activa del gobierno.

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